OPINIÓN. ¿Me quieren oír? Por Dardo Gómez
Periodista


17/02/14. Opinión. El periodista Dardo Gómez colabora con su columna habitual en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un mes más, y aprovecha la coyuntura (en la que el conflicto de Gamonal se enfría) para hablar de la cobertura de los medios ante estos sucesos. “Un vecino de ese barrio irrumpió en la antena de RNE y se oyó ‘¡No digas mentiras!’. Esa voz tendría que haber sonado como una explosión en los oídos de todos los periodistas españoles”.

Ahora, que ya no “arde” Gamonal

“Que las verdades no tengan complejos, / que las mentiras parezcan mentira, (…)
que ser valiente no salga tan caro, / que ser cobarde no valga la pena”.
— Sabina.

TRANSCURRIDAS algunas semanas de los sucesos vividos en el barrio burgalés de Gamonal, quisiera hacer alguna reflexión; no sobre los hechos, sino cómo han cubierto esa información algunos medios, sobre la reacción de parte de los vecinos ante algunos informadores y si la respuesta corporativa que esta reacción ha merecido es la acertada.

CUANDO un vecino de ese barrio irrumpió en la antena de RNE -dicen que arrebatando el micro al informador- y se oyó "¡No mientas! ¡No digas mentiras!”; esa voz tendría que haber sonado como una explosión en los oídos de todos los periodistas españoles.

NUNCA antes habíamos oído de forma tan directa una acusación tan grave, inmediatamente fundamentada por el mismo acusador “Comercios ni uno: bancos, que entendemos que también son culpables. Bancos, comercios ni uno", afirmó rotundo el vecino.

EL informador, de manera vaga, admitió que el protestón llevaba razón; mientras, un segundo informador terció para solicitar que dejaran trabajar a su colega y el primero cerró el tema señalando: “Podéis comprobar la tensión…”.

PODRÍA haber añadido, que la tensión la había generado él y otros informadores al informar de manera incorrecta de lo que ocurría. Simplemente, a él lo habían cogido “in situ” y con el cuerpo del delito. Lo siento…

Pero hubo más

PERO en esos días hubo más, los vecinos tomaron como la meca de todas sus protestas el edificio de Promecal, la editora multiplataforma que edita y/o participa en diez periódicos de información general de Castilla y León y Castilla La Mancha, explota sus frecuencias radiofónicas en Castilla y León de la mano de Onda Cero y gestiona la radio fórmula 'Vive! Radio'. Además está presente en el audiovisual través de Navarra Televisión y de Radio Televisión de Castilla y León, adjudicataria de la cadena autonómica Castilla y León Televisión.

EL propietario de Promecal, Antonio Miguel Méndez Pozo, lo es también -a través de un complicado accionariado como demuestra el investigador Pascual Serrano- de la empresa inmobiliaria con intereses directos y demostrados en la obra proyectada que irritaba al vecindario.

 

ESTOS podían equivocarse en el cómo, pero no iban desorientados en la dirección de su irritación.

LOS periodistas de Promecal y de otros medios de la zona se sintieron agredidos por los eslóganes que se gritaban contra sus medios y, también, por algunos huevos contra los cristales de la redacción.

Al servicio de quién…

LOS trabajadores defendieron la objetividad con que habían informado de los hechos y el colectivo de periodistas locales expresó "su más rotunda condena a cualquier actividad violenta y al acoso sufrido por los profesionales que están realizando su trabajo al servicio de la sociedad que merece ser informada”.

LO vuelvo a lamentar, pero las hemerotecas no lo confirman.

CUANDO se llevaban ya tres días de manifestaciones el Correo de Burgos jaleaba a toda portada “Las máquinas vuelven hoy a Gamonal sin achantarse ante la violencia urbana” y, el mismo día, Diario de Burgos publicaba un artículo titulado “Las diez grandes mentiras”; refiriéndose a las razones de las protestas expresadas por el vecindario; pero resulta que con la información disponible, podemos adjudicarlas al diario.

EL 17 de enero el Norte de Castilla (medio de Vocento) descartada ya la primera y falsa información, admite que todos los detenidos en los disturbios tienen su residencia en Burgos y que ninguno tiene antecedentes por desórdenes públicos. Sin embargo, apostilla “No parece que nadie haya viajado a Burgos para liderar ejercicios de guerrilla urbana, pero esas tácticas están ya al alcance de cualquier persona a través de Internet”. Vosotros mismos…

Manda huevos

EL 17 de enero en “La mañana” de TVE su conductora, la periodista Mariló Montero, con la complicidad de algunos de sus contertulios, perpetró una vergonzosa encerrona a uno de los activistas del vecindario de Gamonal.

A cuenta de los dichosos huevos arrojados (también hubo una piedra contra los antidisturbios que dio en un informador) el entrevistado se vio sometido a un asedio en toda regla por parte de estos tertulianos que le negaban hasta su legitimidad a expresarse en nombre de sus vecinos.

EL espectáculo era de tal agresividad que este vecino les preguntó si creían que lo más importante de lo que estaba ocurriendo era que se arrojaran huevos y, sin llegar a emplear el tono desproporcionado de los tertulianos, les recomendó que se moderaran porque, las consecuencias de sus términos desafortunados era lo que estaban sufriendo sus colegas sobre el terreno. Huelga decir que se sintieron “amenazados”.

EN medio de este jaleo hay que rescatar las palabras sosegadas de Fernando Ónega que pidió que “no lo agitemos más desde esta mesa” y no tuvo empacho en reconocer que “se ha manipulado con la información” y reclamó “claridad informativa”; poco pudo hacer su profesionalidad en el mar de la necedad.

De errores y torpezas

DURANTE varia horas fue comentario estrella en las redes sociales las críticas a una reportera de La Sexta que informaba "Un grupo de jóvenes está golpeando todo el mobiliario urbano, están bastante alterados, se vive mucha tensión. Están pasando con muchísima violencia", y aunque aseguraba “Como veis, lo estáis viendo en directo… Con muchísima violencia…” los televidentes no veíamos ninguna acción de ese tipo.

EL 20 de enero la cadena de noticias Europress tuvo que emitir la siguiente aclaración: “Una de nuestras fuentes de imágenes son los intercambios de otras televisiones. En este caso las imágenes venían de TVE vía los intercambios de Eurovisión. En cuanto recibimos los comentarios de los usuarios y verificamos que ese plano no se correspondía con los hechos modificamos el montaje”.

ESAS imágenes incorrectas atribuían a las manifestaciones de Gamonal el incendio de coches, y lo que denunciaron los televidentes era que correspondían a desordenes ocurridos en Lasarte durante el fin de semana.

EN ambos casos y con la mayor buena fe podemos descartar la intencionalidad, pero resulta imposible disimular la torpeza y la falta de rigor.

COMO tampoco podemos negar que en todas las redacciones se sufre la presión constante para ofrecer drama donde no lo hay y vender espectáculo donde hay noticia.

VARIOS otros desmanes informativos sobre este caso están al alcance de todos en las redes, pero no es mi intención el escarnio de colegas; simplemente, apunto ejemplos para preguntar si no consideran que es tiempo de plantearnos si lo estamos haciendo bien.

Papel y ladrillo

PUEDE sonar feo y hasta parecer insolidario, pero me niego a refugiarme tras el muro del gremio y no enfrentar la realidad de este periodismo decadente que se miente queriendo creer que si estamos en picado es solo por la crisis de la publicidad.

NO se nos ocurre pensar que nuestros lectores pueden estar hartos de nosotros o de nuestros medios y que ese vecino de Gamonal que arrebató el micrófono, simplemente, recuperó por unos instantes algo que le pertenece y le tenemos secuestrado.

SIN duda, han ocurrido hechos de manipulación o alteración de la información muchos más graves que los que han rodeado los hechos del barrio burgalés, pero la circunstancia de ser algo tan cercano y acotado en el tiempo ofrece las mejores condiciones para que nos detengamos a analizar el trabajo que nos están obligando a realizar nuestros medios y jefes.

SI algún periodista español niega o dice desconocer la conexión que hay, en muchos espacios de la ibérica, entre los especuladores del ladrillo y el mundo editorial local y cómo desde este se ha respaldado la especulación y la corrupción está claro que miente o es tonto. Y esto, por supuesto, incluye a los que trabajan en esos medios. Por lo tanto, vayamos con tiento y no seamos ligeros a la hora de juzgar lo sucedido y pretendamos resolverlo con disciplina de cuerpo y jarabe de una pretendida libertad de prensa ya gastada de los maltratos propios.

TAMPOCO es momento de irritarnos ante la ciudadanía indignada que nos hace partícipes responsables de la manipulación informativa que cometen a diario los medios para los cuales trabajamos.

Miremos frente a los culpables

LA última encuesta de la situación periodística elaborada desde la APM ya ha dejado claro que la gran mayoría de los profesionales encuestados han manifestado ser censurados por sus medios. No se pretenda olvidarlo ahora.

ESOS profesionales lo reconocen en una encuesta, pero tienen escasa o nula capacidad para reclamar su independencia y respeto por su trabajo dentro de las redacciones.

SI siempre ha sido de canallas reclamar valentía a los otros; en tiempos de tremenda incertidumbre laboral como los que vivimos sería aún más miserable pretenderlo; cada uno manejamos nuestros miedos como podemos.

PERO tampoco es tiempo de negar nuestras miserias ni de disimular la identidad de los verdaderos culpables, ni de perdonar a quienes nos han metido el miedo en las redacciones y nos obligan, por hambre, a ejercer nuestra profesión desde nauseabundas trincheras informativas.

YA sé que en esta tropa hay de todo; pero son muchos los colegas que sufren impotentes esta miseria informativa y que sienten que aunque les guste su trabajo, no les gusta como les están obligando a hacerlo.

LA manipulación es tan condenable en Tokio como en Gamonal y no se puede disculpar o disimular bajo una supuesta “línea editorial”. Hay derecho a defender cualquier posición, ideología o conveniencia con los argumentos más antojadizos -eso es la libertad de expresión-; pero tergiversar la información y alterar la realidad de los hechos no forma parte de ninguna línea editorial y no se puede esgrimir la libertad de prensa en defensa de la mentira.

AUNQUE esto no se lo crean los dueños de los medios, que defienden cada día que pueden ofrecer la información como se les antoja y que no se les puede exigir que desempeñen una función pública.

CADA día y hora que pasa se hace más necesaria una legislación que garantice a la ciudadanía su derecho a recibir información veraz y plural; pero esto será imposible si esta misma legislación no garantiza la pluralidad y la independencia informativa dentro de los medios.

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