“En estos días en Andalucía, preámbulo de lo que vendrá después en el resto de España y que ya se ha instalado desde hace años en Europa, se respira un ambiente que apesta a intolerancia, a xenofobia, a rabia, a ira, a furia...”

OPINIÓN. Caleidoscopio
Por Laura Martínez Segorbe. Cofundadora de la Asociación Enjipai para mejorar las condiciones de vida de los masai de Mfereji, Tanzania

07/12/18. Opinión. Laura Martínez, en esta nueva colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com, reflexiona sobre el hecho de que se puede vivir en armonía. “Hoy nos moveremos por los alrededores de Mfereji, la aldea masai en la que trabajo; y no es que yo ame Tanzania, que también, es que Tanzania está llena de maravillas... Una de los sitios más...

...hermosos del planeta, está allí. Allí, justo donde te explotan los sentidos incluso a los viajeros más reacios”. Laura Martínez describe habitualmente la realidad del pueblo masai. Un pueblo que conoce muy bien gracias a que es coofundadora de la Asociación Enjipai AQUÍ (y en su perfil en Facebook, AQUÍ), en la que trabaja desde el año 2012 con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de los masai en la aldea de Mfereji, al norte de Tanzania.

Es posible vivir en armonía

EN estos tiempos que corren, tan convulsos, en los que estamos todos tan desequilibrados, con unos datos tan desesperanzadores... El mundo va a la deriva, porque nosotros estamos a la deriva... No me gusta España ni el rumbo que lleva, que no es otro que el de los egoísmos atroces. Los políticos no me representan, creo que no tienen corazón, incluso puede que no tengan cerebro. Estamos viendo cada día, con nuestros propios ojos, los niveles extremadamente desmedidos de necesidades desde la infancia a la tercera edad, incluso cuando la riqueza global es más alta que nunca. Claro, que solo disponen de ella unos poquitos. Pero esos poquitos, igualmente, tendrán más plástico que peces en sus océanos en pocos años, aunque les importe poco, pero ya se lo decimos nosotros. Para que no se olviden de que a ojos de muchos cometen, sin arma ni falta que les hace, genocidios constantes contra el ser humano, los animales, el medio ambiente, la educación, la cultura y la sanidad.


POR todo esto y para poder salir de este buque que nos llena de desesperanza y desencanto, viajar es tan importante. El viajar sana, elimina prejuicios. Nos quedamos con pocos valores, pero importantes: la bondad, la generosidad, la solidaridad, la amistad, el valor... Nos dignifica. Y además, nos hace más libres. Saliendo del circo político y mediático, nos centramos en abrir el corazón, los ojos y desplegar alas...

EN estos días en los que en Andalucía, preámbulo de lo que vendrá después en el resto de España y que ya se ha instalado desde hace años en Europa, se respira un ambiente que apesta a intolerancia, a xenofobia, a rabia, a ira, a furia... Yo personalmente echo en falta en Andalucía, España, Europa, Estados Unidos, a alguien como Mandela, que tuvo que hacer cosas que no le gustaban, pero fue recto como una vara y fue capaz de no guardar el más mínimo rencor. Nos recuerda a todos, cada día, que un país se hace sobre la conciliación.

HAY que salir de aquí y viajar. Y el que no pueda, que viaje leyendo, para que se abran los sentidos, para oler, para tocar, para oír...en definitiva, para sentir la vida de otros, conocer sus historias, sus tradiciones, su gastronomía y un largo etcétera. Y África para eso, es el mejor continente. Es el continente más sensorial. Viajar por África es empezar a sentir una emoción tan grande, interna, que hasta a veces uno siente ser realmente lo que somos: animales. No te sientes superior, y eso te baña en dignidad.


EMPRENDEMOS
nuestro viaje... y hoy nos moveremos por los alrededores de Mfereji, la aldea masai en la que trabajo; y no es que yo ame Tanzania, que también, es que Tanzania está llena de maravillas... Una de los sitios más hermosos del planeta, está allí. Allí, justo donde te explotan los sentidos incluso a los viajeros más reacios:


El cráter del Ngororgoro


ESTÁ en el Área de Conservación del Ngorogoro, de unos 8.000 km2 de extensión y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1979. Su altura es de 2.600 metros sobre el nivel del mar, y en el interior del cráter descienden a 1.800 metros. La llanura interior no tiene más de 20 kilómetros, y en ella encontramos bosques de acacias, matorrales de espino, lagos y charcas por las que pasean, pastorean y cazan elefantes, cebras, leones, ñúes, búfalos, rinocerontes, hipopótamos, gacelas, impalas, avestruces, flamencos, guepardos... un sinfín de vida salvaje. Es el jardín del Edén.


QUIEN
haya estado allí, jamás lo olvidará. Es una de las mayores calderas volcánicas del mundo.  Su belleza es tan deslumbrante que es imposible describirlo con palabras. Allí además, todo lo natural, flora, fauna y humanos viven en armonía. Así que vivir en armonía es posible, incluso para los animales. Diferentes ecosistemas se dan lugar allí: bosques, lagos, llanuras, pantanos, agua dulce, agua salada... Allí todo es posible. Y en ese particular mundo natural se organizan armónicamente. Estar allí te da paz. Y es que la convivencia en armonía, solo puede dar paz. Tomen nota señores políticos.



MUY
cerca también se encuentra la Garganta de Oldupai, donde se encontraron las pisadas grabadas sobre cenizas volcánicas de un grupo de individuos bípedos: las famosas huellas de Laetoli, la primera prueba del bipedismo.


Y más cerca aún, el cráter Ol Doinyo Lengai, montaña sagrada de los masai (situado al sur del Lago Natron, santuario de miles de flamencos). Son los únicos hombres que conviven en armonía con la naturaleza, con el medio, con la tierra y con los animales, que a día de hoy, siguen pastoreando ‘libremente’ a su ganado por el lugar que conocemos como ‘La cuna de la humanidad’.

ASÍ pues, quien no lea y no viaje se perderá esta maravilla y muchas otras. Aún con la resaca de las elecciones andaluzas, con un panorama triste y lleno de desencanto, en el ha irrumpido un partido de corte radical y xenófobo (votado por un gran grupo de personas) así como un descenso de los partidos de corte clásico, de derechas y de izquierdas, y de centro, votados por otro tanto, en los que no se distingue lo real de lo ficticio, si es que les queda algo de realidad, no queda más que decir una máxima del filósofo alemán Schopenhauer (1788 –1860) que va como anillo al dedo, y por favor, que nadie (o el que quiera) se me ofenda: Todo imbécil miserable, que no tiene en el mundo nada de lo que pueda enorgullecerse, se refugia en esto último de vanagloriarse de la nación a la que pertenece por casualidad; en ello se ceba, y en su gratitud estúpida está dispuesto incluso a defender a cualquier precio todos los defectos y todas las tonterías propias de su nación.


PUEDE leer aquí anteriores entregas de nuestra colaboradora.
-09/11.18 Emwa Sidai. Colores Bonitos
-26/10/18 Una escuela en alguna parte…
-15/10/18 Jurisprudencia                      
-28/09/18 Lucha de Gigantes

-14/09/18 Caleidoscopio