“Existen referencias de su cultivo en América Central desde hace 7.000 años, pero el calabacín, tal como hoy lo conocemos, es un cruce genético ocurrido en algún huerto italiano a finales del siglo XVIII”

Cocina vegetal

Por Dela Uvedoble


04/05/21. Opinión. La conocida escritora malagueña Dela Uvedoble comparte con los lectores de EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com recetas de ‘su’ cotidiana cocina vegetal: “Aquí encontrarán recetas sencillas y familiares, la mayoría malagueñas. Son las comidas que preparo para los míos, sanas, económicas y... totalmente vegetales”. Esta semana nos trae una receta...

...de crema de calabacín. Pasen y pónganse el delantal.

Receta 28. Crema de calabacín ‘alajo’

Nada más simple, ni más reconfortante tampoco, que un plato de verduras para cenar. No son pocos los nutricionistas que lo aconsejan pues son fáciles de digerir y ayudan a conciliar el sueño. A este le he dado un poco de marcha añadiendo, de adorno y sabor, unos ajos fritos.


Ingredientes

—2 calabacines.
—2 papas gordas o 4 medianas.
—1 cebolla.
—Aceite de oliva.
—Sal.
—2 cucharadas de levadura nutricional.
—3/4 dientes de ajo.
—Eneldo en polvo (o muy picado si tenéis fresco. Recordad que si es así da más sabor).
*Opcional: jengibre y pimienta blanca en polvo.


Preparación:

1) Mondad las papas y el calabacín, pelad las cebollas. Enjuagad bien.

2) Poned las verduras en crudo en una olla honda, echad sal, eneldo y un poco de jengibre y pimienta blanca (opcional).

3) Dejad cocer hasta que estén tiernas. Escurrid el caldo (podéis guardarlo para hacer sopa con unos fideos o arroz, por ejemplo).


4) Triturar con la batidora de brazo y añadid un chorro de aceite y dos cucharadas de *levadura nutricional. Rectificad de sal.

5) Laminar los dientes de ajos y dorar en sartén con un buen aceite de oliva.

6) Servir en plato hondo, calentito y con los ajos fritos por encima en la cantidad que agrade a cada comensal.

*La levadura nutricional tiene un gran contenido en vitaminas del grupo B, minerales y aminoácidos. El 70% de su peso son proteínas. Es una forma inactiva (que no fermenta) de levadura, proveniente de un hongo que se alimenta de azúcares como la remolacha. Es característico su sabor a queso y proporciona cremosidad a cualquier preparación. Su textura, escamosa, se funde y mezcla muy bien, sin dejar grumos.

La Tierra provee, sustenta y sana

El calabacín es una hortaliza de sabor amable de la que se comen flores y frutos. Existen referencias de su cultivo en América Central desde hace 7.000 años, pero el calabacín, tal como hoy lo conocemos, es un cruce genético ocurrido en algún huerto italiano a finales del siglo XVIII.


Es apto para dietas de adelgazamiento, siempre que no se coma frito. Contiene mucha agua y fibra por lo que es saciante. Su riqueza en ácido fólico lo hace muy recomendable para embarazadas, además de proveer de vitaminas A, B, C y minerales.


El calabacín contribuye al fortalecimiento de la vista al contener luteína y zeaxantina, estos fitonutrientes previenen la degeneración macular asociada a la edad.

Al contener potasio y magnesio mantiene en equilibrio los valores de la tensión arterial.

El ajo, salud concentrada

Denostado a causa de su olor por todo el mundo anglosajón es un Dios en las culturas mediterráneas. Sus propiedades no van parejas a su tamaño.

1) Protege el corazón mejorando la circulación sanguínea.
2) Ayuda a las digestiones provocando aumento en la secreción de la bilis.
3) Funciona como antibiótico por ser uno de sus componentes el sulfuro de dialilo.
4) Reduce el colesterol.
5) Es rico en selenio y sulfuro, minerales que combaten el dolor articular.

Literatura, chuflas y ajos

Decía Julio Camba (1884-1962) genial escritor, periodista y humorista gallego, que “la cocina española esta llena de ajos y preocupaciones religiosas” y añadía: “aderezado con ajo todo sabe a ajo. Nuestras cocineras son tan aficionadas al ajo no porque les sirva para hacer una buena comida, sino al contrario, para no tener que hacerla”. Él no era muy partidario de los minúsculos tubérculos como se ve. Utilizado con moderación es un complemento que trasmite personalidad a los guisos. Recuérdese el “alioli” o el “ajo blanco”.

Concuerdo con Camba en que los malos mesones y restaurantes abusan de él con la excusa del “tipismo” y la otra palabra machacona: tradición.

Puntualizo que el escritor, según dijo Gonzalez Ruano: “fuera de comer bien, estoy seguro de que a Julio no le interesaba nada”. Y que pasó los últimos trece años de su vida alojado en la habitación 383 del Palace.



La cruz del ajo es su olor, no solo del aliento sino el que deja en los dedos al manipularlo y el que puede dar al sudor al excretarse, aunque queda compensado por sus propiedades, ya conocidas en el antiguo Egipto.

Apunto que el ajo, cocido, asado o frito, pierde su agresivo aroma y no deja mal aliento, o al menos no uno que no se elimine con un cepillado de dientes. También, dicen ser efectivo comer una manzana o mascar hierbabuena. Y para las manos y el cuchillo, ponerlas bajo agua fría un minuto y dejar secar al aire, suele ser suficiente.

Será que se me va pasando la astenia primaveral por lo que me animo a transcribir un poema anónimo y gamberro, sobre los ajos. Y del siglo XVIII al que llamaron “de las luces”.

Para apreciar mejor los “sutiles” juegos de palabras sugiero que lo leáis en voz alta.

En Madrid robé un ajo
a una tendera;
me ordenó la justicia
que el ajo diera.
Como mi honra y mi fama
estaban allí,
me arreglé de manera
que el ajo di.
Pedro, mi amigo, al verme:
“Muy bien hiciste
(dijo) pues he sabido
que el ajo diste”.
Y al que murmuró ufano
así contestó:
“Sabed todos, imbéciles,
que el ajo dio”.

Disfrutad del día que se está poniendo bueno.


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