08/03/13. OPINIÓN. Damián Caneda y Heineken se han unido para montar cuatro paneles en un aparcamiento subterráneo y llamarle sala de exposiciones. La empresa Heineken invierte su dinero en patrocinio cultural, como suelen hacer las multinacionales. Así existen las salas Heineken, los espacios Heineken, los clubes Heineken… en Madrid , Barcelona, Valencia o en otras partes del mundo. Lugares sofisticados y abiertos, a veces incluso con prestigio bien ganado. La aportación del concejal no exige presentación. La GALERÍA DE IMÁGENES que hoy publica EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com no precisan análisis técnico, pero la respuesta a esta lamentable iniciativa tampoco puede ser el silencio.

LAS fotos que acompañan este artículo se explican solas. No hace falta gran conocimiento de infraestructuras culturales para analizar su contenido. Se puede ver la instalación: unos paneles móviles fabricados en PYL (placa de yeso laminado, cuyo nombre comercial más conocido en España es Pladur), alineados de modo que acotan un espacio, al que se han incorporado unos focos adosados al techo. Y ya está. Eso es una galería de arte. Si en Málaga nos hubiésemos dado cuenta de eso antes, no habría ni una casa sin su galería.

CON
esto, según Caneda, ya existe como tal. Se sigue sin saber sobre qué base y con qué objetivo. En una ciudad en la que el Ayuntamiento tiene cientos de locales vacíos, se “acondiciona” un trozo en un aparcamiento subterráneo. En una ciudad en la que varias generaciones de artistas, asociaciones, clubes, entidades diversas llevan pidiendo locales para poder desarrollar su actividad, el concejal Caneda no tiene otra cosa que hacer que convencer a un patrocinador (Heineken nada menos), con lo que escasean en estos tiempos, para hacer esta cosa impresentable condenada a la mugre, a la inutilidad, y, sobre todo, al desuso. Este espacio no tiene ningún futuro. No es una inversión; es un despropósito derrochador en los tiempos de la austeridad totalitaria.



LA
historia de Málaga con sus concejales de cultura es como la de España según Jaime Gil de Biedma, pero por el extremo contrario: siempre comienza mal, así que su final es irrelevante. Remontarse a aquel pintoresco ser llamado Curro Flores es exponer la memoria a hundirse en la ignominia. En aquellos años en los que el alcalde real Pedro Aparicio sentaba las bases de la ciudad que ahora es, era imposible pensar que su ministro de cultura pudiese encontrar quien le superase. La previsión no es lo propio del ser humano: Damián Caneda llegó para rebasar con creces todas las expectativas ciudadanas hacia lo peor, después de un largo periplo de especímenes seguramente desechados de algún laboratorio (político, quizás; desde luego, ninguno que hubiese salido de un think-tank).

EL concejal Caneda tiene una increíble capacidad de sobrevivir a los incendios, inundaciones y aludes que él mismo va provocando por ahí sin prestar atención, dejando caer sobre el resto su maldición (en cuanto a las piscinas doradas y las chicas al sol, ese es otro asunto). Lo llamaremos la Maldición Caneda. O sea, que siendo, junto a Francisco de la Torre, Caneda uno de los mayores metepatas de la historia reciente de Málaga, le pasa como al alcalde: sobrevive a todo, sin inmutarse ni dar explicaciones. Por eso es un candidato muy apto para suceder a De la Torre al frente de la Corporación; solo debe aprender a echar la culpa al resto del mundo.

SU
última ocurrencia es montar una galería de arte en un aparcamiento subterráneo. No es la primera vez que alguien tiene la idea de montar una galería de arte. Ni siquiera es la primera vez que alguien ocupa un parking como espacio cultural. Tenemos la estampa de las galerías de arte que en Málaga han ido abriendo y cerrando a lo largo de los años. Y tenemos el Museo Interactivo de la Música. Junto a las galerías que cierran, también existen 17 centros de exposiciones, entre museos propiamente dichos –Carmen Thyssen, MPM- y otras modalidades como el Centro de Arte Contemporáneo (el CAC Málaga). ¿Por qué quiere Caneda otro lugar de exposiciones, y que se obtenga de este modo?


TAMBIÉN existen otras inversiones públicas. Una pequeña lista: Tabacalera, el cubo del Puerto, los cines Astoria-Victoria, la Casa de Gerald Brenan y el Museo Interactivo de la Música de Málaga (MIMMA). Lo de este último es muy particular. De hecho, está situado en el aparcamiento de la plaza de la Marina, donde, oculto bajo el suelo y en un lado del local, lleva años pidiendo su traslado. Consiguió que el Ayuntamiento se hiciera cargo de él, prometiéndole un local, y su apertura a todo plan en febrero de 2012. No se cumplió la promesa, pero sí la Maldición Caneda, extensiva a todos los espacios nombrados, y, con toda seguridad un torpedo dirigido al patrocinio de Heineken.

EN los últimos años, el alcalde y su concejal se han gastado 50 millones de euros en locales que no se usan en nada. Perfectamente inútiles, casi tanto como sus ideas de laboratorio de física de partículas, ubicuas y sin masa. La ocurrencia de Caneda de poner una galería de arte en un aparcamiento tiene explicación. Seguro que la tiene. Pero todavía no la sabe nadie, porque el hombre es incapaz de generarla primero y darla después. Conociendo, después de estos dos años en el cargo, las capacidades del concejal de cultura, se deduce con facilidad que se trata de una simple ocurrencia sin fundamento, sin base teórica ninguna, sin programa, sin estrategia ni idea en la que se sostenga. No es difícil saber por qué: Caneda es incapaz de generar nada de eso ni contar con nadie que se lo aporte (primero tendría que saber distinguir dónde está).

LA
nueva galería sin fundamento tiene por el momento dos argumentos centrales para su existencia: patrocinio y situación. Uno: la paga Heineken. Dos: se ha instalado en calle Salitre, y es, por tanto un espacio “contiguo al Soho” y “complementario al CAC”. Su función supuesta es acoger arte joven emergente hecho aquí. Es innecesario decir que resulta muy extraño que los superpoderes de Fernando Francés le permitan rellenar su supermercado de superartistas superprovocadores superoriginales y el concejal de cultura tenga tan escasa estatura como para tener que irse debajo de tierra a enterrar la creación local y su posible público a exponerlos a todos a intoxicaciones de combustible fósil y de cerveza holandesa. Si Caneda cree que así hace currículum es raro; si tiene en la cabeza (es un decir) que con eso ayuda a alguien, lo lleva claro. Y si cree que eso representa algún tipo de complementariedad es de risa, y eso sí es un alivio, que a eso ya tiene habituada a la población local. En cambio, si pretende encontrar alguna clase de coherencia con el Soho, ahí ya no se le puede llevar la contraria: el barrio de artistas y el subterráneo artístico comparten nicho teórico y cementerio práctico.



ES un misterio que la cervecera holandesa acceda a financiar un proyecto semejante. Es impensable que, después de convencer a tanta gente de que es una de las mejores cervezas del mundo y, sea o no verdad, tener la capacidad de educar el paladar de millones de personas para llegar a ser realmente una empresa líder en el sector, con muchos litros vendidos cada año, a la hora de apoyar la cultura de una ciudad cualquiera (Málaga, por ejemplo), no tengan a nadie con preparación suficiente. Es decir, que el interlocutor de Caneda sea del mismo calibre que el concejal es asombroso. Heineken debería revisar su política de patrocinios o la plantilla de ese departamento.

SI la cervecera quiere producir cultura debería empezar por hacer lo mismo que ha hecho con su producto estrella: conectar con la gente. En un campo lo ha hecho con quienes beben y compran en bares, tiendas y grandes superficies. Es pura lógica empresarial: averiguar qué demanda hay, medios, infraestructuras, costumbres, hábitos de consumo… O sea que no necesitan salirse del sistema capitalista. Les basta con pensar en grupos de gente concretos, en plan Facebook: “gente que va a ver cuadros como quien se toma una caña”.

PRIMERA cuestión: ¿a quién le gusta tomarse su botellín con su tapa (o su arenque) en un aparcamiento subterráneo con coches alrededor, el hedor a emisiones de tubo de escape, sin contacto directo con el exterior y en un espacio que no es específico sino chapuceramente habilitado para eso que no es? Pues a nadie. Y eso que Heineken tiene su origen en Holanda, cuya población pasa por estar en posesión de un legendario espíritu comercial y práctico que ha llevado al país a ocupar siempre los primeros puestos mundiales en bienestar y economía. Pues se ve que no son de mucho compartir sus virtudes y hazañas.

POR otra parte,  si esta empresa está creando los llamados “espacios” o “salas” Heineken (Madrid, Valencia, Barcelona…), en condiciones generalmente de muy buen nivel, ¿qué tiene con Málaga? (El duque de Alba no tiene nada que ver con esta ciudad). La idea de usar de modo diferente un espacio que existe para guardar automóviles, o tiene algún fundamento o es una estupidez. Bien; ¿a quién mandó Heineken que habló con Caneda y no se dio cuenta de esta cosa tan elemental?

VEA aquí la GALERÍA DE IMÁGENES.

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