"La sanidad pública en su conjunto se ha venido degradando en los últimos años de forma que se ha inoculado el virus de que la garantía de una buena sanidad está en las clínicas y hospitales privados"

OPINIÓN. Compromiso con Andalucía. Por José Antonio Jiménez Ramos
Coportavoz de Andaluces Levantaos

04/04/22. Opinión. José Antonio Jiménez, docente jubilado y coportavoz de la coalición electoral Andaluces Levantaos, formada por Andalucía por Sí (AxSí), Más País Andalucía e Iniciativa del Pueblo Andaluz (IdPA), escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la pérdida de derechos con el gobierno de derechas en Andalucía: “La sanidad pública está siendo asaltada por las empresas...

...que solo tienen perspectiva de lucro, hace muy poco hemos conocido esta noticia que enmarca perfectamente con lo que comento. Dinero público para una empresa privada que tiene varios hospitales en Cádiz y Huelva con el agravante de que hay en esas dos provincias dos hospitales públicos sin abrir. Esto no es servicio público, es un auténtico expolio de lo público”.

Estamos ante una emergencia política de tamaño imperial

Conforme se acercan las fechas de las elecciones andaluzas, tan manoseadas a gusto de Moreno Bonilla y su entorno durante las últimas semanas, más se acrecienta la urgencia de salir al paso de una auténtica emergencia política que puede dar una vuelta de 180º a lo conquistado con tanto esfuerzo, en Andalucía, durante los últimos 45 años.


La llegada en 2018 al Gobierno de la Junta de Andalucía de un partido conservador adornado con una pátina de modernidad neoliberal y con el sostén necesario de la derecha extrema ha supuesto la puesta en marcha de las bases de un cambio mucho peor de lo que teníamos hasta ese momento.

Los gobiernos socialistas sucesivos en la Junta de Andalucía estaban jugando con fuego en ese sentido. Habían caído en un delirio impropio de una fuerza llamada socialista, permitiendo privatizaciones en todos los servicios públicos que ponía una alfombra roja a la permanencia de unas ideas impropias de esos gobiernos. Ya, en su momento, fuimos muchas las que anunciamos hacia dónde nos llevaban esas políticas y, desgraciadamente no nos equivocamos.

La situación ha ido empeorando en lo que se refiere en la pérdida de derechos, en justicia y en democracia y a los hechos nos remitimos. La sanidad pública está siendo asaltada por las empresas que solo tienen perspectiva de lucro, hace muy poco hemos conocido esta noticia que enmarca perfectamente con lo que comento. Dinero público para una empresa privada que tiene varios hospitales en Cádiz y Huelva con el agravante de que hay en esas dos provincias dos hospitales públicos sin abrir. Esto no es servicio público, es un auténtico expolio de lo público.

La sanidad pública en su conjunto se ha venido degradando en los últimos años de forma que se ha inoculado el virus de que la garantía de una buena sanidad está en las clínicas y hospitales privados, el aumento exponencial de los seguros médicos es un exponente muy claro de lo que digo. Pero además porque de manera muy sutil, se ha procedido sistemáticamente a cerrar servicios de la Atención Primaria a lo largo y ancho de toda Andalucía.


La vuelta a la “normalidad” post Covid ha dejado al aire un buen montón de centros de salud, sobre todo en las zonas rurales, donde han eliminado médicos de familia de manera drástica, servicios de urgencias mediante la concentración de pueblos mal comunicados entre sí. Un ejemplo estadístico, es el tanto por ciento del gasto público sanitario dedicado a la atención primaria, que en Andalucía ha experimentado una bajada considerable desde el año 2019 cifrado en el 19% del total hasta el actual que no sobrepasa el 12%.

Más allá de cifras, tenemos que tener en cuenta la percepción de la población con respecto a estos servicios sanitarios. Desciende la confianza de la sociedad en la sanidad pública y ello se fomenta con las decisiones de la Consejería de Salud y Familia y aumenta la “necesidad” de apuntarse a la medicina privada.

Todas estas maniobras están suponiendo la base sobre la que la derecha más extremista podría dar un giro copernicano si sigue gobernando en la próxima legislatura. Es por tanto, desde el punto de vista progresista que supone un espacio mucho más amplio de lo que realmente ocupa la izquierda, una emergencia política de primer orden. Si queremos que exista un contrapeso suficientemente fuerte y grande para que esas políticas se puedan modificar, es preciso hacer un esfuerzo de generosidad y humildad, para dejar a un lado “intereses” de grupos y particulares, legítimos con toda seguridad, pero que en estos momentos no ayudan a acabar con la emergencia a la que hacía referencia.

Se dan las condiciones políticas y sociales para dar un golpe de timón a este barco que nos lleva a los lugares más oscuros y fríos del gobierno de las instituciones andaluzas. Creo que hay proyecto asumido por una amplia mayoría social basada en las ideas renovadoras y transversales de Yolanda Díaz que se han podido conocer por las entrevistas publicadas y lo que trasladó en su primera presencia en Andalucía hace unas semanas.

En ese espacio se ve, de manera muy especial, que se pone el acento en los acuerdos con los sectores sociales, laborales y económicos. La presencia de los sindicatos de clase tras estos planteamientos resulta muy estimulante. Pero además existe un principio de acuerdo entre varias fuerzas políticas que se mueven en ese espacio amplio, que en mi opinión responde a la necesidad que se venía expresando desde diversos lugares de nuestra tierra.

Sabemos que dentro de ese espacio hay una idea compartida que pasa por señalar cuáles deben ser los elementos sustanciales de la oferta electoral, una opción verde, feminista, igualitaria, democrática, andalucista y al servicio de lo público como garante de los derechos y en la búsqueda de un cambio de modelo productivo que genere una transición justa que facilite empleo estable y de calidad, que nos permita salir de algo tan volátil como es el turismo y los servicios, así como una apuesta por un modelo de comunicación como el ferrocarril y un modelo de los cuidados y un auténtico cambio que nos sitúe en el siglo XXI y todo ello que vuelva a vertebrar a Andalucía, porque solo así será posible que no vaciemos nuestro entorno rural.

No es una propuesta consolidada, pero seguro que se verá en los próximos días mucho más firme. Por ello hay esperanza y fuerza para salir de la amenaza que pesa sobre nuestras cabezas. No se trata de salir a defender ideas y  propuestas diferentes, sino salir a conseguir poderlas llevar a cabo. Desde el lamento y la autocomplacencia no podemos hacer el cambio necesario. Se necesita, que por una vez, que hagamos virtud del pragmatismo político.

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