El billete era auténtico, lo había comprobado esa mañana, pero parecía que la locura de su dueño también lo era. Aquel señor se mostraba completamente relajado y razonable en su tono y pose, pero no en sus palabras”

OPINIÓN. Crónicas malacitanas
Por Augusto López y Daniel Henares. Ilustración: Fgpaez

03/04/24. Opinión. El escritor y profesor de escritura, Augusto López, junto con el también escritor, Daniel Henares, continúan con su sección semanal en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com, ‘Crónicas malacitanas’ https://linktr.ee/cronicasmalacitanas, un folletín cómico cósmico malaguita, que recupera el espíritu de los folletines del siglo XIX. Está protagonizado por unos marcianos que visitan Málaga, lo que sirve a los autores...

...para hacer crítica social. Cada capítulo trae consigo además un dibujo del ilustrador Fgpaez.

8

Victoria se despertó temprano, nada más abrir los ojos comenzó a especular sobre todo aquello. Sacó el billete y lo sostuvo en la mano para asegurarse de que aquello no había sido un sueño. Barajó algunas posibilidades sobre la identidad de aquel hombre; podría ser un loco millonario, también un delincuente. No podía situar bien su acento ni sus rasgos en ningún idioma o etnia.

¿Y si era un falsificador de billetes y le estaba tomando el pelo? Parecía lo más probable, lo más lógico y lo más simple. Guillermo de Ockham lo habría tenido claro, pensó Victoria, que conocía sus preceptos gracias a uno de sus hobbies, los podcast de filosofía. Por ello, se decidió a comprobar la autenticidad de aquel billete de 500€. Lo que no decían aquellos audios es que si el fraile medieval hubiera conocido aquella situación posiblemente se habría dedicado a cultivar su huerta.

Tichy despertó de una forma más sosegada. En primer lugar, esa noche colocó su cuerpo de forma horizontal, según el eje de gravedad, en el objeto denominado «cama», y la experiencia fue muy agradable; tanto, que cuando el sol tocó sus ojos deseó poder quedarse un ratito más. Pero si había algo más raro que un marciano sonriente, era un marciano displicente; con lo cual Tichy se levantó y se vistió sin demora.

Recordó que tenía media cereza como menú para hoy. La otra media había resultado muy nutritiva. La había dejado envuelta en el balcón, salió a cogerla y para su sorpresa notó que tenía una visita inesperada.


Contó doce pajarillos pardos en la barandilla de su terraza, piaban y se movían a saltitos y con movimientos breves y rápidos. Parecían alegrarse de verle. Tichy sabía lo que querían. Mientras el traductor le describía su naturaleza, el marciano pensó que esos pequeños animales podían ofrecerle poca ayuda. Pero reflexionó sobre esas extrañas energías que había en algunos planetas y seres vivos. Así que se dijo a sí mismo que sería prudente ser benigno con las formas de vida locales.

Espolvoreó sobre la mesa miguitas de dados marcianos, un alimento súper concentrado, y después se alejó. Los gorriones picotearon con frenesí y, en cuestión de segundos, todos huyeron a la vez como una nubecilla enfurecida.

Tichy escuchó un sonido que salía de él mientras la comisura de su boca se estiraba levemente. Se tapó la boca con una pizca de turbación.

¿Se había reído?

Aquel día era la final de la Champions, así que en la Plaza de la Merced a la hora de comenzar el partido podían contarse tres personas, y una era de piedra. Victoria sintió cierta inseguridad debido a lo inverosímil de la situación, no sabía qué esperar, pero confiaba que en este encuentro quedara todo claro. Cuando entró en la plaza sólo había dos jóvenes abrazados junto a la estatua de Picasso, echó un vistazo y vio a Tichy en el centro de la plaza, la esperaba tan envarado como siempre.

—Saludos, mujer. —dijo mientras ella se acercaba.

Victoria fue al grano.

—¿Quién es usted y por qué quiere que sea su guía particular?
—Soy un extraterrestre del planeta Marta, me llamo Tichy. Quiero que sea mi guía porque jamás había venido a este planeta.

Victoria quedó sin palabras por segunda vez en dos días; aquello se estaba convirtiendo en una mala costumbre. El marciano continuó.

—Este lugar es fantástico para el turismo intergaláctico, mi trabajo es hacer una guía de los mejores lugares de esta ciudad.

Victoria se recompuso. El billete era auténtico, lo había comprobado esa mañana, pero parecía que la locura de su dueño también lo era. Aquel señor se mostraba completamente relajado y razonable en su tono y pose, pero no en sus palabras. Pensó que quizá era un enfermo mental de alguna familia rica o algo así, seguro que lo estaban buscando; podría meterse en un lío al quedarse el dinero y, con honestidad, no era ético.

La mujer estaba a punto de sacar el billete, devolverlo y olvidarse de todo aquello, cuando el supuesto extraterrestre habló de nuevo.

—Humana, sé que este planeta es arcaico. No conoce los vuelos espaciales avanzados ni tiene tratos con especies de otros sistemas, tampoco hay un gran desarrollo en la ingeniería cerebral. Por tanto, deduzco que estás pensando que estoy… —El marciano consultó al traductor sobre un término local. —To grillao. Es eso ¿no?
—Pues no usaría esa palabra, pero el concepto es similar. —respondió la joven.
—Lo entiendo. Pero no se preocupe, hay una solución. ¿Le gusta volar?