Ese ser mitológico que se desvanece para renacer de sus propias cenizas y que tiene diversos poderes sobrenaturales, aunque el más impactante es el de su capacidad de resistir”

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PINIÓN. La vuelta a la tortilla. Por Noemí Juaní
Profesional de la gestión

03/11/22. Opinión. Noemí Juaní, profesional de la alta gestión en empresas e instituciones, en esta colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com escribe sobre política: “Lo protagonizado en todas esas ocasiones, es algo más que un ejercicio de aguante, encaje u oposición; sino que, como en el caso del Ave Fénix, debe añadirse el efecto casi catártico, es decir, quedar destruido...

...para después volver a ser”.

Ave Fénix

Veo las imágenes de Lula saludando con su puño en alto y su camisa tejana remangada hasta los codos celebrando la victoria por la mínima en las elecciones de Brasil y no puedo dejar de recordar, con alegría revanchista, que hace cinco años, también con tonos azules en su vestimenta, se entregaba a la policía para ser recluido en una celda de 15 metros cuadrados durante doce años. De la misma forma, entonces había levantado el puño despidiéndose de los simpatizantes, pero, pese a los intentos de mostrar una actitud positiva y de resistencia, la sombra de la preocupación era evidente en su rostro.

También estaba intranquilo hace unos días Hu Jintao cuando se lo llevaron durante la ceremonia de clausura del Congreso del Partido Comunista y el hombre se negó todo lo que pudo. Créanme, aunque en la televisión no se han visto más que unos treinta o cuarenta segundos, la escena dura casi dos minutos de resistencia a lo chino, es decir, sin apenas aspavientos, sin un solo grito y sin protestas de ninguno de los 2.338 delegados que había en ese momento en el Gran Salón del Pueblo. Unos documentos, que no sabemos muy bien qué papel jugaron en la decisión, sirvieron como señuelo exhibido por el amable jovenzuelo que sacó de allí al exmandatario chino.

Si Hu Jintao se plantea volver a dirigir el país como lo ha hecho Lula, no debería demorarse demasiado porque está a punto de cumplir los 80 años y ya se sabe, a esta edad, como cuando de niño, los cambios físicos y mentales se suceden con más rapidez y pueden dejarte fuera de juego.

Claro que siempre puede ser como Berlusconi quien, a sus 86 años, ha vuelto a aparecer como cuasi mandatario pese a los escándalos sexuales y los juicios que han empañado su imagen después de haber llegado a ejercer como presidente del Consejo de Ministros de Italia hasta en tres ocasiones intermitentemente.

Estoy convencida de que el líder italiano se ve a sí mismo como el Ave Fénix, ese ser mitológico que se desvanece para renacer de sus propias cenizas y que tiene diversos poderes sobrenaturales, aunque el más impactante es el de su capacidad de resistir.


Ejemplos a lo largo de la historia de personajes que, pese a haber sido depuestos han vuelto a aparecer, hay unos cuantos.

Winston Churchill se quedó todo un mandato en la casilla de salida antes de recuperar nuevamente su cargo como Primer Ministro y Charles de Gaulle incluso llegó a decir que dejaba la política para luego ser nombrado jefe del último gobierno de la Cuarta República. También, aunque menos lustroso, Pedro Sánchez cayó en desgracia durante unos meses dentro del PSOE y después recuperó la secretaría general siendo solo cuestión de tiempo que llegara a la presidencia del Gobierno y tan impactante debió ser la experiencia que ha merecido ser inmortalizada en papel bajo el título “Manual de resistencia”.

Si unos meses de ostracismo dieron para tanto, imagínense el periplo de Perón quien, tras ser derrocado por un golpe militar y estarse casi veinte años exiliado, regresa a Argentina como héroe y es reelegido presidente para un tercer mandato. No soy muy peronista yo que digamos, pero no voy a negar que también me gusta recordar este capítulo de la historia en el que la fuerza bruta y bárbara es derrotada por la resistencia popular.

Lo protagonizado en todas esas ocasiones, es algo más que un ejercicio de aguante, encaje u oposición; sino que, como en el caso del Ave Fénix, debe añadirse el efecto casi catártico, es decir, quedar destruido para después volver a ser.

Por eso en el lenguaje moderno hablamos más de resiliencia (y no estoy diciendo una tontería con lo de “moderno” ya que nuestra RAE dio por bueno ese término en el idioma español en 2014, no hace ni diez años).

Las raíces etimológicas son, igual que con “resistencia”, también latinas y, como ambos vocablos empiezan por “re” hay coincidencia en que se refieren a “ir hacia atrás” o “reiteración”. Sin embargo, “sistere” significa tomar posiciones, detenerse o clavarse en algún lugar, mientras que en el supuesto de resiliencia los latinos hablarían de brincar o saltar y ahí es donde las distancias entre ambos conceptos son más que obvias.

Hay algunas voces que dudan sobre la positividad de esa “resiliencia” tan de moda en nuestros discursos. A fin de cuentas, “volver a atrás” aunque sea saltando, es exactamente lo contrario de “avanzar” y, pese a que también lo aderezamos con la capacidad de adaptarse tiene un “lado oscuro”.

No debe ser una tontería cuando lo dice una revista de la prestigiosa Escuela de Negocios de Harvard comparando a algunos resilientes a los superhéroes de dibujos animados que corren atravesando muros sin apenas inmutarse: “Aunque el superhéroe resistente generalmente se percibe como mejor, tiene un lado oscuro oculto: viene con exactamente los mismos rasgos que inhiben la autoconciencia y, a su vez, la capacidad de mantener un autoconcepto realista, que es fundamental para desarrollar el potencial profesional y el talento de liderazgo. Por ejemplo, varios estudios sugieren que los líderes audaces no son conscientes de sus limitaciones y sobrestiman sus capacidades de liderazgo y desempeño actual, lo que lleva a no poder ajustar el enfoque interpersonal de uno para adaptarse al contexto. Son, en efecto, rígidos y delirantemente resistentes y cerrados a la información que podría ser imperativa para corregir, o al menos mejorar, las debilidades del comportamiento. En resumen, cuando la resiliencia está impulsada por la mejora personal, el éxito tiene un alto precio: la negación.”

Entre los ejemplos que han iniciado esta reflexión, yo tengo claros quienes son un ejemplo de superación y quienes la muestra de aferrarse al poder; pero no es tan seguro que esa valoración sea coincidente entre todos los posibles lectores de este artículo.

Sin embargo, seguro que sí hay más concurrencia en el hecho de que quizás eso ponga en evidencia, no solo que tengamos líderes resilientes que lleven su virtud al defecto, sino que seamos una sociedad que no sabe generar ni suficientes lideres aptos, ni suficientes propuestas de futuro, y que esa incapacidad nos acabe lanzando de nuevo a modelos no democráticos, por mucho que se aderece con discursos que hablan del orden o de la recuperación de valores patrios. Esa debe ser la preocupación que ha tenido siempre un gran amigo mío, maestro y modelo a seguir, cuando insistentemente pedía que incorporásemos gente joven a nuestros grupos.

Así que planteémonos ser el excursionista del chiste de Eugenio; ¿Recuerdan? Aquel que cae a un precipicio y tras gritar pidiendo ayuda escucha una voz profunda diciendo “«Soy tu Creador y vengo a auxiliarte. Abre las manos y déjate caer. No te preocupes, yo extenderé para ti un manto protector y te depositaré con cuidado, sano y salvo, en tierra» y tras unos segundos de reflexión, el excursionista vuelve a gritar con desesperación: «Vale, pero ¿Hay alguien más?».

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