Todo parecía empezar controlado, pero nada más lejos de la realidad: ‘El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra’. Pues… fue la quinta vez y con ella la quinta ola”

OPINIÓN. 
Colaboración
Por Nacho Romera.
Vecino comprometido por una ciudad mejor

13/09/21.
Opinión. Nacho Romera, vecino malagueño, inicia su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com en la que tratará temas sociales, con un texto sobre la pandemia, el turismo y la economía: “Todo hacía prepararse para lo peor en cuanto a restringir las actividades de los vecinos, pero nada más allá de la realidad, porque se tenía que reactivar la economía. Dimos por hecho que todos queríamos la vuelta...

...a la normalidad, pero, ¿a qué precio? El alcalde, Francisco de la Torre, salía a diario a notificar los contagios y las muertes, como el que sale a dar el parte meteorológico, pero no hacía nada al respecto”.

Un verano para olvidar. ¿Y ahora qué?

Verano 2021. Todos esperábamos un verano atípico. Deseosos de disfrutar pero mirando de reojo al anterior, donde por culpa de la pandemia fuimos confinados y con medidas drásticas por su avance.


Todo parecía empezar controlado, pero nada más lejos de la realidad: “El hombre es el  único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, pues… fue la quinta vez y con ella la quinta ola.

Todo hacía prepararse para lo peor en cuanto a restringir las actividades de los vecinos, pero nada más allá de la realidad, porque se tenía que reactivar la economía. Dimos por hecho que todos queríamos la vuelta a la normalidad, pero, ¿a qué precio?


El alcalde, Francisco de la Torre, salía a diario a notificar los contagios y las muertes, como el que sale a dar el parte meteorológico, pero no hacía nada al respecto.

Pronto, los turistas, como en otras localidades, vieron la oportunidad de pasar un verano normal en Málaga y no dudaron en llegar… y con ellos llegó el desfase. El centro de la capital se convirtió en una taberna sin tabernero. Y en plena ola se veían imágenes cochambrosas. Se llenaban las viviendas turísticas, que en su mayoría no cuentan con ningún tipo de protocolo COVID y tienen poco control administrativo. La plaza de la Merced, después de tantos años, se volvía a convertir en la plaza del Botellón. Llegamos a ver cómo a plena luz del día la gente se bañaba en una fuente romana con siglos de antigüedad, como si nada. Todo ello para desesperación de los vecinos, sin poder dormir por los gritos y ruidos y viendo como la policía pasaba del tema sin hacer nada. El Centro se convertía por momentos en un estercolero y todo en plena crecida de contagios.


Alcanzamos picos muy altos y fuimos la provincia con  la tasa de contagio de jóvenes más alta de Andalucía, pero no se hizo nada. El turismo se extendió a otros barrios. Empezaron por los más cercanos al Centro y más propicios para actividades de ocio: el Soho y Huelín.

Llegó la ‘No Feria’ y todo siguió igual. Dejadez por parte del equipo de Gobierno municipal. Como si no pasara nada. La gente incumplía las normas y no se montaba ningún dispositivo policial efectivo para dichas fechas.


Este verano, además de desconsuelo por una nueva ola sufrida por muchos malagueños, nos hemos visto desprotegidos. Sin medidas municipales reales contra ella. Y hemos podido comprobar que ha prevalecido la economía sobre la vida humana. Por una sola vida más que se hubiere salvado, hubiese merecido la pena el sacrificio.

Se acaba el verano y empieza la vuelta al cole. Y a otra estación del año. A otras actividades. Y a la incógnita de un escenario en el que todo sigue igual. Una ciudad sin ley para el turismo y el ocio. Sin escuchar a los vecinos. Inmersos en una crisis sanitaria que amenaza con la sexta ola. Y ahora qué. ¿Volveremos a tropezar con la misma piedra? Y si es así… ¿Qué?