“El gazpacho era considerado comida tosca y de pobres hasta que la emperatriz Eugenia de Montijo, casada con Napoleón III, lo amadrinó llevándolo a Francia a mediados del XVIII, incorporándolo a sus celebraciones palaciegas”

Cocina vegetal

Por Dela Uvedoble


22/06/21. Opinión. La conocida escritora malagueña Dela Uvedoble comparte con los lectores de EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com recetas de ‘su’ cotidiana cocina vegetal: “Aquí encontrarán recetas sencillas y familiares, la mayoría malagueñas. Son las comidas que preparo para los míos, sanas, económicas y... totalmente vegetales”. Esta semana nos trae una...

...receta de gazpacho con sandía. Pasen y pónganse el delantal.

Receta 35. Variaciones sobre un gazpacho

Hay recetas que da vergüenza poner por sabidas, pero teniendo en cuenta que hoy vivimos en un mundo sin fronteras, que esto puede ser leído por cualquiera que se halle en mis antípodas y justificándome con un ingrediente que se le añade desde hace poco, hoy os invito a degustar un delicioso gazpacho de sandía.


Los orígenes de los primeros gazpachos se remontan al siglo I a. C. Ya Virgilio menta una receta tomada por segadores que aprovechaban el pan duro remojándolo con agua, vinagre y hierbas aromáticas como el serpol, una planta hoy en desuso con un sabor parecido al tomillo, pero más fuerte y con muchas propiedades salutíferas.

Este gazpacho tiene el toque refrescante que le confiere la fruta más veraniega y dado lo incomibles que me salen últimamente es la mejor forma de aprovecharlas.


Ingredientes

—Tomates gordos: 4.
—Sandía sin cáscara ni pepitas, más o menos la misma cantidad o peso que los tomates.
—1 pepino (si se quiere más suave se puede omitir).
—1 pimiento verde mediano y sin semillas.
—1/2 cebolla.
—1 diente de ajo sin corazón (esto es al gusto).
—Una rebanada pequeña de pan.
—Sal.
—Aceite.
—Vinagre (al gusto pero que sea de calidad).
*Reservar verduras para hacer la guarnición.


Preparación:

1) Lavar las verduras y quitar las pipas a la sandía y al pimiento. Trocearlas.

2) Poner los ingredientes en una fuente honda: tomates, sandía, pimiento, cebolla, pepino y ajo, todo picado en un tamaño que la batidora pueda moler sin atrancarse. Añadidle la rebanada de pan hecha trocitos a pellizcos, vinagre y sal. Amasar con las manos para que se mezclen los sabores. No hay que agregarle agua pues la sandía lo es en un 90%, aunque si os resulta espeso no tengáis inconveniente en regarlo.


3) En la batidora de vaso se va echando esta mezcla, si es necesario en dos o tres tandas, añadiendo aceite de oliva a ser posible virgen extra (AOVE). En cada tanda es necesario rectificar de sal y vinagre. Yo no le quito la piel a los tomates, la potencia de la batidora la hace imperceptible y aporta dosis extra de fibra y vitaminas.

4) Verter la preparación en una fuente bonita y guardar en la nevera para tomarlo fresquito.

5) Las verduras que reservamos se pican menuditas y se presentan aparte para que cada comensal se las sirva a gusto. El gazpacho suele servirse en cuenco, pero hay quien prefiere plato hondo o incluso en vaso, sin guarnición. Yo suelo picar también algunas zanahorias porque me gusta el dulzor crujiente que aportan.

La textura del gazpacho debe ser fácil de beber, es una sopa fría y crudivegana, no una crema como la vichyssoise.

*Si en vez de sandía ponemos cerezas o fresas ya tenemos otro tipo de gazpacho. El segundo nacido en Aranjuez donde las fresas tienen hasta su tren propio.


Un poco de historia

Como toda receta clásica el gazpacho ha evolucionado. El pepino fue uno de los últimos ingredientes que se incluyó, también ahora se aboga por ponerle menos ajo.

Lo que es indiscutible es que el tomate y el pimiento no formaron parte de la receta hasta el siglo XVI, como es lógico, ya que llegaron de América.


En 1646 Murillo pinta “La cocina de los ángeles” donde aparece un querubín dándole al mortero teniendo al lado unos tomates. Hoy día podemos contemplarlo en el museo del Louvre.



El gazpacho ha suscitado incluso interés científico, ya Gregorio Marañón (1887/1960), el famoso médico internista español dejó dicho en “El Alma de España”(1951):

“… el gazpacho, sapientísima combinación de todos los simples alimentos fundamentales para una buena nutrición que, muchos siglos después, nos revelaría las ciencias de las vitaminas. La vanidad de la mente humana venía considerando el gazpacho como una especie de refresco para pobres o menos grato al paladar, pero desprovisto de propiedades alimenticias. Las gentes doctas de hace unos decenios maravillábanse de que con un plato tan liviano pudieran los segadores afanarse durante tantas horas al trabajo canicular. Ignoraban que el instinto popular se había adelantado en muchas centurias a los profesores de dietética y que, exactamente, está emulsión de aceite en agua fría con aditamento de vinagre y sal, pimiento, tomate, pan y otras verduras contiene todo lo preciso para sostener a los trabajadores en las más rudas labores. El gazpacho es un alimento muy próximo a la perfección”.

Y Néstor Luján (1922/1995), periodista y Premio Nacional de Gastronomía en 1974, hablaba así de nuestra sopa fría en “Como piñones mondados. Cuento de cuentos de gastronomía” (1994):

Pero los gustos cambian y nuestro siglo XX con su amor por las vitaminas, su obsesión dietética, ha puesto de moda los gazpachos. Es uno de los platos universalmente conocidos y nos representa fuera de nuestras fronteras, aunque la mayoría de las veces no muy dignamente. Es un plato actualmente de éxito porque está dentro de las ideas vitamínicas de nuestro tiempo”.

Y es que el gazpacho era considerado comida tosca y de pobres hasta que la emperatriz Eugenia de Montijo, casada con Napoleón III, lo amadrinó llevándolo a Francia a mediados del XVIII, incorporándolo a sus celebraciones palaciegas. Gracias a la granadina pasó a ser plato indispensable en las mesas de los aristócratas de la época.


Un poco de histeria

Desde 1988 el gazpacho más famoso del mundo lo firma el director de cine manchego Pedro Almodóvar. Para hacerlo se necesita varias “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.



“¿Que tiene este gazpacho?” pregunta el inspector de policía a Pepa, el personaje interpretado por Carmen Maura. Esta responde con mucha tranquilidad: “tomate, pepino, cebolla, una punta de pimiento, aceite, agua, pan duro… y agua”. La actriz prosigue: “el secreto está en mezclarlo bien” le dice a Julieta Serrano inmediatamente después de que el resto de los personajes, incluyendo a los malagueños María Barranco y Antonio Banderas (habiéndose tomado cada uno un buen vaso de este) cayeran desmayados.


Yo no garantizo que esta sopa fría sirva de somnífero de por sí, sin añadidos que entren de lleno en un listado farmacológico, pero doy fe que la serotonina que produce el placer de catarlo puede ayudar a conciliar el sueño, aunque aconsejo no pasarse con el ajo, sobre todo si no se va a dormir, o lo que surja, sola.

¡Que os cunda!

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