Quisiera ser mujer feminista, migrante sin papeles, transexual negro y comunista, llegar en patera y revolcarme en la pobreza que me impone el sistema que defendéis; pero sólo soy un periodista sindicalista que quiere salvar a sus nietos de vuestra maldad

OPINIÓN.
¿Me quieren oír? Por Dardo Gómez
Periodista

07/07/23. Opinión. El conocido periodista Dardo Gómez reflexiona en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre las formaciones políticas de ultra derecha, como Vox: “Aunque estén legalizadas, utilizan las mismas proclamas de odio y difunden las mismas ideas simples que se basan en la persecución de inocentes a los que se les atribuye todos los males del sistema cuando son sus primeras víctimas”...

La peste que quiere volver y que nos amenaza con su crueldad

Estamos soportando una de las peores etapas de la cultura occidental. Los dirigentes de los Estados europeos tanto por negligencia como por incompetencia, desvergüenza, falta de confianza en la verdad y otras cuantas cosas nefastas han generado un panorama generalizado de corrupción. Al mismo tiempo, intereses miopes han permitido que se debilitara la necesaria vitalidad de la representación parlamentaria y como consecuencia de lo anterior han sacrificado la independencia de los poderes que habíamos creado para garantizar los derechos de la ciudadanía y que deben ser el fundamento de la democracia.


A esta enorme falencia de nuestro sistema se ha sumado el renacimiento del capitalismo salvaje; un capitalismo que no reconoce obligaciones sociales. Al tiempo que los pensadores neoliberales llenan las escuelas de economía del discurso y las razones del supuesto derecho de las empresas económicas a colocar sus beneficios económicos como un objetivo supremo que está por encima de todo derecho humano.

Con este panorama es comprensible que gran parte de la ciudadanía haya sido ganada por la desconfianza sobre los valores de la democracia; ya que, muchas veces, cuesta discernir entre las esencias de las cosas y las malas praxis que se hacen de ellas.

Amparados en esta realidad innegable distintos grupos nostálgicos impulsan teorías míticas que pretenden llevarnos a mutilar valores como los derechos humanos o empañar con torpes engaños valores como los de la libertad o hacer creer a los menos informados que no es el sistema el que está fallando y que hay que buscar a los culpables de esta realidad dolorosa en algunos individuos diferentes y convertirlos en victimas de su odio.

Los que creemos en la evolución de la humanidad y en la necesaria mejora de la condición humana vivimos estos tropiezos de la civilización con la justificada esperanza de superación que nos brinda el análisis humanista de la historia. Una historia que la ultraderecha, blanqueada por los empresarios, los medios de comunicación y sus mentiras, quiere revertir hacia el imperio de la intolerancia. Con esto, se pretende negar, disparando por elevación, las crímenes de la ultraderecha en el siglo XX.

Y pueden volver, hay que responder

Si comprender es imposible, conocer es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también... Así nos prevenía Primo Levi, víctima de los nazis en Auschwitz por el simple hecho de ser judío.

Hoy admitimos, de manera incauta, que esa ultraderecha se disfrace de Vox como si fuera una formación constitucional como ocurrió cuando el advenimiento del nacionalsocialismo alemán y el fascismo italiano que, como demostraron con sus hechos, no eran un partido más. Como no lo son hoy las formaciones políticas que, aunque estén legalizadas, utilizan las mismas proclamas de odio y difunden las mismas ideas simples que se basan en la persecución de inocentes a los que se les atribuye todos los males del sistema cuando son sus primeras víctimas.


Quienes abogan por que se deje a los migrantes morir en los desiertos o en el mar están induciendo al genocidio; con la misma falta de escrúpulos impulsan a torturar a gays y personas de otras tendencias sexuales mediante tremendos tratamientos carentes de todo rigor científico con la pretensión de “sanarlos” de una enfermedad que no padecen. Son los mismos que recorren las noches de muchas ciudades para, en su locura aporofóbica, eliminar por fuego y golpes a personas pobres como si fueran culpables de serlo.

Muchos nos preguntamos a quiénes o a qué protegen esos constitucionalistas españoles cuando desconocen el vigente artículo 510 del Código Penal, que señala que será aplicada pena de prisión y multas a quienes “públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad”.

Parece una radiografía de Vox.

Los derechos humanos no son debatibles

La expresión política de la ultraderecha española es el partido político Vox; aunque existen más de una razón para llevarlo a los tribunales y solicitar su ilegalización por distintos delitos de odio o exaltación de crímenes de lesa humanidad, la justicia española aún no se ha decidido a prevenir los daños sociales con que nos amenaza esta peligrosa formación.

El noviembre de 2019 este partido proclamó que "no dará un paso atrás" para alcanzar su objetivo de expulsar de territorio español a los inmigrantes irregulares “sean mayores o menores”. Esta enormidad no es posible ejecutarse ya que la Convención de los Derechos del Niño de la ONU impide la expulsión de los menores de edad.

Ante esto el presidente de Vox, Santiago Abascal, desde su escaño en el Congreso de los Diputados, manifestó que pondría a estudio de su partido pedir al Estado español que se descuelgue de este convenio de Naciones Unidas, que es el acuerdo internacional con mayor respaldo de naciones y que ya tiene una vigencia de treinta y dos años.

Por ese tratado los Estados firmantes, entre ellos España, se obligan a dar prioridad al “interés superior del niño” en cualquier medida que le afecte; a no discriminarlo por razón de sexo, religión, origen nacional, étnico o social; y a garantizar la protección de todos sus derechos. Lo que impide las expulsiones masivas e indiscriminadas de menores extranjeros no acompañados (MENA).

Nada de todo esto tiene sentido ni es verosímil en un mundo global donde solo mentes  cerradas pueden imaginar que la humanidad puede desandar el camino hacia un pasado de horrores que, si aún sigue presente, es precisamente por la vulneración de los principios consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Lo que la ultraderecha silencia es que esta Declaración Universal de los Derechos Humanos fue la respuesta que decidió darse la humanidad a los “actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad” cometidos durante la Segunda Guerra Mundial por el fascismo y el nacional socialismo.


El rechazo de la ultraderecha a estos derechos fundamentales es el mayor peligro al que nos enfrentamos, ya que nos abocan al tremendo riesgo de repetir aquella ignominia contra los seres humanos y, en el corte plazo, la mayor pérdida de libertades que muchos aún no se imaginan.

Sé que para muchos un tsunami de crueldad parece imposible, por lo mismo os invito a hacer un recorrido por los colectivos que la ultraderecha global considera ajenos al orden nazi y que deben ser privados de sus conquistas. Otros, con pueril cobardía confían en que a ellos no los tocarán porque “no han hecho nada”; les adelanto que se equivocan y confío en que este julio, los partidarios del afecto y la solidaridad demostremos que no estemos dispuestos a consentir este nuevo avance la maldad.

Los otros también somos nosotros

“Primero se llevaron a los judíos,
pero como yo no era judío, no me importó.
Después se llevaron a los comunistas,
pero como yo no era comunista, tampoco me importó.
Luego se llevaron a los obreros,
pero como yo no era obrero, tampoco me importó.
Mas tarde se llevaron a los intelectuales,
pero como yo no era intelectual, tampoco me importó.
Después siguieron con los curas,
pero como yo no era cura, tampoco me importó.
Ahora vienen por mi, pero es demasiado tarde”

Este poema lo escribió el pastor protestante alemán Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller (1892-1984), que había tonteado con los nazis porque compartía con ellos cierto antisemitismo y despreciaba el movimiento obrero de su país, cuando se dio cuenta de la magnitud de su error y lo expresó fue a parar a los campos de concentración de Sachsenhausen y Dachau.


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