Cuando a las palabras ya no “se las lleva el viento” y quedan fijadas con tinta, se produce en ellas una transformación que les otorga un halo de veracidad”

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PINIÓN. La vuelta a la tortilla. Por Noemí Juaní
Profesional de la gestión

06/10/22. Opinión. Noemí Juaní, profesional de la alta gestión en empresas e instituciones, en esta colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com escribe sobre las fuentes de información: “Nos hemos vuelto una sociedad de crédulos recalcitrantes y ahora ni siquiera es necesario que nada esté impreso en tinta para darle veracidad, con lo que se multiplican las memeces a través de todos los códigos...

...binarios del universo digital como si de un virus se tratase”.

Lo sé de buena tinta

La respuesta más corta, pero al mismo tiempo más didáctica y pedagógica que he podido dar a lo largo de mis pinitos como profesora o como conferenciante ha sido “No lo sé”. A veces, incluso, cuando la audiencia era de adolescentes adormilados ha llegado a generar una expectación mayor que mis elaboradas peroratas anteriores.

Hoy en día, esa respuesta cada día es más difícil. Al parecer, nuestro acceso al mundo que abre Internet lo hace casi imposible. Hace poco apareció la noticia de que el 80% de los jóvenes prefería buscar información en Tiktok (¡Wikipedia! ¡Tienes los días contados!). Pero no solo le ocurre a la generación Z. La mayoría de los seres humanos basamos nuestros conocimientos en Internet o en la televisión y es entonces cuando recuerdo la frase que Anthony Hopkins le suelta a Tom Cruise en la segunda entrega de Misión Imposible (2000): “Estas fiestas son un fastidio, honrar a los santos quemando cosas. Curiosa manera de venerarlos” describiendo, supuestamente un evento típico español, aunque no queda muy claro si se trata de Las Fallas o de la Semana Santa.

En su momento generó cierta indignación entre nuestros compatriotas, pero no afectó para nada al éxito de la saga que ya anuncia su séptima entrega para el próximo año. Así que imagino que los miles de personas que han visto la película hasta recaudar más de quinientos millones de dólares están convencidos de que puede ser interesante ver cómo en España quemamos imágenes de santos después de pasearlos por las ciudades al ritmo de una cancioncilla que recuerda a una jota.

Pero, aunque sea cierto que nuestra fuente de ilustración se sustente en pilares tan sospechosos (véase, por ejemplo, las Encuestas de percepción social de la ciencia y la tecnología en España) olvidamos que, al demonizar el medio, dejamos de fijarnos en que, por debajo, lo que hay, como siempre, es un cretino que se lanza a decir lo primero que se le pasa por la cabeza sin contrastarlo y unos cuantos memos que lo jalean y lo difunden.

Ese tipo de insensatos están por todas partes.


Este verano, estaba tranquilamente tomando el sol en la playa y a mi lado un joven de unos treinta años hablaba con una señora y la ponía al día de su vida. Le explicó que se dedicaba a opositar para no sé que función y que le estaba llevando algún tiempo porque “cada cuatro años, como cambia el gobierno, según si son de izquierdas o de derechas, cambian todos los temarios”. Su interlocutora se escandalizaba ante tamaña noticia y yo rezaba porque su aparente sorpresa fuera solo fingida y no se creyera la tremenda idiotez que acababa de explicarle el opositor persistente.

Acabé por abstraerme y tengo práctica en eso. Lo hago a menudo cuando voy a mi peluquería habitual y mi peluquero, personaje singular que regala a las parroquianas su opinión sesgada sobre cualquier tema, pontifica al tiempo que extiende color sobre las canas. Eso sí, él siempre procura fundamentar sus afirmaciones “lo sé de buena tinta porque lo he oído en el programa de Carlos Herrera” decía el otro día tras declarar que Caixabank no había pagado un duro de impuestos jamás.

Mi peluquero utilizó la frase castiza por la que la tinta se asociaba a una fuente segura que hace fiable la información. Cuando a las palabras ya no “se las lleva el viento” y quedan fijadas con tinta, se produce en ellas una transformación que les otorga un halo de veracidad.

Sin embargo, nos hemos vuelto una sociedad de crédulos recalcitrantes y ahora ni siquiera es necesario que nada esté impreso en tinta para darle veracidad, con lo que se multiplican las memeces a través de todos los códigos binarios del universo digital como si de un virus se tratase.

No hace falta más que mirar en Twitter. Hace un par de días se me ocurrió mirar y me detuve en un tuit o tweet que explicaba la detención de una conocida actriz española.

Las versiones de lo que había ocurrido eran curiosas:

VERSIÓN 1 “Cuando se graba a un policía en la calle el policía tiene todo el derecho de proceder a la identificación de la persona que graba para prevenir el mal uso de las imágenes. Si no lleva el DNI se le lleva a dependencias para identificarla. Así lo dice la ley. Punto.”

VERSIÓN 2 “Iba en bicicleta hablando por el móvil y la pararon, hicieron el control de alcoholemia y dio positivo duplicaba la tasa permitida, después agredió al policía y se intentó escapar del coche de policía.”

VERSIÓN 3 “De altercado nada, aparcó su coche donde le salió del higo y cuando lo iba a retirar la grúa, tuvo los Santos ovarios de decir: "acaso no sabéis quien soy yo" por cierto, literal porque había grabación.... Q eres tu muy izfacha... Xd.

VERSIÓN 4 “Yo vi la agresión: María cogió al policía de 90 Kg, le volteó y le estampó contra el suelo (…) Fue brutal, esta tía debe ser culturista y levanta pesos.”

No me he entretenido en intentar averiguar la supuesta verdad de lo que ocurrió, pero sí me resulta curioso que, al menos tres de esos sujetos, han sido capaces de aseverar una mentira con absoluta contundencia e impunidad.

Así que tenemos cuatro tipos de seres a nuestro alrededor soltando bobadas.

Por un lado, los meros ignorantes. ¿Sabían que un 12,3% de los españoles cree que es el sol el que gira alrededor de la Tierra?

Por otro lado, los ignorantes imprudentes que nunca han oído la famosa fase de “Es mejor estar callado y parecer estúpido que abrir la boca y disipar las dudas”.

En tercer lugar, los mentirosos que, según los estudios psicológicos, ocultan una baja autoestima, inseguridad, falta de confianza en uno mismo, temor al rechazo, vergüenza, miedo al castigo y a la crítica y también en muchos casos, un deseo de manipular al otro.

Y, por último, están los incautos confiados que oyen cualquiera de esas verdades y no solo se las creen, sino que encima las propagan.

Seguro que, en un momento u otro, todos hemos caído en alguna de esas conductas patológicas, pero, al igual que a Tom Cruise no nos va tan mal y seguimos teniendo cierto grado de popularidad y si no, siempre nos quedará Tiktok.

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