“El 1 de enero de 1899, a las dos de la tarde, se inauguraba la flamante escultura de Mariano Benlliure dedicada al II Marqués de Larios. Daba así comienzo la agitada historia de una escultura que, por diferentes motivos, no parece acabar nunca de encontrar su sitio en nuestra ciudad”

OPINIÓN. Málaga desde dentro. Por Daniel Tomaselli
Historiador y responsable comunicación PCPE Málaga

10/01/19. 
Opinión. Daniel Tomaselli, historiador y responsable de comunicación del PCPE en Málaga, habla en este nueva colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la historia de la estatua del Marqués de Larios, que está siendo restaurada actualmente. “Fue en 1931 cuando se produjo el más famoso episodio. Tras la proclamación de la República en España, una masa popular envolvió...

...el monumento, que representaba el poder de la burguesía, y arrancó la estatua del marqués de su pedestal para arrojarla al mar y colocar en su lugar la Alegoría del trabajo, que pasó de estar a los pies del marqués a erigirse en lo más alto del pedestal que presidia la por entonces renombrada como Calle 14 de abril”, recoge Tomaselli.

La huella del pueblo. La historia de la estatua del Marqués de Larios revive durante su restauración

“DURANTE
la restauración, se ha descubierto que partes salientes de la zona posterior de la escultura presentan un llamativo estado plano que demuestra que fue arrastrada con cuerdas por la calle para ser llevada hasta los muelles portuarios y arrojada al mar”. Estas palabras sobre la reparación de la escultura del Marqués de Larios han vuelto a dar vida a una historia desconocida para muchos malagueños. La historia dos empeños, el de las autoridades de la ciudad por darle un lugar honorífico a la estatua del Marqués y el del pueblo malagueño por cuestionar ese honor para la familia Larios.


EL 1 de enero de 1899, a las dos de la tarde, se inauguraba la flamante escultura de Mariano Benlliure dedicada al II Marqués de Larios. Daba así comienzo la agitada historia de una escultura que, por diferentes motivos, no parece acabar nunca de encontrar su sitio en nuestra ciudad. La escultura pasó por el Parque de la Alameda Principal, la rotonda de la intersección de la Alameda con Calle Larios y hasta por las aguas del puerto de Málaga. Y es que la famosa escultura nunca pudo escapar de las sombras que rodean la controvertida historia de este linaje de empresarios, cuya influencia económica y política fue notable durante los siglos XIX y XX.


UNA
familia, la de los Larios, que comenzó a acumular sus riquezas a través del contrabando y la práctica de la usura, llegando a conseguir, mediante préstamos con intereses abusivos, las Bodegas Lamothe, germen de la famosa Ginebra Larios.


LOS Larios no tuvieron una relación precisamente amorosa con el pueblo de Málaga. En 1868, en plena Revolución Gloriosa, los  obreros que trabajaban en las fábricas del marqués rodearon el palacio de la familia, obligando a estos a huir por el tejado. Una experiencia traumática que llevó a la familia a trasladar su lugar de residencia a Francia.

PERO fue en 1931 cuando se produjo el más famoso episodio. Tras la proclamación de la República en España, una masa popular envolvió el monumento, que representaba el poder de la burguesía, y arrancó la estatua del marqués de su pedestal para arrojarla al mar y colocar en su lugar la Alegoría del trabajo, que pasó de estar a los pies del marqués a erigirse en lo más alto del pedestal que presidia la por entonces renombrada como Calle 14 de abril.

AÑOS más tarde el III Marqués de Larios donaba un millón de pesetas para financiar el golpe de Estado de Franco, golpe que dio inicio a la Guerra Civil que culminaría con el comienzo de la dictadura franquista, la cual en 1940 rescató la estatua del marqués de las aguas malagueñas para reponerla en lo alto del pedestal y volver a poner al trabajador a sus pies.

HOY, ya en el año 2019, nos disponemos a presenciar un nuevo traslado de la escultura que, al parecer, recuperará su posición original.

EL Ayuntamiento de Málaga trabaja para devolverle a la estatua su antiguo esplendor, pero no hay proceso de restauración que pueda borrar la huella del pueblo.

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