Tú ya no estarás aquí cuando el calor sea tan agresivo que nuestras solerías nobles conviertan las aceras en una tortura china durante las horas centrales del día”

O
PINIÓN. El Blues de la señora Celie. Por Ainhoa Martín Rosas
Licenciada en Sociología y diseñadora, @aimaro6

11/06/24. Opinión. Ainhoa Martín, socióloga y diseñadora, en esta colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com escribe sobre el futuro: “Tampoco estarás tú aquí cuando el Perchel sea ya tan solo un nombre, un vestigio del recuerdo de la Málaga azul y marinera que fue, donde había vida y cenachos de pescado, donde la gente era pobre y humilde, pero para nada mierda de gente, como creían los franceses...

...Total, para entonces, los que allí habiten, en su totalidad, habrán olvidado lo que son los percheles, lo que allí bullía…”.

Tú ya no estarás…

Tú ya no estarás, y puede que yo tampoco, pero es bueno reflexionar acerca de lo que vamos a perder (en realidad, hace mucho tiempo que empezamos a perderlo). Es necesario porque, a veces, parece como que nos da igual todo, que no valoramos lo que tenemos, simplemente porque en esta bendita ciudad el tiempo se detiene gracias a un clima benigno y, a menudo, no echamos cuentas a lo verdaderamente importante.

Pero, a lo que voy: tú ya no estarás aquí cuando la mayoría de la gente no pueda acceder a la ciudad en un vehículo privado, ni siquiera comprárselo, porque la falta de materiales y el encarecimiento de los combustibles hará prácticamente imposible que el común del malagueño pueda pagarlo. Así que quedarán dos alternativas: moverse en bicicleta o en transporte público (aunque no descarto la vuelta a moverse en équidos, quién sabe…).

Tú ya no estarás aquí cuando el calor sea tan agresivo que nuestras solerías nobles conviertan las aceras en una tortura china durante las horas centrales del día. Porque las losetas de barro concentran el calor, por algo aquí las usamos para preparar las gambas al pilpil que, a buen seguro, tú disfrutas a menudo (yo, cada vez menos, porque el marisco y el pescado se ha puesto por las nubes).

Y hablando de pescado, quizás tú tampoco estés aquí cuando ya no quede ni una sardina, ni un boquerón vitoriano, ni una caballa que coger en la bahía, porque tal y como van subiendo las temperaturas de este Mar que nos creímos Nostrum, está dejando de ser él mismo para convertirse en una charca caliente que cada vez protege menos a los bichos, pobrecitos. Ay, si Jacques Cousteau levantara la cabeza…

No digamos nada de que tú ya no estarás aquí cuando la comida en general sea un bien escaso y a precio de oro, como pasaba antiguamente, y tengamos que volver a comer un humilde emblanco todos los días, si es que nos llega, que también puede ser que acabemos robando garbanzos crudos para comerlos tal cual y engañar al hambre, como hacía mi abuelo cuando era niño en el Perchel.


Que tampoco estarás tú aquí cuando el Perchel sea ya tan solo un nombre, un vestigio del recuerdo de la Málaga azul y marinera que fue, donde había vida y cenachos de pescado, donde la gente era pobre y humilde, pero para nada mierda de gente, como creían los franceses. Total, para entonces, los que allí habiten, en su totalidad, habrán olvidado lo que son los percheles, lo que allí bullía…

Y tú tampoco estarás aquí cuando ya apenas llueva y toda la ciudad tenga que llenarse de depósitos para recoger el agua de lluvia, que tendrá un precio desorbitado, y será igualmente un bien escaso, así que será imposible cultivar aquí ni aguacates ni mangos, y almorzaremos insectos con sabor a espeto y pencas de chumbo a la plancha, porque no habrá otra cosa.

Claro que el hecho de que tú ya no estés no significa que no estén tus nietos, malviviendo y reciclando los restos de la era industrial una y otra vez, como hemos visto hacer en series como “Los Cien” o en películas como las de la saga “Star Wars”, donde los chatarreros son gente con poder que compra a los que recogen para subsistir. Aunque, para ser justos, eso ya pasa aquí, en Málaga, y le pasa a gente a la que atienden con mucho cariño Málaga Acoge y otras ONGs.

Pero qué triste que no te preocupe lo que va a pasar cuando tú ya no estés, Paco, aunque me da a mí que lo que a ti te pasa, en realidad, es que: “para lo que te queda en este convento, te cagas dentro”...