“No es necesario puntualizar que las shiitakes son inofensivas además de nutritivas. De color marrón, aroma intenso y oriunda de Asía Oriental, suelen encontrarse deshidratadas o frescas, presentando de esta última manera una textura carnosa”

COMIDA. Cocina vegetal

Por Dela Uvedoble


23/02/21. Opinión. La conocida escritora malagueña Dela Uvedoble comparte con los lectores de EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com recetas de ‘su’ cotidiana cocina vegetal: “Aquí encontrarán recetas sencillas y familiares, la mayoría malagueñas. Son las comidas que preparo para los míos, sanas, económicas y... totalmente vegetales”. Esta semana nos trae una receta...

...con setas. Pasen y pónganse el delantal.

Receta 18. Shiitake a feira

Estamos rodeados de agua, por eso hemos dado en llamar a nuestro mundo “El planeta azul”; lo de apellidarse “Tierra” debe ser porque sobre ella vivimos, aunque los científicos sitúen nuestro origen en los fondos marinos y seamos líquidos en un 70%.


Las criaturas marinas, que se nos olvida, también son animales.

Por tal motivo traigo esta receta, unas setas shiitake con patatas que si la probáis se os cae un lagrimón, de ricas que están, aún más sabrosa que con el cadáver de un hermano pulpo. Hay ocho razones, por lo menos, para dejar a estas prodigiosas criaturas en paz.

*La novena: Tienen un gran cerebro que los hace más inteligentes que muchos humanos.

Para preparar este dignísimo tuneo de la gastronomía gallega necesitaremos:


Ingredientes

—Cuatro papas gordas.

—1 bandeja de setas Shiitake.
—Agua
—Algas surtidas (Nori, kombu, espaguetis y lechuga de mar, alga percebe)
—Sal gorda.
—Aceite de oliva.
—Pimentón picante.



Preparación:

1) Poned a hervir agua con el surtido de algas, dejar unos minutos infusionando, colarla y cocer en ella las setas laminadas. Salar poco.

2) Reservad las algas; aliñadas son una estupenda ensalada y fuente de yodo.

3) Sacad las setas con una espumadera y dejadlas escurrir en un colador.

4) En esa misma agua cocer las patatas sin mondar, previamente lavadas.

5) Cuando las papas puedan manejarse quitadles la piel, que saldrá con facilidad, y cortadlas a rodajas, disponiéndolas en una fuente plana o mejor, sobre una tabla de madera. Espolvoread con sal gorda y un ligero chorro de aceite.

6) Con arte, id poniendo trozos de setas sobre las rodajas y volved a espolvorear otra vez con sal gorda, pimentón picante y aceite de oliva. Es importante seguir ese orden pues si echáis primero el aceite, se “impermeabilizan” los alimentos y no toman aliño.

7) Dar un último toque en el microondas para templarlo y ¡listo!.

Ya os digo que todos los omnívoros que lo han catado dieron la nota alta: Platazo vistoso, nutritivo, por poquito dinero y mucha empatía.


De la papa, la mata

La patata, este humilde tubérculo que nos parece imprescindible y conocido de toda la vida, nos llegó, a mediados del siglo XVI de América. En el actual Ecuador las cultivaban hasta a 4.000 metros. Los europeos las encontraron sabrosas y se aprovisionaban de ellas para las largas travesías de vuelta.



Al principio se la cultivaba por sus hermosas flores, que adornaban las casas de clérigos y aristócratas españoles. La patata salvaje no prosperaba en estas latitudes y sus frutos (no el tubérculo) producían dolor de estómago y algún que otro envenenamiento, lo que le dio lógica mala fama.

Poco a poco se difundió por Europa a través de dos vías: por los Países Bajos, Inglaterra e Irlanda, y la otra: Portugal, Francia, España e Italia.

En Prusia fue Federico I el Grande, quien trató por todos los medios que se extendiera su cultivo. Para eso plantó los primeros patatales y ordenó al ejército cuidarlos y comerlas.. Entonces, y tal como había ideado el astuto rey, los campesinos robaron y probaron esta “manzana de tierra”, pasando a ser de cosecha popular.

Se atribuye a Antoine-Agustín Parmentier, el descubrimiento de las propiedades nutritivas de la patata. Por eso, una de las formas de cocinarlas en puré, lleva su nombre.

No tardaron en ser un alimento básico. La población rural tenía garantizada la comida en sus huertos pero para las ciudades, las frutas y verduras eran un lujo. Las papas fueron su salvación, proporcionaban las calorías necesarias para pasar el día a poco precio.

A principios del XVII se empezaron a cultivar en Irlanda, resultando el producto ideal para una isla apesadumbrada por la eterna pobreza: no necesita de herramientas específicas, las alimañas y el ganado no pueden dañarlas y crece en suelo pedregoso, obteniéndose un beneficio de 150% por hectárea respecto a los cereales.

Además no hay que trillar, moler, ni hornear para comerlas.

Constituían el perfecto sustituto del pan cuando escaseaba el trigo.

Podemos decir que la papa, junto a la máquina de vapor, fue esencial para entender la revolución social y económica de la Europa contemporánea.


Un cuadro que es más que una pintura

Quien tenga la fortuna de conocer Amsterdam habrá visitado probablemente el Museo Van Gogh. Allí se exhiben las pinturas del “loquito genial” que murió enfermo, solo y empobrecido. Su obra: “Los comedores de patatas” (1885) clasificada por los críticos en el movimiento postimpresionista, transmite la digna miseria de una familia campesina, tomando una humilde cena tras la jornada de trabajo.


El pintor definió así la escena en una de las muchas cartas escritas a su hermano Teo:
He intentado destacar que estas personas, que estando comiendo patatas a la luz de una lámpara, han cavado la tierra con las mismas manos que pone en el plato, y de ese modo habla de su trabajo manual y de cómo ganan el sustento honestamente”.

Y es cierto que se siente al contemplarlo la sensación de que es una eucaristía, la comunión del proletariado que fortalece alma mas que el cuerpo.


Así, cuando un escritor quería describir la pobreza de unos personajes, se refería a ellos con frases tales como: “se iban a la cama con media patata cocida en el cuerpo”.

Pero no todo son tristezas, recordemos que en Andalucía, llamamos “Papafrita” (así, todo junto) a la persona cortita de genio, tontorrona, fácil de engañar por ser buenaza, queriendo decir que es fácil “comersela”, hacerse con ella, vamos.

Setas, Alice y sus maravillas

No es necesario puntualizar que las shiitakes son inofensivas además de nutritivas. De color marrón, aroma intenso y oriunda de Asía Oriental, suelen encontrarse deshidratadas o frescas, presentando de esta última manera una textura carnosa.


Ricas en aminoácidos esenciales, moderadamente en hierro, calcio y zinc (según el sustrato sobre el que crezca), vitaminas B, E y D y un 25% de proteínas, son un alimento más que recomendable. No puede decirse lo mismo de otros familiares suyos que llegan a ser mortíferos o... conexiones a otra dimensión.

Arriba: Alice en aprietos, ilustración de John Tenniel.
Abajo izq: Portada del libro de Cook
Centro: Retrato de Lewis Carroll.

Dcha
: La vistosa y sandunguera “Amanita muscaria”.

Todos hemos leído o visto la versión animada de Disney de “Alicia en el País de las Maravillas” y recordamos la escena en que la niña da un bocado a una seta y su cuerpo crece, se encoge o deforma ante la tranquilidad de una oruga que habla y fuma de una cachimba.

Estos cambios (sugestiones) son síntomas reconocibles de la ingestión de la seta conocida como “la casita de los enanitos”, de tallo largo y copete rojo moteado de blanco. Su nombre es Amanita muscaria y la empleaban antiguas civilizaciones eurasiáticas en sus rituales. Producen alucinaciones tales como creer que se habla con los antepasados o... ¿casualidad?, que el propio cuerpo se deforma.

La pregunta de cómo sabía de estos efectos Lewis Carroll, el autor del libro, viene a la mente. Primeramente, se piensa que probaría en carne propia sus efectos, ya que el señor Charles L. Dodgson, que era su verdadero nombre, fue un hombre peculiar. Aunque era matemático y escritor (todas sus otras obras son científicas), le apasionaban la fotografía, el ilusionismo y... las niñas. Hay quien lo ha tachado de pedófilo y pervertido , incluso de que era el mismísimo Jack el destripador; sin embargo, sus biógrafos y principalmente la propia Alice y sus hermanas, que fueron chicas reales, lo desmienten.

La explicación puede estar en un libro publicado en 1862, tres años antes que “Alicia...”, por el botánico Mordecai C. Cook, lleno de hermosas ilustraciones y entre ellas una espléndida de la Amanita, describiendo sus efectos. No sería de extrañar que Carroll, como hombre estudioso y con curiosidad por las novedades científicas lo hubiera leído e incorporado al cuento tan original forma de expresar, subliminalmente, la extrañeza de los rápidos cambios que experimenta el cuerpo cuando transita de la niñez a la pubertad.

Dejamos a Carroll tomando el té con el Sombrerero loco, las hermanas Liddell y el Conejo Blanco, y nos vamos a degustar la rica receta de hoy.

Que ustedes lo flipen bien.

Puede ver aquí anteriores recetas de Dela Uvedoble.