“Creyeron que ellos mismos (PSOE) eran la personificación de Andalucía, que Andalucía era su patrimonio y podían hacer con ella lo que buenamente quisieran”

OPINIÓN. El templo inacabado. Por Manuel Ares
Suaviter in modo, fortiter in re


25/10/22. Opinión. El militante de Adelante Andalucía, Manuel Ares, en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com escribe sobre los ‘herederos’ del Partido Andalucista: “Mientras unos danzan para atribuirse mayor legitimidad sucesoria, otros se centran en construir una herramienta a la altura de las necesidades del pueblo andaluz actual. Sin parafernalia, sabiendo que la verdiblanca no es nada...

...de por sí, sino que lo es en tanto existe un pueblo detrás, con necesidades, problemas, ilusiones y sueños a los que dar respuesta”.

La Danza de los Andalucistas

En el universo creado por George R. R. Martin, la Danza de los Dragones fue un conflicto en el cual facciones de la casa Targaryen pugnaron por sus derechos sucesorios a la Corona tras la muerte de Viserys I Targaryen. De un lado, Los Verdes, que mantenían que, su hijo de un segundo matrimonio, Aegon II era quien debía suceder; de otro, Los Negros, que defendían los derechos de Rhaenyra, su hija mayor.


Tal como sucede en la Danza de los Dragones, tras la muerte del Partido Andalucista, y, con él, los vestigios del andalucismo de la "segunda ola", surgen diversas facciones que buscan defender su legitimidad para ser los "herederos" de aquella ola, de aquel andalucismo que ya es histórico (pues es parte de nuestra historia).

De un lado, tenemos a un PSOE que, rescatando y apoyándose en la figura de un olvidado Rafael Escuredo (al que ellos mismos habían desterrado al baúl de los recuerdos), que adora volver a tener cierto protagonismo y "reconocimiento", busca postularse como el gran valedor de nuestra autonomía. Han comenzado a regar fundaciones y personalidades que apoyen dicha postulación, porque observaron, con cierta perplejidad que, tras décadas de gobiernos psoístas, la conciencia del pueblo andaluz -pese a todo- no se había apagado; y fue otro de los pretendientes, el ahora presidente, el que supo leer esta clave y envolverse en la bandera para llegar a donde ha llegado, mientras que, por entonces, en el PSOE no aparecían las verdiblancas ni en sus mítines. Y es que el PSOE sustituyó la verde y blanca por el rojo de su partido, tal como Aegon II sustituyó el rojo Targaryen por el dorado de su dragón Fuegosol. Creyeron que ellos mismos eran la personificación de Andalucía, que Andalucía era su patrimonio y podían hacer con ella lo que buenamente quisieran, tal como Aegon II con la casa Targaryen y el trono, y eso les costó otrora otro trono, el de la Junta.

Y surge así otro de los pretendientes que, sí bien no se arroga derechos históricos -por ahora-, busca legitimarse en base a quienes los tuvieron para hacer valer su regia autoridad. Juanma Moreno se arropa en un pequeño atisbo histórico, como fue el breve lapso en que hubo un proyecto "andalucista de centro-derecha" bajo la figura de Clavero Arévalo, para legitimar el andalucismo que él dice practicar. Un regionalismo descafeinado, de fácil digestión, que no genere excesivos quebraderos de cabeza en otras latitudes, a la vez que se nutre electoralmente de la sed de Andalucía que existe entre buena parte de los andaluces.

En estas aparece un antiguo legitimario que, maltratado histórica y actualmente por unos, en su pugna personal contra ellos, llega a no hacer ascos a otros. Un Alejandro Rojas-Marcos que personificó las luces y las sombras del extinto PA, otrora PSA, ASA, etc. Sobre su legado hay mucha tela que cortar, pero, desde luego, no puede decirse que el PSA, encabezado entonces por Rojas-Marcos, no tuviese un papel determinante en la autonomía andaluza y el movimiento autonomista, como recientemente ha dictaminado un rescatado Escuredo. Por supuesto, este papel no era excluyente ni exclusivo, los propios partidos -entre ellos el encabezado por Rojas-Marcos- se vieron, a finales de los 70, desbordados por la sed de libertad, democracia y poder político de un pueblo andaluz eufórico, que salió a las calles a conquistar su autonomía. Pero éste difícilmente habría tomado conciencia de ello y consciencia de sí mismo, arrastrando a otros partidos a posturas en las que nunca se vieron cómodas, si no hubiese existido un andalucismo organizado en torno a un partido que impregnó de andalucidad nuestra Andalucía. No era un sentimiento articulado en torno a una ideología, las andaluzas y andaluces se sentían orgullosos de una identidad que les había sido arrebatada durante décadas de dictadura, y la vinculaban a la llegada de una tan ansiada democracia. El propio Julio Anguita reconocería en su momento que “no tengo empacho en decir que el PSA nos hizo andalucistas, porque en la izquierda clásica y la tradicional, que no son lo mismo, tenían una concepción distinta”.


El PSA, junto con el pueblo andaluz, consiguió llevar al resto de partidos a posiciones que no deseaban, y ahí hay bibliografía suficiente para contrastarlo. Ni el PSOE, ni el PCE, ni mucho menos la UCD, deseaban una Andalucía con lo que entonces fue llamada “autonomía plena” (en el caso de la UCD, quizás ni la "autonomía reducida") pero el pueblo andaluz la conquistó aquel 4 de Diciembre de 1977 en que desbordó las calles. Ese 4-D que ahora será convertido en ‘Día de la Bandera de Andalucía’ por obra de Juanma Moreno, a iniciativa de Rojas-Marcos. Aunque es de justicia recordar que el propio PP votó hace unos años en contra de una propuesta idéntica que presentaron Antonio Manuel, Teresa Rodríguez y nuestro eterno José Luis Serrano, en el Parlamento de Andalucía. Debe ser que, en esta conversión al andalucismo, Moreno Bonilla ha alcanzado, Rojas-Marcos mediante, conciencia de la importancia de reconocer a ese día cierta importancia institucional. La cual, sin duda, tiene valor, pero, como bien narraba recientemente Pilar González, nada es una bandera sin su pueblo, y quien portaba en sus manos y corazones la verdiblanca aquel 4 de Diciembre no era otro que el Pueblo Andaluz, quien buenamente podría merecer ese reconocimiento. En el entretanto, desde el andalucismo seguiremos manteniendo el 4-D como llevamos décadas haciendo, como el Día Nacional de Andalucía.

Y es que, más allá de quién pugna por la herencia del ‘andalucismo de la segunda ola’ (el andalucismo de la Transición, y que José Aumente diferenciaba del ‘andalucismo histórico’ de Blas Infante y sus coetáneos), lo que obvian todos estos pretendientes es que que el andalucismo ha seguido avanzando y nos hayamos en una tercera ola en ciernes (acuñada por Javier García, continuando las fases que ya atisbó Aumente). No estamos en tiempos de la Danza de los Dragones, sino muchos años después, en que esa tercera ola del andalucismo, cual Daenerys (en los libros, olvídense del infame fin de la serie), sabe reconocer la grandeza de su casa, a la vez que sus errores. Porque no se trata de pelear por legitimidades históricas, sino que algunos nunca han dejado de ser lo que son, ni han tenido que convertirse en nada. El andalucismo no dormitó tras la Transición, siguió avanzando hasta nuestros días, y la tercera ola no pivota en torno a los mismos ejes que entonces, sino que busca dar respuesta a un pueblo andaluz actual que, si bien comparte los problemas estructurales que ya supo analizar la primera y segunda ola (y que tan poéticamente narraba Carlos Cano), se circunscribe en una sociedad distinta, donde la autonomía que venía a resolver todos esos problemas ha resultado ser parasitada por uno de los ahora pretendientes durante casi 40 años y no ha llegado a resolver problema alguno.

Es por eso que, mientras unos Danzan para atribuirse mayor legitimidad sucesoria, otros se centran en construir una herramienta a la altura de las necesidades del pueblo andaluz actual. Sin parafernalia, sabiendo que la verdiblanca no es nada de por sí, sino que lo es en tanto existe un pueblo detrás, con necesidades, problemas, ilusiones y sueños a los que dar respuesta.

Mientras unos se vanaglorian de su legitimidad real, cual Aerys II, otros buscan construir un proyecto político que plantee soluciones reales a los problemas actuales de nuestra Andalucía. Por tanto, que siga la Danza, pero que no impida a lo nuevo nacer. Porque, como parafraseando a Teresa Rodríguez allá por el 2018, tenemos dos dragonas (el tercero eclosionará en las elecciones generales y municipales) en el Parlamento de Andalucía.