El documental “El cas Rosell” emitido por la televisión autonómica catalana ha sido “afeitado” como a los toros peligrosos por órdenes de la dirección del canal. Se lo cuento y ustedes opinen, porque algunos profesionales dicen que eso no es censura…

OPINIÓN. ¿Me quieren oír? Por Dardo Gómez

Periodista

19/05/20. Opinión. El conocido periodista Dardo Gómez reflexiona en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre un documental de Víctor Lavagnini que trata el juicio contra Sandro Rossel, y que fue sido modificado por parte de la dirección de TV3 y de su departamento de Deportes, causando la petición del autor a que retiraran su nombre del documental por considerar que su contenido...

...había sido tergiversado por el canal de televisión.

Le pueden llamar criterio profesional, para mí, es censura

En la noche del pasado 17 de mayo la emisora autonómica catalana TV3 emitió un documental largamente esperado, “El cas Rossell”; que gira -claro está- en torno a las peripecias del empresario catalán y ex presidente del Fútbol Club Barcelona Sandro Rossell. Quien estuvo investigado durante dos años y soportó 643 días de prisión preventiva; tras los cuales fue puesto en libertad y declarado libre de culpa y cargo.


Hubiera sido imposible que un personaje como este no hubiera despertado la atención de los periodistas; a pesar de su resistencia a aparecer en público, el periodista Jordi Évole se apuntó la primicia de entrevistarlo en su penúltimo “Lo de Évole”.

Lo que muchos no sabían, en ese domingo de marzo, era que ya existía en la cadena catalana un documental ya editado y titulado “El cas Rossell”. Un trabajo que había sido realizado por el periodista Víctor Lavagnini Ventura, un acreditado profesional de la casa y especialista del periodismo deportivo.

El trabajo de este profesional recorría todo el proceso policial y judicial y culminaba con una entrevista a Rossell realizada el pasado 18 de febrero; esta fue la primera que se le hizo tras su salida de la cárcel, pero la inexplicable demora en su emisión permitió que La Sexta se llevara ese mérito.

Algo que, supongo, debió haber molestado a Lavagnini; ya que en un twitt dirigido al colega dejaba esto: “Es la primera entrevista que se emite, sí, por TV. La segunda, grabada a principios de febrero, pertenece al documental ‘El cas Rosell’, todavía pendientes del día de emisión por TV3. Te has adelantado. Felicidades”.

Un documental en el limbo de la dirección

Por fin, en abril, la dirección de TV3 y de su departamento de Deportes decidieron una edición final de ese reportaje para su emisión; hasta ahora nadie ha sabido explicar las razones de esa demora.


En ese momento, el director y guionista del reportaje cae en la cuenta de que a su documental se le han “caído”, por órdenes superiores, tramos que él considera fundamentales para la completa comprensión del documento.

Supongo que por medio habrá habido alguna otra gestión interna, pero en algún momento el periodista fue ganado por la certeza de que los directivos de TV3 pasaban mucho de su inquietud profesional. Así es que el pasado 5 de mayo, Lavagnini dirigió una carta al director del canal, Josep Vicent Sanchís, con copia al Consejo Profesional de la empresa, para solicitarle, apelando a la cláusula de conciencia contemplada en el estatuto de redacción, que retirara su firma de ese trabajo por considerar que su contenido había sido tergiversado por el canal.

El autor expresa para fundamentar la demanda que su documental “es un ejemplo de pulcritud informativa en cuanto a una exposición de los hechos absolutamente contrastada. La voz en off del narrador no expresa ni una sola hipótesis, ni sospecha, ni ninguna conclusión valorativa contra ningún organismo o persona. Todo el texto está documentado de manera innegable, manifiesta e irrebatible. Desde la exposición inicial, la síntesis de la querella de 31 de marzo de 2017, hasta la fase final del procedimiento: el juicio oral”.

Seguidamente expone: “La censura informativa de la Dirección de Televisión de Cataluña, autoridad editorial y máxima responsable de la parrilla de programas y de sus contenidos, se produce en la eliminación de un fragmento que forma parte de la misma causa judicial, concretamente, de la fase inicial de instrucción dirigida por la magistrada de la Audiencia Nacional Carmen Lamela Díaz, actuación de la señora jueza sobre una empresa encausada que el espectador se pierde”.

Por último, señala que también ha sido alterado el epílogo que él había dado a su documental que cerraba con una reflexión, en voz en off de Sandro Rosell; que está extraída del libro “Una forta abraçada", del propio Rosell.

Lavagnini culmina su carta a la dirección señalando: “Esta es mi razonada objeción de conciencia. Mi posicionamiento profesional. No quiero entrar en otros aspectos como la mala praxis del jefe de Informativos David Bassa, que no tiene ningún valor por que no está contemplada ni en el Estatuto Profesional, ni en el Código Deontológico, a pesar de haber vulnerado mi ejercicio profesional gravemente.”

Y comienzan los nervios en la casa de TV3

No creo que esa demanda fuera un documento privado; diría que -se esté de acuerdo o no con lo que expone- un documento de esta textura, por lo que denuncia y por los organismos a los que se dirige, tiene todo el carácter de público.

Sin embargo, varios directivos de la empresa -en un alarde de torpeza intelectual- se lanzaron a la infructuosa caza del “filtrador”, cuando esta demanda fue recogida en la web de la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP) el pasado 15 de mayo; los nervios se alteraron aún más cuando esa noche saltó a medios como “Sport” y “Mundo Deportivo”.

Para entonces ya se había pronunciado el Consejo Profesional, tras un trabajo de casi diez días, y en consecuencia estaba al caer un comunicado del Comité de Empresa del canal.

El primero de ellos señalaba: "Damos apoyo a la solicitud de amparo hecha por Víctor Lavagnini y reconocemos su derecho de acogerse a la cláusula de conciencia y a no firmar el documental. Su decisión está justificada, no comparte las enmiendas que se le piden desde la dirección de Deportes. Estas modificaciones se han hecho con criterios informativos y no alteran la tesis del documental. No apreciemos, pues, ningún acto de censura", dice su dictamen. De alguna manera, dice que si el autor imagina que ha sido censurado por el “acto profesional” de recortar su trabajo sin su autorización tiene derecho a pedirles amparo; pero ellos creen que no hay censura.

Algo difícil de entender, ya que el Estatuto de Redacción como el propio Codigo Deontológico del Col.legi de Periodistes de Catalunya que lo inspira al respecto, señalan que los periodistas “podrán negarse a participar en estos contenidos, siempre que, en la forma o en cuanto al mismo contenido, se vulneren o sean contenidos audiovisuales contrarios a los principios éticos y deontológicos de la comunicación”.

Por lógica, si los miembros del Consejo Profesional no advierten que haya censura no le pueden otorgar al demandante el derecho a negar su firma; porque no habría fundamento para ello, ya que en todos los códigos y estatutos conocidos se le exige al autor que fundamente su demanda para otorgarle ese derecho.

Y dejo de lado que, desde hace años, los periodistas venimos reivindicando que nuestras piezas no pueden ser manipuladas, simplemente manipuladas, por nuestros jefes sin previa autorización del autor.

No todos piensan igual en esa casa

El comunicado del Comité de Empresa apunta criterios distintos ya que, aunque evita la palabra censura, lamenta que el trabajo “no se emita íntegramente y firmado por su director y guionista”.

El órgano de representación de los trabajadores reconoce que la Dirección del canal y el de la sección Deportes “han creído necesario suprimir del documental un fragmento de una interlocutoria de la causa dictada el 2015 por la magistrada instructora de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, que archivó el procedimiento de uno de los cuatro encausados: Imagina Group, matriz de la empresa audiovisual Mediapro.
Finalmente, el 2018, la filial OS Imagina se declaró culpable de la participación de dos ejecutivos en un sistema de sobornos a directivos de la FIFA para obtener derechos de competiciones y pactó una multa de 24 millones de dólares con la justicia de los Estados Unidos.
Entendemos las razones profesionales del compañero para no firmar, y creemos desafortunado, se le quiera decir censura o no, eliminar del programa hechos innegables.”


Aquí la filigrana es menos torpe, pero igualmente conduce a la confusión; porque hay que interpretar que la desfortuna de esos directivos los ha llevado a aplicar una censura, “se le quiera decir censura o no”. Además, aporta que los recortes ordenados son los que involucran a la empresa Mediapro.

Aunque no lo dice, merece apostillarse que el copropietario de Mediapro es Jaume Rouras; cuyos intereses han aparecido repetidamente vinculados a los de TV3 y de la Generalitat de Catalunya. Algunos memoriosos han recordado que el actual director de TV3, fue director de Barça TV bajo la presidencia de Joan Laporta, canal que era producido y gestionado por Mediapro, que en aquel momento gestionaba los derechos audiovisuales del FC Barcelona.

Es que el comunicado del Comité dice sin terminar de decir, pero deja la punta del hilo fuera del ovillo para que tire de él quien quiera indagar en razones. Yo no lo haré.

Así no vamos bien, sino bien a peor

Más de una vez me he expresado sobre la ineficacia de los códigos deontológicos y de los organismos encargados de velar por ellos, pero que poco hacen por su cumplimiento. Cosa que no pueden ni podrán hacer mientras carezcan de los recursos legales o del prestigio social que obliguen a su cumplimiento.

De dinamitar las posibilidades legales se ocupan a diario las asociaciones y colegios profesionales, que niegan toda posibilidad de regulación del derecho a la información. Como si hubiera algún derecho garantizado por la mera voluntad de los que quieren pisotearlos.

En cuanto a que las normas internas de autorregulación que se empeñan en darse los periodistas sean respetadas por el prestigio social de los guardianes, creo que dictámenes como los del Consejo Profesional de TV3 Televisió de Catalunya, van a ayudar muy poquito.

Es una pena, porque este órgano interno ha tenido intervenciones ejemplares que yo he ponderado y que han sido muy oportunas en algunos casos ante  silencios ominosos del degradado Consell Audiovisual de Catalunya (CAC) o del estéril Consell de la Informació de Catalunya (CIC).

Creo que no me voy a equivocar si barrunto que este, para mi, claro caso de censura y manipulación informativa no será condenado por ninguno de ellos, ni por alguna otra organización profesional.

Bueno, yo también me equivoco muchas veces; me gustaría que esta fuera una de esas…

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