“Tanto el queso para untar (y hablo del que se hace con secreciones de mamíferos) como los cortados en triángulitos envueltos como caramelos, que se creía que tanto calcio aportaban a niños y embarazadas, no son más que “preparaciones lácteas” colmadas de grasa, y grasa animal, en mayor medida que nutrientes”

Cocina vegetal

Por Dela Uvedoble


02/03/21. Opinión. La conocida escritora malagueña Dela Uvedoble comparte con los lectores de EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com recetas de ‘su’ cotidiana cocina vegetal: “Aquí encontrarán recetas sencillas y familiares, la mayoría malagueñas. Son las comidas que preparo para los míos, sanas, económicas y... totalmente vegetales”. Esta semana nos trae...

...un untable vegano. Pasen y pónganse el delantal.

Receta 19. Untable vegano estilo Philadelphia

Esta es una de las llamadas “recetas comodín” porque lo mismo salvan una cena de picoteo que una merienda, un desayuno o sirve para hacer canapés, esos trocitos de pan u hojaldre con cosas ricas por encima.


Versátil y sano solo tiene un inconveniente: debe prepararse cuatro días antes de poder comerlo.

Nadie es perfecto.

A cambio haremos magia. Convertiremos un pack de aburridos yogures de soja sin azúcar en “quesito Philadelphia”.

¡Abracadabra!

Ingredientes

—4 yogures de soja sin azúcar.
—Ajo y pimienta negra en polvo.
—Pizca de sal.
—Pellizcó de hierbas provenzales.
—2 cucharadas de levadura nutricional*

*No es lo mismo que levadura de cerveza pues la nutricional no fermenta. Proviene de la remolacha azucarera, la mitad de su peso es proteína vegetal, rica en vitaminas del grupo B y minerales. Para los veganos es muy interesante pues tiene un sabor que recuerda al de la nuez y al queso, por lo que la usamos mucho en purés y salsas, incluso se puede gratinar. Su aspecto es parecido a los copos de patatas, siendo muy fácil de incorporar a cualquier preparación.

Utensilios “extras”

—Un colador fino.
—Una gasa (de las sanitarias), quizá pueda ser un paño tipo arpillera pero yo uso esto.



Preparación:


1) Poned en un bol los yogures, batidlos un poco.
2) Añadidles la levadura nutricional, la sal, especias y las hierbas. Mezclarlas bien. Probad hasta que el sabor se ciña a vuestro gusto.
3) Colocad en el colador la gasa y ambos sobre otro bol. Verted la mezcla sobre la gasa y anudad los extremos, picos con picos, reforzando con una pinza de las de cerrar envases o una de las de tender ropa (ver foto).
4) Dejad en la nevera cuatro días, volcando el suero que expulsa un par de veces cada jornada. Esto es importante pues si el preparado permanece húmedo no “curará” como pretendemos.
5) Desatar, poned la bandejita donde vayáis a servirlo sobre el “quesito”, arropadlo con la gasa y, con un movimiento de muñeca, dad la vuelta. Veréis que bonito sale.
6) Ya lo tenéis listo para untar en tostadas, comer con crudités (bastoncillos de verduras, zanahoria y apio por ejemplo, cortados finos) o en aperitivos, sobre el soporte elegido para un surtido de canapés, adornado con mermelada de pimientos rojos, aceitunas negras, morrón o alcaparras.


Historia del “Philadelphia”

Esta “pasta de queso untable”, creada por el lechero estadounidense W. Lawrence en 1880, fue bautizada comercialmente como “Philadelphia” porque en aquella época esa ciudad se consideraba el súmmum de los alimentos con calidad y glamour.


La marca pronto se hizo popular. El incremento de nata en el queso lo convirtió en un anzuelo irresistible para golosos, pero en la dieta contribuyó al exceso de peso que, en la actualidad, otorga a los norteamericanos el dudoso récord de tener más obesos mórbidos del mundo.

Tanto el queso para untar (y hablo del que se hace con secreciones de mamíferos) como los cortados en triángulitos envueltos como caramelos, que se creía que tanto calcio aportaban a niños y embarazadas, no son más que “preparaciones lácteas” colmadas de grasa, y grasa animal, en mayor medida que nutrientes. La industria nos lo ha hecho creer así, como con tantos “alimentos sanos” que han demostrado ser una engañifa. No todo lo que agrada al paladar o lo fácil de comer, es lo mejor.

El “Philadelphia” vegetal, hecho con yogures de soja, “las mágicas habas orientales”, es mucho más proteico. Como apunte diré que las mujeres asiáticas, consumidoras desde hace milenios de esta legumbre, atraviesan la menopausia con más facilidad que las occidentales y tienen menor incidencia de cáncer de mama. Un consumo moderado de la soja alivia los síntomas del climatério, regula el ciclo menstrual, y previene la osteoporosis. En los varones también se observa bajos valores de tumores prostáticos.

Se ha llegado a estas conclusiones comparando, con estudios epidemiológicos, las dietas de ambas culturas.

Otra ventaja: el “Philadelphia” vegetal es apto para alérgicos a la lactosa. Una satisfacción poner en la mesa familiar o de invitados, esta preparación sana y divertida, mucho más sabrosa que las versiones industriales que nos meten por los ojos con anuncios hechos para dummies (alelaos o pardillos, en román paladino).


“Historias de Philadelphia”, la película exquisita

Por alusiones debo hablar de este fantástico filme, alta comedia indiscutible. Y de sus protagonistas: Gary Grant, James Stewart y Katharine Hepburn.


En la actriz me voy a centrar, pues fue la artífice de que la película llegara a rodarse.

A principios de los años treinta la Hepburn irrumpió en el cine arrasando, incluso recibió un Oscar en 1933. Pero entonces, su estrella empezó a oscurecerse. Ella, enemiga de la sofisticación y por su carácter autónomo, no gustaba de participar en eventos donde debía hacer el paripé de damisela frívola y sus películas empezaron a no dar en taquilla el fruto apetecido. En el mundillo llegaron a decir que su nombre era “veneno para la taquilla”. Durante esa maldita temporada mantuvo un noviazgo con el multimillonario (en dólares y tocs) Howard Hughes, quien le regaló los derechos de un libreto, escrito por Phil Barry expresamente para ella. Decidió representarla en un teatro de Broadway y fue un éxito. La obra se trataba, claro está, de “Historias de Philadelphia”. No pasó mucho tiempo sin que el todopoderoso Louis B. Mayer se fijara en su potencial, encaprichándose con ella para llevarla a la gran pantalla. Incluso cedió a las peticiones de la actriz de ser la protagonista y escoger director (George Cukor) y partenaires tales como Spencer Tracy y Clark Gable. Esto último no fue posible pero no hizo mal cambio por Stewart y Grant, formando uno de los triángulos más recordados de la historia del cine.

La deliciosa naricita de Kate demostró tener buen olfato. Stewart consiguió un Oscar y ella fue nominada. No volvió a tener problemas para conseguir los mejores papeles, Hollywood la encumbró como la mejor de sus diosas.

Por cierto, el personaje de Hepburn, modelo de la liberación de la mujer (recordad que estamos en 1939), se llamaba Tracy Lord, nombre que, ligeramente cambiado, Traci Lords, usó una actriz porno de los años 80; algo irrelevante si no fuera porque se hizo famosa al ser entonces menor de edad.

“Historias de Philadelphia” gira alrededor de una dama vip a punto de casase por segunda vez. Plantea un análisis sobre convencionalismos e hipocresía de la burguesía americana de los 40, salpicado de la espléndida actuación de todo el elenco.

La acción transcurre en un solo día, al más puro estilo teatral. Un enredo amoroso y una historia fresca y divertida. Personajes que entran y salen de escena, un vodevil, con abundantes toques de humor inteligente, que relanzó la carrera de la Hepburn y asentó la de sus compañeros.

Memorable la primera escena, rodada con fidelidad a los cánones del cine mudo, aunque de haberse hecho hoy hubiera suscitado críticas. Para muchos cinefílos, entre los que me encuentro, una hermosa joya del B/N.

Una mujer con estilo

Cuando ni una fémina llevaba pantalones salvo la Garbo, Dietrich y Ginger Rogers para bailar, Katharine Hepburn puso de moda el traje de chaqueta masculino. Y así solía posar en cuanta entrevistas o promoción de trabajo tuviera.


“Hace mucho que me di cuenta de que las faldas son inútiles -decía en el documental “All about me” de 1993-; cada vez que oigo a un hombre decir que prefiere a una mujer con falda le digo: ponte una, póntela tú”.

Los Estudios de RKO y la Metro intentaron hacerla encajar con la estética estándar de las divas del momento, pero jamás lograron que ella, hija de un médico y una abogada feminista, perdiera su personalidad.


Se atrevió hasta con vaqueros en pleno 1932, para gran cabreo de sus asesores.

Me es fácil imaginar a la familia de Katharine, segunda entre seis varones, educados en el deporte, los libros y el libre pensamiento, cenando alrededor de una robusta mesa, con mantel de hilo y buenos cubiertos, mientras charlaban sobre política, arte y la vida. Los veo, si, mordiendo los panecillos con el untable vegetal.

Propongo esta noche una cena ligera con ambos “Philadelphias”.

Luces (apagadas), plataforma (conectada).

¡Acción!

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