“No defiendo que los frutos subtropicales no puedan cultivarse en la Axarquía u otro lugar, pero su cultivo debe ser siempre acorde a la realidad que existe, y no hacerlo de forma desenfrenada y tapándose ojos y orejas ante las consecuencias”

OPINIÓN. El templo inacabado. Por Manuel Ares
Abogado, Andalucista


27/09/22. Opinión. El militante de Adelante Andalucía, Manuel Ares, en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com escribe sobre el cultivo de frutos tropicales: “El principal causante del colapso hídrico ha sido la fiebre del oro verde, una fiebre que ha llevado al cultivo salvaje de estos frutos con el fin de llenar bolsillos de dinero a costa de un recurso común como es el agua, tan necesario a las puertas -si no es que...

...estamos ya dentro- del cambio climático, con el correspondiente proceso de desertificación que asoma en Andalucía”.

La fiebre del oro verde

Si habláis con personas mayores de la Axarquía muy probablemente os cuenten aquellos tiempos en los que la comarca, así como Motril y Salobreña, se encontraba repleta de cañas de azúcar. No por casualidad el centro comercial de Vélez-Málaga se llama ‘El Ingenio’, sino que su nombre viene del ‘ingenio azucarero’, las instalaciones dedicadas al procesamiento de la caña de azúcar. Aún quedan vestigios de estos ingenios por la comarca, ya sea sus instalaciones o sus imponentes torres, y es que no sería exagerar decir que la economía de ésta dependía en buena manera de la recolección y procesamiento de la caña de azúcar, de la que dependían otras industrias como la de ron, dulces, o la misma exportación de azúcar.


Este hecho es especialmente llamativo, ya que, sí bien el cultivo de la caña de azúcar en la comarca, y en lo que fuese el Reino Nazarí de Granada en general, data de varios siglos anteriores, lo cierto es que la masificación e industrialización de su cultivo tiene un origen y causa.


A principios del siglo XX, con la pérdida de las colonias de Cuba y Puerto Rico, la producción y comercialización de azúcar se ve interrumpida, puesto que estas colonias eran las principales suministradoras de la misma. Años antes, varias familias latifundistas de Málaga y Granada, previendo la futurible necesidad de este producto, así como los costes derivados de su transporte en un imperio en declive, decidieron invertir en una industria azucarera, de la que su mayor exponente fue la ‘Sociedad Azucarera Larios’. Pero también nos encontramos con otras familias como los Heredia, Loring en Málaga, o los Moré, los Rodríguez-Acosta, los López-Rubio y los Agrela en Granada.

La producción de azúcar fue fundamental en la comarca, y, si bien compartía espacio con otros cultivos e industria, como era la aceitera, fue su pilar económico durante décadas.

Todo hasta 1960 ya que, con el fin de la autarquía, España se abría nuevamente al mercado internacional, y las importaciones de este producto a terceros países resultaba más rentable, a la vez que las grandes familias azucareras veían como una oportunidad el nuevo papel que debía jugar Málaga en esta nueva etapa: el turismo.

La caña de azúcar dejó paso a grandes promociones inmobiliarias, de los ingenios quedaron algunos escombros y sus grandes torres, la caña fue sustituida por el ladrillo. No por casualidad uno de los mayores grupos inmobiliarios de la provincia tiene como nombre ‘Salsa’ (Sociedad Azucarera Larios S.A.).


Sin embargo, en los 90 algo cambia. La Axarquía tiene una peculiaridad climatológica, y es que, además de su tierra especialmente fértil, tiene un clima considerado “subtropical”, lo cual la convierte en un lugar donde frutos subtropicales como el mango y el aguacate se cultivan en condiciones óptimas, algo que descubrieron por entonces y que, sumado a las tendencias alimentarias y la nueva fetichización de ciertos productos, llevaron a una situación similar a aquella caña de azúcar: su masificación.

Una nueva fiebre del oro invadió a todo el que tenía un puñado de hectáreas en la comarca: la fiebre del oro verde. Actualmente la Axarquía es la principal productora de aguacate y mango de España, con un total de 13.000 hectáreas de superficie destinadas a la producción de subtropicales.

España, sin ser un país subtropical, produce el 14% de la producción mundial de aguacate, superada sólo por México y Chile. De lo cual podemos extraer que La Axarquía (la principal productora de España) es la tercera productora de aguacate del mundo. Unos datos nada desdeñables si obviamos un hecho: La Axarquía es considerada un clima subtropical, pero no tiene ni las lluvias ni los recursos hídricos de un clima tropical o subtropical, en consecuencia, el colapso hídrico de la comarca es un hecho a día de hoy.

El pantano de La Viñuela, principal suministrador de agua de la comarca, se encuentra al 11%, lo cual ya lo certifica como pantano muerto, puesto que ese 11% está fundamentalmente compuesto por lodo, no es apto para el consumo humano. Y algunos pensaréis: “Pero eso no necesariamente tiene por qué deberse a la producción de aguacates y mangos que tanto me gusta comer, algo tendrán que ver los campos de golf, los turistas y las piscinas”. Y no os quito razón, tienen también su correspondiente responsabilidad en esta catástrofe hídrica que asola a la Axarquía, pero ésta responsabilidad es mucho menor al de los frutos subtropicales.


Pero es mejor contrastarlo con datos. El pantano de La Viñuela tiene una capacidad de 165,43 hectómetros cúbicos, convirtiéndolo en el más grande de la provincia. Por supuesto, esta capacidad es su capacidad total, la correspondiente al 100%, la cual lleva años sin llegar a imaginarse. En los últimos años el consumo total de agua del pantano ascendía a 100,58 hm3, el cual se ha dividido de la siguiente forma: 76,19 hm3 al año para regadío, 64,7 de los cuales correspondían a frutos subtropicales; 23,36 hm3 correspondían al consumo humano; 0,21 hm3 al uso ganadero y 0,82 hm3. Estamos hablando de que, aproximadamente el 65% del consumo de agua correspondía al riego de frutos subtropicales.

Con estos datos en la mano cabe concluir que, efectivamente, el principal causante del colapso hídrico ha sido la fiebre del oro verde, una fiebre que ha llevado al cultivo salvaje de estos frutos con el fin de llenar bolsillos de dinero a costa de un recurso común como es el agua, tan necesario a las puertas -si no es que estamos ya dentro- del cambio climático, con el correspondiente proceso de desertificación que asoma en Andalucía.

La solución a corto plazo que se propone desde algunos sectores pasa por desalinizadoras, pero eso no es nada más que un parche temporal. Se hace fundamental que las instituciones intervengan de forma contundente ante los regadíos ilegales, que limiten la producción por hectárea y la superficie de sembrado, que limiten los usos de agua, y que hagan entender que algo por dar mucho dinero no lo hace bueno ni positivo, y ahí está el cómo el beneficio de unos pocos ha generado unas consecuencias devastadoras en la mayoría de la población.

No defiendo que los frutos subtropicales no puedan cultivarse en la Axarquía u otro lugar, pero su cultivo debe ser siempre acorde a la realidad que existe, y no hacerlo de forma desenfrenada y tapándose ojos y orejas ante las consecuencias. El mercado no se regula solo, por eso esperar que la buena voluntad de quienes producen estos frutos va a llevar a la autorregulación de la producción y solucionar los problemas de la comarca es, como poco, sumamente inocente e imprudente. No queda sino intervenir para evitar el colapso definitivo, que no afecta sólo al hoy, sino a las generaciones futuras. No podemos permitir que se someta lo común, nuestros recursos y el futuro de las generaciones venideras, al pingüe beneficio de los de siempre.

La fiebre del oro en Estados Unidos trajo consigo innumerables muertes, no permitamos que la fiebre del oro verde también se las cobre.