como_empezo_todo15MÁLAGA. 15/09/11. Opinión: José Alberto Martínez. “Compartimos como ciudadanos opiniones personales y políticas, conocimientos, experiencias y vivencias. Eso es lo que hacemos en la plaza. Hablamos, discutimos, leemos, compartimos, nos organizamos y...
como_empezo_todo15MÁLAGA. 15/09/11. Opinión: José Alberto Martínez. “Compartimos como ciudadanos opiniones personales y políticas, conocimientos, experiencias y vivencias. Eso es lo que hacemos en la plaza. Hablamos, discutimos, leemos, compartimos, nos organizamos y llegamos a acuerdos. Participamos de las actividades y los talleres que se proponen. Nada que no suceda también fuera de aquí diariamente”. Uno de los coordinadores de 15Málaga / EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com aporta su visión de cómo han sido los orígenes del movimiento en Málaga.

Cómo empezó todo. La historia del 15 M empezó por Internet hace cuatro meses

CARLOS y Javier, estudiantes en la Universidad de Málaga, iniciaron su relación de amistad por Internet descontentos con la situación que se está viviendo en España, en la que la gente que no ha tenido culpa de la crisis se queda sin trabajo, sin casas y sin horizontes, mientras que la clase financiera obtiene beneficios, no concede créditos y reparte bonus a los directivos con jubilaciones astronómicas.

EN sus jóvenes cabezas empezó a tomar forma la idea de que algo había que hacer para que la clase política sintiera el descontento existente entre los jóvenes de este país. Puestos en contacto, decidieron una cita en la plaza de la Constitución de Málaga como apoyo a la acampada que se había montado en la Puerta del Sol de Madrid el domingo 15 de mayo tras la manifestación convocada por la plataforma Democracia Real Ya (DRY) y para canalizar también en la capital malacitana una forma de actuación pacífica y sin violencia, haciéndose eco de la concentración de Madrid.

PRETENDÍAN hacer ver que los ciudadanos debían movilizarse para cambiar ciertas cosas que dentro de la democracia chirrían, como por ejemplo la ley electoral, la fuerza de los bancos, el paro, etc. Idearon un “twitter” y decidieron acampar en la Plaza de la Constitución el mismo martes 17 de mayo, representando así a los indignados malagueños. Esa noche durmieron en la plaza unas ocho personas y algunos peatones que presenciaron el hecho vieron que no estaban descaminados, que estábamos pasivos y que algo había que cambiar.

Y así, poco a poco, por las redes sociales empezó a circular el establecimiento de una acampada en la céntrica plaza malagueña. La respuesta fue inmediata. La plaza de la Constitución, día a día, se fue llenando de acampados que tomaban conciencia de la situación.

SIN consignas de ningún partido ni referencias a ellos, únicamente expresando las cosas que según su criterio debían cambiar para que la nuestra, fuera una democracia real. Permanecieron acampados. Se les agregaron gentes de mediana edad y aún de la tercera. Vecinos con agua y comida, organizaciones sociales de toda la ciudad.

Lo que hacemos en la plaza

LAS personas que pasearon esos días por el centro de Málaga, como_empezo_todo1vecinos y vecinas de la ciudad y sus alrededores, visitantes y turistas, trabajadores y parados, hombres y mujeres, todos se sorprendieron para bien o para mal con esta acampada que permaneció en el centro de la ciudad desde el día 17 de mayo al día 20 de junio. Algunos de ellos tomaban la iniciativa de acercarse tímidamente a leer los carteles y, los más atrevidos preguntaban, “¿qué hacéis en la plaza?”.

COMPARTIMOS como ciudadanos opiniones personales y políticas, conocimientos, experiencias y vivencias. Eso es lo que hacemos en la plaza. Hablamos, discutimos, leemos, compartimos, nos organizamos y llegamos a acuerdos. Participamos de las actividades y los talleres que se proponen. Nada que no suceda también fuera de aquí diariamente.

AUNQUE no seamos conscientes, todos participamos en esta acampada, los que estábamos allí y los que no estaban. Unos lo hacíamos activamente y otros como simples paseantes pero, todos estábamos implicados, quisiéramos o no, como miembros de esta sociedad en la que nos ha tocado vivir, con sus ventajas y sus inconvenientes, con su riqueza y su pobreza, con su belleza y su indignación.

ENTRE todos hacíamos cada día un ejercicio de participación crítica sobre las cosas que nos suceden en el trabajo, en la cola del desempleo, en la universidad o el instituto, en casa o en la tienda de ultramarinos. Intentábamos conocer y comprender cómo funcionan los mecanismos de nuestra sociedad y a todos nos unía la idea de mejorar esta sociedad en la que vivimos y de la que participamos.

SABEMOS que existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y el derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz. Y, sin embargo, el poder político-económico que nos dirige desde las instituciones no alcanza a satisfacer estos derechos que nos pertenecen.

ESTE deseo honesto y legítimo que nos mueve para mejorar la sociedad en la que vivimos, hoy se torna en rebelión enfrentándose abiertamente con el sistema, no por no poner los medios para que alcancemos estos fines, sino por ni siguiera intentarlo, aprovechando su ventaja para ejercer una corrupción que se ha instalado como principio en la sociedad y en las instituciones. Nuestra indignación se dirige directamente contra la corrupción establecida.

CON la participación, las ideas, la fuerza, el entusiasmo y la creatividad de todos, estamos haciendo no solo que el cambio sea posible, sino real en esta plaza. Es nuestro derecho y nuestro deber. Unidos podemos. Esto es lo que hacemos en la plaza.