Formar parte de cualquiera de esos clubs citados, no nos va a garantizar soluciones para la crisis medioambiental o financiera. Por ese lado, pues, tranquilidad”

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PINIÓN. La vuelta a la tortilla. Por Noemí Juaní
Profesional de la gestión

17/11/22. Opinión. Noemí Juaní, profesional de la alta gestión en empresas e instituciones, en esta colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com escribe sobre los diferentes grupos de países en política internacional: “Participar en varios grupos te da puntos como ocurre con el G-4 o EU4 al grupo integrado por las grandes potencias de Europa que a su vez son miembros del G-7, el G-12 y...

...el G-20 y que no debe confundirse con el G4 (el guioncito anterior ha desaparecido) que es una alianza entre Alemania, Brasil, India, y Japón, con el objeto de apoyarse mutuamente en la consecución de puestos permanentes en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

El club de los cinco

Cuando era niña era fan de “El club de los cinco” una colección de libros de aventuras que devoraba con placer. Los protagonistas de esa saga eran 4 criaturitas entre 10 y 12 años.

He utilizado la denominación de “criaturas” para escapar del lenguaje de género, pero puedo ser más precisa: eran dos niños, una niña y Jorge/Jorgina que debía identificarse en alguna de las categorías de transgénero, persona trans, transfemenino, transmasculino, transexual, no-binario, agénero, bigénero, género fluido, pangénero, poligénero o intergénero.

Sin embargo, más allá de la anécdota del género, supongo que habrán reparado en que “El club de los cinco” tenía la anomalía de estar formado por cuatro personas. Y es que el quinto miembro era Tim, un perro abandonado de raza desconocida.

No es tan raro eso de formar grupos de dispares o heterogéneos miembros. Sin ir más lejos, tenemos al G-20 que está formado por 19 países: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía. El último miembro que daría razón de ser al nombre del grupo también, como Tim, es una raza desconocida: la Unión Europea y por algunos abandonada (véase el Brexit).


A España esa rareza nos viene bien porque como somos el único país con estatus de “invitado permanente” se cuela nuestro nombre entre los países cofrades y no se nota nuestra singularidad.

Y es que, formar parte de este grupito de veinte países industrializados y emergentes de todos los continentes que tiene como meta, nada más y nada menos, que discutir sobre políticas relacionadas con la promoción de la estabilidad financiera internacional, es algo envidiado. Debe ser por eso que han acabado en Bali y según dice la cuenta oficial de Twitter “more than 3300 delegates consisting of 2000 CEOs, business leaders from 65 countries and several heads of state” Si fuera un barco tanto polizón lo mandaría al traste.

Pero el G20 empezó como algo más pequeño y funcional compuesto por sesudos prohombres de las finanzas, ya fuera por ocupar cargos políticos o manejar los hilos de la banca mundial, mientras que los “heads of state” se reunían en otro grupito, el G13 que, por aquello del mal fario era conocido como el G8+5.

En el G8 estaban los super guay mientras que los cinco eran los amateurs o economías emergentes aspirantes. Se veían casi cada año para hablar de grandes temas y ya entonces tenían voyeristas u observadores invitados.

El G8 ya había venido perdiendo fuelle años atrás porque en 2009 a los del G20 se les ocurrió que además de ir los capitanes debían asistir también los máximos dirigentes del país y a estos tanta cita debió de someterles a un estrés considerable. Pero, cuando ya finiquita sus días de gloria, fue a partir de 2014, cuando se les ocurre expulsar a Rusia por aquello de haberse apropiado por las malas de una península ucraniana y todo ello escenificado con mucha pompa y circunstancia; aunque poco efectivo, porque en paralelo, el G20 donde Rusia sí estaba, siguió funcionando y creciendo en importancia.

Los estupendos siguen con una agenda de baile complicada porque, a su vez, forman parte del G12 que también tiene la particularidad de ser 13 y no sacar pecho de eso y tener como objetivo hablar de finanzas.

Y de nuevo contrarrestando, aparecieron los Próximos Once (N-11) que es la denominación para agrupar a once países del mundo que se presentaban como economías prometedoras para la inversión y para un futuro crecimiento económico.

Participar en varios grupos te da puntos como ocurre con el G-4 o EU4 al grupo integrado por las grandes potencias de Europa que a su vez son miembros del G-7, el G-12 y el G-20 y que no debe confundirse con el G4 (el guioncito anterior ha desaparecido) que es una alianza entre Alemania, Brasil, India, y Japón, con el objeto de apoyarse mutuamente en la consecución de puestos permanentes en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y cuyas reuniones deben ser como cuando éramos niños y nos juntábamos para cambiar cromos.

Pero si hay un sitio donde la proliferación de los grupos se lleva la palma es en el seno de nuestra fantástica Unión Europea.

Está el G-3 o grupo de los tres países europeos más ricos y poderosos de la Unión Europea y cofundadoras de la original Comunidad Europea; el ya mencionado G-4 o EU4 y el G-6 cuyos méritos para participar se basaban en fomentar la unión carnal de sus habitantes (mayor población = mayor votos) que nació en 2003 como G-5 luego se convirtió en G6 con la entrada de Polonia y nueva crisis de identidad tras el Brexit. Después que alguien se pregunte por qué lo de la Unión Europea no acaba de tirar.

Volviendo a la cumbre balinesa del G20 he de reconocer que, mientras escribo estas líneas, no tengo todavía las conclusiones y como la ignorancia es atrevida, me gustan las aventuras (recuerden mi afición por la lectura juvenil) y me consta que en octubre ya se reunió el grupito de técnicos avanzados en finanzas; voy a apostar porque se firme algo parecido al compromiso de los asistentes por: “recuperar el crecimiento y el empleo y construir un futuro más inclusivo, más sostenible y más resiliente” (2020) “lograr un ambiente de inversión libre, justo, no discriminatorio, transparente, predecible y estable, y por mantener nuestros mercados abiertos” (2019) o “lograr un crecimiento fuerte, sostenible, balanceado e inclusivo" (2018).

Lo que ya no tengo tan claro es si van a prometerse por enésima vez luchar conjuntamente contra el cambio climático, aunque, si se atrevieran, ya no lo harán lanzando al aire una monedita como hicieron en 2021 en la Fontana de Trevi.

La sorpresa, por tanto, no va a llegar desde Indonesia. Formar parte de cualquiera de esos clubs citados, no nos va a garantizar soluciones para la crisis medioambiental o financiera. Por ese lado, pues, sin sobresaltos.

Otra cosa es saber que, en paralelo, hay una reunión de urgencia de otro grupito: los de la peña de la OTAN. Allí van a habar de dos misiles perdidos cinco kilómetros más allá de donde tocaba.  Eso sí da susto.

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