Sus protagonistas son unos marcianos del planeta Marta que visitan Málaga, lo que utilizan los autores para hacer crítica social. Cada capítulo trae consigo un dibujo del ilustrador Fgpaez

Crónicas malacitanas 1


OPINIÓN. Crónicas malacitanas
Por Augusto López y Daniel Henares. Ilustración: Fgpaez

07/02/24. Opinión. El escritor y profesor de escritura, Augusto López, junto con el también escritor, Daniel Henares, inauguran sección semanal en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com, ‘Crónicas malacitanas’ https://linktr.ee/cronicasmalacitanas, un folletín cómico cósmico malaguita, que recupera el espíritu de los folletines del siglo XIX. Está protagonizado por unos marcianos que visitan Málaga, lo que sirve a los autores...

...para hacer crítica social. Cada capítulo trae consigo además un dibujo del ilustrador Fgpaez.

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A la señal de la Gran Observadora, el sonido de las cimpurtias llena la Playa de los Despidos con una fanfarria triste y solemne.

El público enmudece y fija su atención, hasta entonces distraída por el chapoteo de algunos silgurines en la orilla, en la comitiva de figuras que hoy dicen adiós a sus puestos de trabajo. Como rigen las buenas maneras marcianas, ninguna muestra el más mínimo atisbo de pena o fastidio. Llevan las túnicas ceremoniales, y sus rostros transmiten serenidad resignada. Tras situarse frente a la Gran Observadora, ésta inicia su discurso:

—Hoy es un día difícil, pues prescindir de mentes tan preparadas como las vuestras no es, desde luego, algo agradable. Vuestra labor en la observación del cosmos, la continua recogida de datos sobre culturas y civilizaciones tan diversas, ha contribuido sin duda alguna al progreso de nuestro planeta, Marta, y ha llegado a situar a nuestra estirpe marciana entre las más respetadas del Universo.

Tichy mantiene la compostura, pero por dentro percibe algo parecido al enfado. “Sí, todo muy bonito, pero a partir de mañana, a ver qué hago yo. Trescientos veintisiete años preparando las oposiciones, ciento cincuenta y cinco mil años de duro trabajo y nos largan de la noche a la mañana con un discurso”, se dice.

—Pero —suspira la Gran Observadora— los recortes decretados por el Consejo Marciano, tan necesarios como dolorosos, también afectan a nuestra institución. Es tiempo de sacrificios y renuncias y os puedo asegurar que he peleado hasta el último minuto para que los despidos fueran los menos numerosos posibles.

Cordwainer tira de la túnica a Tichy y le susurra:

—Y para que se queden sus colegas de toda la vida, Menuda arpía está hecha.

Tichy no le responde. Comprende el razonamiento de Cordwainer, además solo lleva siete mil años como Observador y aún no ha aprendido a callarse. De hecho, le encanta hablar:


—¿Sabes que lo van a privatizar, ¿no? Colocarán a sus primos, sobrinos y nietos y en unos siglos, seremos el hazmerreír de la galaxia —añade Cord, esta vez en un tono más alto.
—Lo que pase a partir de ahora no nos incumbe, compañero Cord —intenta calmarlo Tichy.
—Te equivocas, nos va a afectar y mucho. Mira, se dice que…

Un dron de protocolo se sitúa sobre Cordwainer y lo ilumina. No pasa ni un segundo hasta que aparecen dos soldados:
—Quizás prefieren seguir con la charla en una celda de hielo —dice uno de ellos.

Cordwainer y Tichy no responden y miran al frente. Saben que la más mínima réplica sería considerada como resistencia a la autoridad. La Gran Observadora parece que concluye el discurso:
—Les deseo lo mejor en su próximo destino laboral. Les recordaré con cariño y me permito recordarles que la Ley de Represión de la Pereza establece que han de encontrar una ocupación en menos de treinta días. ¡Que los dioses sean propicios a Marta!

La concurrencia se dispersa y quedan en la orilla los veintidós despedidos, como piezas de un juego que ya no sirven y nadie sabe dónde guardar.

—Tienen cinco minutos para dispersarse —anuncia uno de los soldados—. Permanecer en la Playa de los Despidos más tiempo del estipulado es ilegal.

Tichy suspira y contempla la arena roja, el mar de color violeta. Desde que hace treinta y dos años ganaron las elecciones Marcianos por Marta, cada vez había más cosas prohibidas, más soldados y más cárceles de hielo. Con lo frioleros que son los marcianos.

—Vamos a ir a tomar unas cápsulas de vino —les dice a Tichy y Cordwainer una de las despedidas— ¿Os apuntáis?
—¡Por supuesto! —proclama Cordwainer—, podemos estar una semana borrachos y luego ir a la Oficina de Contratación. ¡Venga, Tichy!

Por primera vez en setenta años y ocho meses, Tichy sonríe. Se encoge de hombros y acompaña a Cordwainer.