Candau, profesional comprometida con la conservación del patrimonio histórico, con una trayectoria ligada a la gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Málaga, falleció el pasado 7 de mayo a los 71 años a consecuencia de un ictus. José Ignacio Díaz Pardo, arquitecto y amigo la recuerda en ‘Málaga Hoy’ (AQUÍ)

16/05/17Opinión. El arquitecto Rafael J. Gómez ha colgado en la web de peticiones change.org una solicitud para que se le conceda una calle del Centro de Málaga a la arquitecta María Eugenia Candau, recientemente fallecida. Ha alcanzado las 700 firmas en menos de una semana (AQUÍ). La solicitud de firmas es para que una calle del Centro lleve el nombre de quien fue...

...una de las redactoras del primer Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Centro Histórico. La labor profesional de María Eugenia Candau, sevillana de nacimiento, ha estado estrechamente ligada a la gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Málaga, desde donde ha trabajado especialmente para la conservación de edificios históricos, como los del Paseo de la Farola, que datan del siglo XIX. Es una información de EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com.

FUE autora junto con el arquitecto José Ignacio Díaz Pardo y el historiador de arte Francisco Rodríguez de la ‘Guía de Arquitectura malagueña’. Entre otras de sus publicaciones se encuentra ‘Relato erótico en el autobús de El Palo’, con el que ganó un certamen literario. Profesora en la Universidad de Málaga durante dos años, fue la encargada del proyecto del parque de la Laguna de la Barrera, en la Colonia de Santa Inés.

DÍAZ PARDO, amigo de Candau, escribe unas palabras recordándola en el diario Málaga Hoy AQUÍ, en ellas cuenta el compromiso de esta profesional con la ciudad,  “desde su labor en la Gerencia de Urbanismo para preservar el ambiente único e íntimo que hizo de Pedregalejo el sueño de verano para gran parte de nuestros conciudadanos, a la etapa de activismo cultural de la Comisión de Cultura del Colegio de Arquitectos que todos añoran, pero de la que pocos saben que fue ella, con otros compañeros, quien la puso en marcha en días en los que estas cosas no eran precisamente fácil, y que siguió vitalizándola durante el tiempo en que estuvo activa, con su consejo y coraje para enfrentarse al riesgo. Siempre luchó por conservar el patrimonio histórico de la arquitectura que conforma esta identidad de la que hoy los malagueños nos sentimos tan orgullosos”. EL OBSERVADOR ofrece el artículo integro a sus lectores por su interés.

(Puede leer la información completa de Málaga Hoy en su fuente original AQUÍ).

María Eugenia Candau o el amor por la arquitectura

SIEMPRE he evitado las necrológicas al considerarlas un ejercicio inútil de socialización del sentimiento de dolor individual por la pérdida de alguien a quien quisimos o admiramos, o lo que es más difícil, porque desde la desolación que se hace dueña de nosotros cuando es alguien especialmente querido quien nos deja, es la emotividad la que prevalece y ésta casa mal con la ecuanimidad. Aunque la verdad no se vea especialmente trastornada en la percepción de las cualidades de la persona o en el juicio que nosotros emitamos de ella.


ROMPO mi compromiso por una amiga, María Eugenia Candau, arquitecta con la que, como no puede ser de otra manera, compartí los buenos y malos momentos que la vida nos va presentando a todos. Éste, sin ninguna duda, es el más duro de todos los que hemos tenido que solventar juntos, hasta el extremo de que, por primera vez no hemos podido compartirlo. Sé que esto mismo sentirán todos los que han la han tratado, pues es muy difícil no percibir una forma de ser -la suya- en gran medida heterodoxa, pero que reflejaba un espíritu elevado y, no quiero evitar el decirlo, bondadoso. Yo reseñaría dos valores fundamentales en ella: uno, veía siempre el lado bueno de las cosas ("estudiar es divertido", decía, cuando siendo aún niños, advertía a sus hijos ante la duda entre el deber y la vida fácil) y, dos, escuchaba atentamente a sus interlocutores, no para rebatirles dialécticamente en un debate, sino, si se terciaba, para aceptar sus argumentos al entenderlos más verosímiles que los suyos.

ESTOS no dejan de ser valores personales que afectan únicamente a los que tuvimos la suerte de compartir la experiencia de la vida con ella, pero también Málaga es deudora con su actividad como ciudadana. Siempre luchó por conservar el patrimonio histórico de la arquitectura que conforma esta identidad de la que hoy los malagueños nos sentimos tan orgullosos. Desde su defensa de los edificios del XIX que son la actual y mejor imagen del Paseo de la Farola, a la catalogación exhaustiva de nuestro parque arquitectónico que hizo en la Guía de la Arquitectura malagueña; desde su labor en la Gerencia de Urbanismo para preservar el ambiente único e íntimo que hizo de Pedregalejo el sueño de verano para gran parte de nuestros conciudadanos, a la etapa de activismo cultural de la Comisión de Cultura del Colegio de Arquitectos que todos añoran, pero de la que pocos saben que fue ella, con otros compañeros, quien la puso en marcha en días en los que estas cosas no eran precisamente fácil, y que siguió vitalizándola durante el tiempo en que estuvo activa, con su consejo y coraje para enfrentarse al riesgo. Gran escritora, sólo se presentó a un certamen (que ganó) con el Relato erótico en el autobús de El Palo. Transmitió su amor por la arquitectura y el urbanismo a nuevas generaciones de arquitectos (enfundada en su chaquetón de falso leopardo, provocó que la perversidad cariñosa de los alumnos la apodaran Cruella de Ville) en las clases que impartió durante una demasiado breve temporada: apenas un par de cursos. Disertadora preparadísima y, vuelvo a insistir, de pensamiento heterodoxo, brilló participando en mesas redondas, debates y conferencias. Y, finalmente, mujer de nuestro tiempo, se comprometió en la defensa de las aportaciones femeninas al tejido profesional exigiendo la justa valoración de las mujeres en el ejercicio de la arquitectura.

INNUMERABLES facetas que creo imposible resumir en estas líneas. Un gran vacío, no hay duda, pero también defiendo que nadie desaparece totalmente mientras haya una sola persona en el mundo que guarde su memoria. Larga vida para siempre entre nosotros, Eugenia.

(En la foto el autor del texto con María Eugenia Candau).

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