OPINIÓN. Pasados presentes. Por Fernando Wulff Alonso
Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Málaga

fernando_wulff.jpg20/07/10. Opinión. Sería tentador hablar, por ejemplo, de un hecho que requeriría estudios adicionales aplicados a todos los partidos y a todas las provincias: los fascinantes estudios que demuestran el tránsito de los cargos locales del Movimiento Nacional en la Provincia de Cádiz a un PSOE...

OPINIÓN. Pasados presentes. Por Fernando Wulff Alonso
Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Málaga

fernando_wulff.jpg20/07/10. Opinión. Sería tentador hablar, por ejemplo, de un hecho que requeriría estudios adicionales aplicados a todos los partidos y a todas las provincias: los fascinantes estudios que demuestran el tránsito de los cargos locales del Movimiento Nacional en la Provincia de Cádiz a un PSOE que ya apuntaba hacia el PRI Light que es hoy tras 30 años de monopolio del poder en Andalucía”, señala Fernando Wulff en esta colaboración con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com en la que explica, entre otras cosas, cómo el equipo de Felipe González se hizo con el poder en el PSOE en el Congreso de Suresnes de 1974 valiéndose de una “triquiñuela” por la que se arrogó más apoyos de los que en realidad contaba.

Otro 1974: el PSOE como precursor y adelantado

LOS miro en la televisión, en la prensa, y afortunadamente no aún por todas partes -nos queda un tiempo de tregua antes de que nos vuelvan a llenar las calles con sus fotos-. Les veo siempre sonriendo a la cámara, incluso cuando entran en los espacios con los que cada vez es más fácil asociarlos, las comisarías, los juzgados y las cárceles. ¿Se ríen en esos momentos también de nosotros? Trato de poner algo de distancia recordando textos esenciales de Simone Weil (‘Notas sobre la supresión general de los partidos políticos’) o de Cornelius Castoriadis (‘El ascenso de la insignificancia’) sobre ellos y sobre las curiosas organizaciones para el reparto de lo público que les albergan. Y pienso si no ocurrirá al fin algo similar a cuando en 1954 al senador McCarthy, el de la caza de brujas, le preguntaron en una Comisión del Senado norteamericano si no tenía sentido de la decencia, le cortaron la palabra (¿para qué dársela?) y quedó hundido para siempre en medio de su desconcierto. Las crisis de legitimidad nunca se producen de repente pero sí llegan de repente y es casi una precondición que quienes acaban experimentándolas, antes, se crezcan, se hinchen, se rían.

NO es que sean substancialmente distintos en otros lugares, pero cabría preguntarse si no tiene mucho que ver con lo que son, y la manera en la que lo son, la especial y apresurada forma en la que se constituyeron los partidos políticos mayoritarios en España a finales de los setenta. Antonio, un aventajado alumno jubilado hace años, feliz recién licenciado en Historia ahora, me ha regalado dos textos que me han servido para entender mejor la fulgurante aparición del PSOE en los años setenta, cuando la política era dos cosas contrapuestas: la infamia cotidiana que protagonizaba el franquismo y lo que algunos, pocos, hacían para echarlo abajo en las calles o donde fuera.
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POR supuesto que el PSOE no estaba entre estos últimos. No es un reproche recordar que el PSOE no hubiera sido nada sin la ayuda de los socialdemócratas europeos  -Brandt, Palme…-  o sin recoger el esfuerzo colectivo de los antifranquistas ofreciendo alternativas planteadas como progresistas pero, eso sí, sin los peligros que habría llevado consigo un PC que seguía asustando a propios y extraños por más que estuviera en franco declive. El nuevo PSOE siempre fue entonces un proyecto para después.

ME interesa más, en ese contexto, recordar las dos historias que cuentan testigos de la época y que ejemplifican lo dicho y lo por decir. Advierto que yo soy de los que creen que las anécdotas tienen razones que ni el corazón ni la razón conocen, así que dejaré para el lector un comentario más exhaustivo. El primero es Pablo Castellano, y lo hace en la página 171 de sus memorias, que titula ‘Yo sí me acuerdo: apuntes e historias’.

“HABÍA
maestros en la simulación. Un día quedé realmente sorprendido cuando, para justificar la petición de la necesaria ayuda de los homólogos internacionales, tanto sindicales como políticos, me trajeron la prueba gráfica de pintadas del partido y del sindicato que, según se afirmaba, realmente pasó y que únicamente podían ser comprobadas mediante las fotografías aportadas. Naturalmente las fotografías daban testimonio de que cubrían copiosamente las tapias y muros de muchas ciudades andaluzas, como prueba de acción y de presencia, y hasta en una de las instantáneas aparecían, de espaldas y armados de brocha y spray, los autores, arriesgándose en plena faena. Después me explicaron, porque yo era muy torpe, que estas fotografías se hacían en un garaje, a la luz de los faros de un automóvil, como prueba de la capacidad decorativa y de montaje de quien resultó ser, según él, un acreditado director de escena, perdido por causa de la política para el arte de Talía…”.

¿NO resulta fascinante, reveladora de todo un futuro de prácticas políticas en el sentido actual, ya no en el sentido franquista ni en el antifranquista esa transmutación de la lucha en la calle, del dolor, la represión y el miedo (ajenos, claro), en representación de garaje, en pura escenografía, destinada, además, a engañar, y a hacerlo, en una primera instancia, no a cualquiera sino a los bienintencionados socios, a los benefactores externos? ¿Exagero pensando que allí los histriónicos guerras ponían unas bases insustituibles para lo que venía después?

PERO la historia tiene otra vertiente adicional. Le debemos la información a un protagonista de aquellos tiempos que lo fue mucho más que Castellano, Santiago Carrillo, y que nos permite una pincelada más, un acto adicional en la representación, casi una escena final cercana al vodevil. Recordemos que la primera tarea a la que se enfrenta el grupo de escenógrafos sevillanos es la de hacerse con el poder en el PSOE, lo que se consigue en el Congreso de Suresnes de 1974 desplazando al Secretario General, Llopis. Carrillo lo cuenta en la p. 600 de sus ‘Memorias’, y es una conversación con otro notable socialista de la época, Múgica.

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LO
más interesante de la conversación fue su explicación de cómo habían conseguido derrotar al equipo de Llopis, es decir, cómo habían logrado desplazarlos de la ejecutiva… Pero arrebatarle a Llopis el aparato de las manos había requerido una curiosa triquiñuela. Resulta que la UGT del interior recibía ayuda financiera de la CIOSL (Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres). Con esta ayuda la dirección del PSOE en el interior pagaba cuotas a la ejecutiva de Toulouse por un número superior de afiliados al que realmente existía. Toulouse no tenía modo de verificarlo, pues las reglas burocráticas de la cotización no incluían informar del nombre de los cotizantes, que eran clandestinos. Y Llopis, que quizás en un momento se felicitara del aumento de los ingresos del interior, descubrió en Suresnes que se había quedado en minoría; los cotizantes que le apoyaban desde la emigración eran formalmente menos que los que apoyaban desde el interior al nuevo equipo encabezado por Felipe González.

EL engaño externo y el interno se conectan brillantemente desde la oscuridad de la representación. Sin riesgos para los proponentes, otra vez. Quienes se aprovechaban de las torturas, los muertos, los riesgos -de los otros, siempre de los otros- para conseguir fondos engañando a quienes les iban a apoyar creyendo en la verdad de lo que estos urdían, usan el dinero conseguido para fingir militantes y conseguir con esta otra triquiñuela el control del partido que les propulsaría a la toma del Estado democrático futuro.

NO me interesa tampoco incidir en lo que fue, con toda consecuencia, ocurriendo después, una vez ganado este asalto, porque es bien sabido: la búsqueda del poder puro y duro, los giros ideológicos realmente inexistentes o las llamadas a rebato para conseguir acumular cuadros para las sucesivas conquistas. Sería tentador hablar, por ejemplo, de un hecho que requeriría estudios adicionales aplicados a todos los partidos y a todas las provincias: los fascinantes estudios que demuestran el tránsito de los cargos locales del Movimiento Nacional en la Provincia de Cádiz a un PSOE que ya apuntaba hacia el PRI Light que es hoy tras 30 años de monopolio del poder en Andalucía.

LO
que sí me interesa es apuntar que con tales mimbres se puso la base del partido que logo_psoe.jpgasumió el papel de representar por excelencia un sistema democrático, la modernidad política, uno de los partidos, por cierto, con más niveles de depuración interna en esos años y en los que siguen. Nada es inocuo y lo son menos que nada -como han señalado tradicionalmente esas ramas de la izquierda que todo el mundo ha tenido a bien fusilar o ignorar- las formas organizativas y las prácticas internas dentro de las organizaciones, que es, aunque parezca lo contrario, la clave esencial del tema. Donde se juega con la agresión, la mentira y el puro ansia de poder como claves -y más cuando todo adquiere sentido, es decir, cuando se une al reparto de prebendas cara al ordeño de lo público- se generan individuos que es muy difícil que puedan propugnar otra cosa que lo que allí dentro viven. Y es normal que en tales tareas triunfen mediocres y arribistas, a la vez que atraigan a quienes son como ellos.

¿Y
qué decir de cuando van tomando el poder quienes, dentro de esta selección antinatural, además, nunca se han ganado la vida honradamente, gentes sin ningún contacto con la realidad, que desde su más extrema juventud no conocen otra cosa que ese mundo de miserias morales, esas prácticas de amiguismo y de oportunismo en el seno de los quebrados partidos, esos extraños organismos que por alguna razón tienen como el otro lado de sus madrigueras el destino de controlar países, ministerios, diputaciones, ayuntamientos, consejos de administración, sin que el voto sea, cuando es, otra cosa que el refrendo de las navajerías internas a ese organismo enfermo?

¿NO son ellos, ignorantes, pretenciosos, banales, oliendo a curso recién hecho de interpretación pública, dignos herederos de los que fueron pero ya en cierta forma distintos, los llamados a seguir inflándose hasta que todos, sin ni siquiera necesitar decírnoslo unos a otros, los sepamos reyes desnudos y nos riamos, ahora nosotros, de la pura desvergüenza que les define, mientras sin enterarse de nada dejan atrás un escenario que han convertido en puro esperpento?