Es fácil relacionar zonas con pelotazos previstos: En el caso del CEIP Domingo Lozano, es evidente la cercanía del futuro y futurista Centro Cultural Caixaforum, con “un jardín abierto al público””

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PINIÓN. El Blues de la señora Celie. Por Ainhoa Martín Rosas
Licenciada en Sociología y diseñadora, @aimaro6

30/01/24. Opinión. Ainhoa Martín, socióloga y diseñadora, en esta colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com escribe sobre el cierre de colegios: “En estos tiempos todo suelo es susceptible de ser subastado al mejor postor, y eso incluye las parcelas ocupadas por los colegios ya que, total, con un crecimiento poblacional negativo en la capital, es de esperar que de aquí a una década se produzca...

...una debacle generalizada de centros docentes”.

Operación colegio

Qué bueno es el carnaval para poner a cada uno en su sitio. Casi consumido el primer mes del año, febrero despunta y ya huele a murga, comparsa, coro y cuarteto, y resuenan las quejas ciudadanas reconvertidas en chascarrillos y coplas sentidas. Por una vez, la ciudadanía es la protagonista, y no los gerifaltes locales. Este año me ha llamado la atención especialmente una murga llamada: “El último superviviente”, una fantasía que recrea la resistencia estoica de los pocos vecinos autóctonos que van quedando en los barrios tradicionales, rodeados de apartamentos turísticos y asediados por la gentrificación y turistificación salvaje.

Hace unos años la figura de la resistencia habitacional ya existía durante el boom inmobiliario de la etapa Aznar. De hecho, se popularizó el apelativo de “asustaviejas” para definir a los caseros que, frotándose las manos en espera de pingües beneficios, se dedicaban a hacerles la vida imposible a sus inquilinas, ignorando el estado lamentable de sus casas y en espera de que el Ayuntamiento las declarara en ruinas, para poder proceder al desahucio y construir un nuevo bloque listo para vender al despiece.

La situación entonces fue terrible pero ahora es, si cabe, más grotesca: En estos tiempos todo suelo es susceptible de ser subastado al mejor postor, y eso incluye las parcelas ocupadas por los colegios ya que, total, con un crecimiento poblacional negativo en la capital, es de esperar que de aquí a una década se produzca una debacle generalizada de centros docentes. Tarde o temprano la oferta educativa deberá ajustarse a la cantidad de usuarios, por muy desagradable que sea para las autoridades ponerle el cascabel al gato y reconocer que vamos a tener un problema con esto.

A mí me gustaría pensar que los colegios podrían volver como equipamiento ciudadano y de servicios para los contribuyentes que los hemos pagado y mantenido: casas de la cultura, casas de la juventud, centros de formación, incubadoras de empresas, bibliotecas, gimnasios, salas de ensayo, etc. Pero resulta que en esta santa ciudad siempre tiene que haber un intermediario concesionario que ponga la mano, que se lleve un tanto por ciento, que reciba la subcontrata de gestión de turno (a poder ser a muchas décadas vista), obviando que los que ponemos el suelo de la casa para hacer la fiesta somos nosotros.


Es fácil relacionar zonas con pelotazos previstos: En el caso del CEIP Domingo Lozano, es evidente la cercanía del futuro y futurista Centro Cultural Caixaforum, con “un jardín abierto al público” (eso me hace sospechar que el resto de instalaciones serán “a paganini”). En el caso del colegio de la barriada de Intelhorce es notoria la vecindad del Distrito Zeta, el nuevo “barrio inteligente y sostenible de Málaga” (debe de ser que los barrios tradicionales de Málaga nunca han sido ni inteligentes ni sostenibles…). Un último caso me duele especialmente porque fue mi colegio, el Doctor Gutiérrez Mata, defendido con uñas y dientes por su comunidad educativa y las asociaciones vecinales de La Pelusa y El Palo. Allí podemos ver pancartas que rezan: “este es un magnífico colegio” o “aquí enseñamos con el corazón”. Probablemente los que visualizan la playa, los chiringuitos, los apartamentos turísticos y el futuro metro en un mismo barrio, no tienen corazón ninguno para indultar a un bocado tan apetecible de terreno…

Está por ver si en el futuro próximo alguien le querrá poner el cascabel al gato, si algún grupo político local se decidirá a admitir que tarde o temprano habrá que hacer un reajuste, pero que dicha reestructuración no debería consistir en entregar sin más el usufructo al primer advenedizo que pretenda sacar partido de esta vieja ciudad, exprimiendo nuestro patrimonio inmobiliario como si de la última naranja de la temporada se tratara.

Y está por ver también si ha nacido el periodista o medio valiente que sea capaz de sacar a la luz esa tela de araña invisible, pero patente, que une a determinadas empresas, sociedades, lobbies, bancos…con los terrenos de nuestros colegios, donde muchos de nosotros nos formamos y crecimos, y donde, ojalá, estudien muchos malagueños más: Porque un terreno vale mucho dinero, pero el valor de la educación es incalculable.