No podemos ser el país de la Unión Europea con mayor consumo de psicofármacos. La administración pública no puede fomentar una sociedad adicta donde las que ganan son las farmacéuticas a costa de las personas”

OPINIÓN. Enredada con Iniciativa. Por María José Torres Gómez
Coportavoz de Iniciativa del Pueblo Andaluz (IdPA). Psicóloga sanitaria


16/03/22. Opinión. María José Torres Gómez, técnica de inserción laboral y coportavoz de Iniciativa del Pueblo Andaluz (IdPA), escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la salud mental: “Hemos creado una sociedad infantil, que es incapaz de desconectarse, adicta al consumo y a la acumulación, que no sabe gestionar sus fracasos y sus emociones y que ha dejado de...

...crecer. Acumulamos una cantidad ingente de información que somos incapaces de procesar y no sabemos separar lo superfluo de lo importante”.

Una sociedad enferma que no se reconoce: una apuesta multidisciplinar de todas

La actualidad que aparece en las noticias nos muestra una comunidad sanitaria que protesta ante el abandono sistemático de lo público. Vemos el colapso de la atención primaria y pensamos en largas listas de espera para operarse, para recibir tratamientos contra el cáncer, etc. Estoy hablando de la necesidad de nuevos hospitales, más camas, más medios en general… Pero no nos paramos a pensar en un aspecto vital para lograr una sociedad sana: la salud mental vista desde fuera del sistema sanitario. Una salud mental, o mejor dicho, una falta de ella, que, en muchos casos, aboca a muchos ciudadanos a una salida extrema: el suicidio. Y ello debido a un déficit de políticas que enfoquen el problema desde la raíz.


En el año 2020 en España se produjeron 3941 casos de suicidios, siendo Andalucía la que más incidencia tuvo con 793. Es la principal causa de muerte no natural; por encima de los accidentes de tráfico y de otro tipo de transporte, caídas accidentales, ahogamientos, accidentes por fuego, envenenamientos accidentales por psicofármacos y drogas de abuso.

Los datos de muerte por suicido en España son inaceptables y están destapando la precariedad en la que se mueve la salud mental en nuestro país.


En los años 80 se empezó a desmantelar hospitales y centros públicos dedicados a tratar a las personas con enfermedades mentales o con trastornos de la conducta y de la personalidad. El objetivo, según la Administración Pública, Gobierno y Autonomías, era integrar a estas personas en la sociedad: tenían que tener un servicio acorde a los tiempos y no una institución obsoleta donde se encerraba a los enfermos. Y también que la salud mental dejara de ser un tabú, objetivo con el que coincido plenamente.

Pero el problema es que no había un plan alternativo, ¿o sí? La realidad, como denuncian las asociaciones afectadas y los profesionales, es que en este país no existe ninguna apuesta definida para dar un servicio de salud mental eficiente, ni tan siquiera una simple campaña publicitaria que ayude a entender el problema.

Habitualmente son las familias de las personas afectadas quienes se hacen cargo de esta problemática, en ocasiones están orientadas por asociaciones, pero en muchos casos no saben muy bien qué hacer. Los tratamientos y terapias que soportan suponen costes muy elevados y se prolongan, a menudo, durante toda la vida.

Otras de las consecuencias de esta falta de medidas es que en la actualidad nos encontramos con que en las cárceles hay muchas personas con problemas mentales que han llegado allí por delinquir, en la mayoría de los casos a causa de sus dolencias. Eso demuestra que no han tenido una gran inclusión en nuestra sociedad, más bien todo lo contrario.


Una sociedad sana no puede basarse en un sistema sanitario simple. Esto no se arregla con ansiolíticos, antidepresivos, y todo lo acabado en “cepinas”. Repito, se arregla con inversión pública en todos los ámbitos, con contratación de personal especializado y medios. No podemos ser el país de la Unión Europea con mayor consumo de psicofármacos. La administración pública no puede fomentar una sociedad adicta donde las que ganan son las farmacéuticas a costa de las personas.

El problema no se resuelve con tomarse una pastilla. Desde mi punto de vista no podemos achacar los problemas de ansiedad, depresión, adicción, anorexia, obsesiones, etc, a una simple cuestión de problemática médica: tenemos que darle un enfoque multidisciplinar ya que intervienen muchos factores que no han surgido de un día para otro.

Es todo un proceso: hemos creado una sociedad infantil, que es incapaz de desconectarse, adicta al consumo y a la acumulación, que no sabe gestionar sus fracasos y sus emociones y que ha dejado de crecer. Acumulamos una cantidad ingente de información que somos incapaces de procesar y no sabemos separar lo superfluo de lo importante.

Es una sociedad hiperconectada pero de individuos aislados, una sociedad enferma.


No estamos enseñando a nuestros niños y adolescentes que no pasa nada si fracasamos, que la equivocación forma parte de nuestro proceso de maduración, que no existe la felicidad absoluta, el amor absoluto, la belleza absoluta, la perfección, etc. “Todo” o “nada” son palabras demasiado grandes.

Somos animales racionales, pero también emocionales; y bastante frágiles. Así que las personas tenemos que apostar por crear una sociedad más saludable, tenemos que ser parte de la solución, no del problema. Tenemos que aprender a modificar nuestros hábitos, a gestionar nuestros conflictos emocionales, a dejar esa carrera consumista en las que se nos promete que seremos inmensamente felices, tenemos que aprender a ser personas, con todo lo que ello conlleva.

Y sí, por supuesto, siempre tenemos que exigir que nuestras administraciones públicas apuesten por tratamientos eficientes para los problemas de salud mental, dotándolos de profesionales dedicados en exclusiva a ella, con un enfoque multidisciplinar; y no seguir sobrecargando la atención sanitaria primaria con pacientes que deberían ser derivados a otros especialistas.

Debemos pedir mayores medios para los colegios, institutos, ayuntamientos… Tenemos que diseñar una estrategia que nos lleve a una sociedad fuerte con herramientas válidas para cuando esa sociedad se debilite.