Las previsiones futuristas de la mayor parte de las instituciones predicen desde una desaceleración hasta la caída más estrepitosa de la economía mundial”

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PINIÓN. La vuelta a la tortilla. Por Noemí Juaní
Profesional de la gestión

23/06/22. Opinión. Noemí Juaní, profesional de la alta gestión en empresas e instituciones, en esta colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com escribe sobre la noche de San Juan: “Dicen que la finalidad de este rito era dar más fuerza al sol ya que, a partir de ese día, va a ir haciéndose más "débil"; pero no hay que olvidar que, simbólicamente, el fuego también tiene una función...

..."purificadora" que puede, desde espantar a los malos espíritus, hasta romper con lo malo del año. Una versión del “borrón y cuenta nueva” de toda la vida que tiene su traslación en la quema de trastos viejos, saltar sobre las llamas o hacer explotar unos cuantos petardos”.

La hoguera de las vanidades

Hoy es la verbena de San Juan, una fiesta popular que se celebra en muchas ciudades españolas y también más allá de nuestras fronteras y que conmemora el momento en el que el Sol ha alcanzado el valor extremo de su declinación hasta el punto de que parece que apenas se mueve respecto a las estrellas, de ahí su nombre en latín solstitium que quiere decir “Sol quieto”.

Aunque se le llama la noche más corta o el día más largo, según donde estés eso va a tener poco impacto. En Quito, sus habitantes obtienen unos míseros siete minutos extra de luz del día; mientras que los lugareños de Fairbanks en Alaska se pegan 21 horas y 41 minutos con luz diurna.

Pero en lo que sí coincidimos casi todos es en celebrarlo dos días más tarde de cuando toca por obra y gracia de la influencia cristiana que aunó, en una misma celebración, algo que venían haciendo los humanos desde tiempos inmemoriales con la ocurrencia del señor Zacarías, que quiso anunciar a los cuatro vientos que había sido padre de un niño llamado Juan. No crean que fue vanidad lo de Zacarías. Hay que tener en cuenta que, según nos dicen, los progenitores ya peinaban canas y, además, se había quedado mudo por lo que debió ser el único modo que se le ocurrió para anunciarlo.

En cualquier caso, no todos celebramos de la misma forma ese fenómeno astronómico y milagro de concepción. En el Reino Unido miles de personas se dirigirán a Stonehenge, en Grecia lo harán caminando hasta la cima del Monte Olimpo y en México se van hasta las pirámides de Chichén Itzá para ver cómo la pirámide de El Castillo es iluminada por el sol por una mitad y cubierta por la sombra por la otra.

Sin embargo, lo más habitual para los países europeos-mediterráneos es la realización de hogueras.

Dicen que la finalidad de este rito era dar más fuerza al sol ya que, a partir de ese día, va a ir haciéndose más "débil"; pero no hay que olvidar que, simbólicamente, el fuego también tiene una función "purificadora" que puede, desde espantar a los malos espíritus, hasta romper con lo malo del año. Una versión del “borrón y cuenta nueva” de toda la vida que tiene su traslación en la quema de trastos viejos, saltar sobre las llamas o hacer explotar unos cuantos petardos.


Pese a ello, la hoguera más famosa no se dio en la verbena de San Juan sino una fría noche de febrero de 1497 cuando en Florencia un tipo llamado Girolamo Savonarola se puso a quemar todo aquello que le pareció lascivo, pecaminoso o que incitaba a la vanidad llevándose por delante unas cuantas obras de arte, algunas, incluso, lanzadas al fuego por su propio autor como lo hizo, al parecer, el mismísimo Botticelli.

Estamos hablando del Renacimiento, una época histórica loada por muchos por lo que supuso de avance científico, resurgir de valores humanistas y explosión cultural. Pero, quizás por eso, también fue una época de contrastes y de fuertes controversias políticas, a caballo entre un mundo antiguo y un mundo nuevo, tránsito entre periodos distintos.

Algunos pensarán que el monje dominico fue un poco exagerado, pero más lo fue el papa Alejandro VI cuando, molesto por la crítica que recibió del monje, lo acabó colgando y quemando en otra hoguera, solo un año después de su más famosa hoguera de vanidades.

525 años más tarde nos vamos a ir de fiesta, aunque mañana tengamos que madrugar para trabajar y con más ganas que nunca porque este va a ser el “primer” San Juan después de la pandemia. Se parece al anterior “borrón y cuenta nueva” pero hay quien anuncia que es más bien como “quemar las naves”, un fuego que tiene poco de renovación o de purificación y mucho de “ponerse el mundo por montera” en lo que alguien ha llamado “el último verano”.

También en esto coincidimos en casi todos los países. Las previsiones futuristas de la mayor parte de las instituciones predicen desde una desaceleración hasta la caída más estrepitosa de la economía mundial.

Pero no está claro que sea lo peor que nos va a ocurrir puesto que nos dirigimos galopantes a un mundo tecnológico, de vehículos eléctricos y conectividad imprescindible mientras vivimos una crisis energética sin igual.

Y, por si alguien se ha quedado con dudas sobre nuestro carpe diem particular, pensemos en la realidad de que no tenemos alternativa real y suficiente al consumo de los combustibles fósiles o la masificación de la industria alimentaria mientras los augurios del cambio climático se convierten en noticia día sí y día también marcando récords históricos en agua caída, temperaturas alcanzadas, velocidades del viento o incendios de sexta generación.

Como en el siglo XV, vivimos un momento histórico de transformación, uno de esos que nuestros tataranietos estudiarán en los libros de historia como el interín entre dos ciclos y solo espero que no se pregunten, como lo hacía yo cuando leía algún capítulo del pasado “¿Por qué eran tan idiotas de no ver lo que estaba pasando?”.

Así que esta noche, en nuestra particular hoguera de vanidades, podríamos intentar quemar, simbólicamente sin duda, unas cuantas irresponsabilidades e insensateces. Empezar por dejar nuestras playas limpias estaría bien, a ver si deja de ser esta una noche de guardia para los bomberos y una mañana terrible para los servicios de limpieza; pero seguro que podemos hacer alguna otra cosita más: cerrar el grifo de la ducha un poquito antes de que se nos arruguen las yemas de los dedos, dejar el coche aparcado si podemos hacer el trayecto andando o ¿por qué no, escoger productos de consumo que provengan de empresas que hacen algo por la sostenibilidad?

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