“Desde hace ocho años, hay un grupo de personas españolas, que están sufragando los estudios de los niños y niñas de la comunidad masai de Mfereji. Ellos son África también, de eso no hay duda”

OPINIÓN. Caleidoscopio
Por Laura Martínez Segorbe. Cofundadora de la Asociación Enjipai para mejorar las condiciones de vida de los masai de Mfereji, Tanzania

01/02/19. Opinión. Laura Martínez, en esta nueva colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com, describe su reciente viaje a Tanzanía y sus vivencias en ‘su’ aldea de Mfereji. Martínez describe habitualmente la realidad del pueblo masái. Un pueblo que conoce muy bien gracias a que es coofundadora de la Asociación Enjipai AQUÍ (y en su perfil en Facebook, AQUÍ)...

...en la que trabaja desde el año 2012 con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de los masái en la aldea de Mfereji, al norte de Tanzania.

Conservar la belleza

PARA amar a África no basta con leer libros y soñarla… hay que estar entre sus gentes. Pero curiosamente, hay un grupo de personas que están en África presentes, aunque no estén allí. Lo que quiero decir es que desde hace ocho años, hay un grupo de personas españolas, que están sufragando los estudios de los niños y niñas de la comunidad masái de Mfereji. Ellos son África también, de eso no hay duda. Igual no son conscientes, pero forman parte activa del engranaje que conformará el futuro de África. Según los expertos, en el año 2050 en África vivirán casi mil millones de jóvenes. Entre ellos, estarán estos niños y niñas masái de las que os hablo. Y aún más, forman parte activa del engranaje de personas que se comprometen, que hacen de su vida una vida mejor porque hacen de la vida de otros una vida mejor. Entre ellos hay profesores, ingenieros, amas de casa, trabajadores públicos, jubilados, músicos, freelance, etc. Gente que intentan que las cosas vayan mejor y que no haya tanta injusticia. Son el top ten de la sociedad porque forman parte de la vida de jóvenes que construirán nuevas sociedades a pesar de sus circunstancias, a pesar de que la exclusión que sufren de los procesos de evolución y cambios sociales del país. Pero son ellos, gracias a vosotros, los que encontrarán soluciones para mejorar sus vidas.


ES un hecho que cada pequeño gesto cuenta y las decisiones individuales son la clave. Lo que poéticamente sería, conservar la belleza.

Y esto solo ocurre a través de la educación. El año 2018 ha sido un año magnífico. Los primeros niños y niñas de la comunidad masái de Mfereji que accedieron a la escuela pública por primera vez, han superado con éxito los exámenes tanto internos del colegio como los nacionales, que son obligatorios para acceder al segundo ciclo de la educación primaria.

SON Sokoine, Daudi, Kamundulu, Baraka, Shilalo, Lakumok, Isaya, Lapajara, Merendoye, Alais, Lemali, Muimo, Kalayo, Ioningo, Maripeti, Lazaro y nuestras princesas Nini, Tutayo, Noomdemwa, Namurwu y Neema.


ES
la historia de niños y niñas que nacieron en la sabana africana, en pleno Valle del Rift, sin ningún tipo de oportunidad. No solo ellos sino también nosotros, desde pequeños escuchamos... tú no puedes, tú no podrás encajar en otro sitio porque no tienes capacidades, tú no tienes las mismas oportunidades que los demás niños y te tienes que conformar...no seas iluso, eso solo le ocurre a otros, pon los pies en la tierra... ¿Qué frases son estas? ¿Por qué no? ¿Por qué no podemos? ¿Por qué no pueden? Gente que nos rodea y nos inunda de ese negativismo.


CON ayuda y si uno quiere, ‘puede’. Ellos, también pueden. Verlos llegar hace dos sábados a la aldea, caminando horas, desde sus colegios, solo para dar las gracias. Esos ojos, esos cuerpecitos temblando de alegría y agradecimiento, esos abrazos tímidos y sinceros. ¡Qué bello ha sido! Os vemos florecer en un mundo enfermizo. Pero, ¡qué alegría! Debe ser eso que llaman efímero instante de la alegría. Gracias a vosotros pequeños.


TAMBIÉN
hay que decir que se han quedado cinco por el camino. Ellos, porque sus padres necesitan ayudan con el pastoreo y las tareas comunitarias. Ellas, porque se han quedado embarazadas y no pueden volver a la escuela. La sequía azota la zona y a la ganadería, que es su fuente de subsistencia, y la crisis social y económica del país, unido a la marginación de la población masái, hace que algunos jóvenes abandonen los estudios y también sus aldeas. Las niñas, además, como en otros muchos aspectos, lo tienen más difícil. Porque Sikitari y Naserian quieren volver a la escuela, a pesar de haber sido madres. En sus familias lo consideran un error. Pero ha sido así. Y ahora quieren volver a la escuela y no pueden. El gobierno prohibió la vuelta de niñas que se han quedado embarazadas y así lo ha manifestado su Presidente, John Magufuli, que ganó las elecciones en 2005: Siempre y cuando yo sea presidente, ninguna adolescente embarazada podrá regresar a la escuela. No podemos permitir que este comportamiento inmoral impregne nuestras escuelas primarias y secundarias.


PERO no nos engañemos. Existen gobiernos como el tanzano, que tienen una política claramente discriminatoria y de prohibición. Pero también existen gobiernos como el del España, que dispone de normativas y leyes,  que no se aplican o que se ignoran (lo que no sé si es peor, porque vivimos en una mentira). En concreto y con datos del Instituto Nacional de Estadística, en España, durante el primer semestre del año 2017 cerca de 700 adolescentes se quedaron embarazadas. No son tan diferentes los adolescentes de África de los españoles. Se enfrentan a los mismos retos. Los de allí los justificamos porque son países de renta media y baja y los niveles de analfabetismo son altos. ¿Y los de aquí? ¿Cómo justificamos lo que ocurre aquí?

EN esta realidad es donde el proyecto Enjipai incentiva la escolarización primero en la escuela infantil Nashipai, construida hace ya cinco años, y después en las escuelas primarias y secundarias de la zona: Mfereji, Monduli, Ndooto, Enguiki...


NASHIPAL
es la única escuela que existe en la zona. Este año se ha instalado un techo suspendido, para que los niños estudien en un aula más confortable, con una temperatura adecuada y un ambiente más limpio. Además, ahora disponen de letrinas y de una pequeña cocina en la que se sirve un desayuno y un almuerzo diario.




ACTUALMENTE
en la escuela estudian 52 niños y niñas a los que se les está facilitando el material escolar y el aprendizaje del swahili y del inglés, gracias al trabajo (primero voluntario y ahora remunerado) de los dos profesores, Malimu y Paniely, que están dejándose la piel en la educación de estos niños, que no son otros que los niños de su comunidad. Además, sin perder nunca la importancia de su lengua, el maa, sus tradiciones y su cultura.


https://youtu.be/Acxp2bKqKN0

NO
me cansaré de decirlo nunca: María Cerezo y yo, somos el puente entre los padrinos y madrinas y la comunidad. El puente es importante porque une dos realidades, pero los extremos del puente son lo verdaderamente esencial y magnífico. Y si el gobierno no responde porque es inmoral, como prácticamente la mayoría de gobiernos que actualmente dirigen el mundo y sus lobbies, es necesario que se tomen medidas propias. Desde Enjipai trabajaremos para que no se queden sin estudiar, si es lo que quieren. Lucharemos junto a ellos si es necesario, claro que sí. Para que sepan que se pueden alcanzar los sueños y que ellos y nosotros somos uno. Somos un espacio de personas que se encuentran, se ayudan y se transforman unas a las otras. La partida continua y nosotros somos un equipo.


PUEDE leer aquí anteriores entregas de Laura Martínez:
-18/01/19 Málaga-Estambul-Nairobi-Arusha
-03/01/19 Los poetas del firmamento y algunos desapegos
-09/11.18 Emwa Sidai. Colores Bonitos
-26/10/18 Una escuela en alguna parte…
-15/10/18 Jurisprudencia                      
-28/09/18 Lucha de Gigantes

-14/09/18 Caleidoscopio