“Sus efectos ambientales se conocen como contaminación acústica, y es reconocido como uno de los factores que afectan a la calidad del aire, hecho por el cual tiene una regulación jurídica, que establece los umbrales máximos de ruido”

OPINIÓN. El buen ciudadano. Por Rafael Yus Ramos
Coordinador del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía

29/12/20. Opinión. El coordinador del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía (GENA), Rafael Yus, escribe este artículo para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el impacto del ruido de las motos de agua: “El ruido de las motos de agua es especialmente molesto. Es un ruido diferente del de otras embarcaciones motorizadas, como el de las lanchas motoras. La diferencia, y base del problema...

...acústico que ocasionan, es que las motos de agua saltan continuamente sobre la superficie del agua. Este hecho magnifica su impacto de ruido”.

“Primavera ruidosa” (1). El impacto de las motos acuáticas sobre la salud de los ecosistemas marinos, la economía del turismo y la seguridad de las personas

Como muchos recordarán, en 1962, la periodista ambiental norteamericana Rachel Carson escribió la famosa obra titulada Silent Spring (Primavera silenciosa), una figura retórica para enfatizar la reducción de aves motivada por los efectos ambientales del abuso de insecticidas, particularmente el DDT, por entonces en apogeo. Medio siglo después lo que nos preocupa es el ruido (palabra que significa “sonido molesto”), no cualquier ruido, sino el ruido provocado por la actividad humana, que se le denomina ruido antropogénico. Sus efectos ambientales se conocen como contaminación acústica, y es reconocido como uno de los factores que afectan a la calidad del aire, hecho por el cual tiene una regulación jurídica, que establece los umbrales máximos de ruido, a partir de cuyos valores se alcanza el discomfort (malestar) y las afecciones psicológicas y fisiológicas para la salud de las personas. Lamentablemente, nos hemos preocupado mucho menos por las afecciones del ruido en otros seres vivos, aunque algo se advierte en las normas del turismo en áreas de importancia para aves, o los espacios naturales protegidos, si bien no de forma contundente. Cuando trasladamos esta problemática al medio marino, nos sorprende enormemente la falta de regulación de los ruidos. De hecho, mientras que en 1962 nos quejábamos de una “primavera silenciosa” (por la falta de aves) ahora, que gran parte de la población se ha trasladado temporal o permanentemente al litoral, nos deberíamos quejar por una primavera ruidosa, producida en gran parte por las embarcaciones recreativas, a motor, entre las que últimamente destacan, por su proliferación en las costas, las genéricamente llamadas motos náuticas, cuyas consecuencias ambientales y económicas, advertidas en numerosos países, y demostradas por más de dos centenares de estudios científicos de alto nivel, vamos a intentar resumir en este artículo.

¿Qué es una moto náutica?

Cualquiera que haya paseado por una playa sabe a qué nos referimos con el término “moto náutica” (o moto acuática), una embarcación recreativa personal (en inglés: PWC: Personal Watercraft) que en realidad alude a diversos tipos de embarcaciones que simulan el funcionamiento y ruido de una moto, aunque su funcionamiento es distinto no sólo de una moto, sino también de otra embarcación a motor, pues su impulsión, en lugar de hacerlo una hélice lo hace un chorro de agua impulsado por una turbina que es accionada por un motor de gasolina. El agua entra pasivamente por debajo de la embarcación, gracias al impulso de ésta, y la turbina la impulsa hacia una tobera o boquilla trasera, originando un chorro impulsor. La dirección no es con timón como otras embarcaciones sino por orientación de la tobera del chorro, que se acciona manualmente desde el manillar de la embarcación. Obviamente, cuanto más se acelere la turbina la moto se impulsará más rápidamente. Hay dos modalidades de motos náuticas: las monoplaza (jet-ski) y las multiplaza (runabout). La potencia es variable, pudiendo ser de dos tipos: A (igual o superior a 110 CV), B (entre 55-110 CV) y C (inferior a 55 CV). Para conducir una moto náutica se necesita tener más de 18 años (16 con consentimiento del padre), una licencia de navegación (excepto si es de alquiler en cuyo caso la moto no puede ser de más de 5 m de eslora y 55 CV de potencia, no alejándose más de 2 millas marinas, solo por circuitos fijados por la empresa). Las motos tienen que guardar una distancia mínima de 50 m con otra moto, navegar a más de 200 m de la playa, salvo para operación de lanzamiento y varado en cuyo caso irá por pasillos habilitados con boyas y a no más de 3 nudos. En todos los casos se advierte de la prohibición y riesgos de la conducción temeraria.

Presencia hasta en espacios protegidos

Antes de abordar la problemática ambiental de estas embarcaciones, es importante señalar que los incumplimientos de la normativa son muy frecuentes, amparándose en la falta de controles, incluidas las empresas de alquiler. Por ejemplo, es frecuente ver que una moto monoplaza es ocupada por dos personas. Por otra parte, hay personas que navegan por la franja de los 200 m de los bañistas, a veces con riesgos considerables para los que practican deportes subacuáticos como el snórquel. Por otra parte, hay motos acuáticas que suelen adentrarse en aguas de parajes protegidos, como el Paraje Natural de los Acantilados de Maro-Cerro Gordo, incumpliendo así la norma 6.3.7 del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN), sobre Uso Público y Actividades Turísticas vinculadas al medio natural, en su apartado 2-n, que prohíbe la circulación de motos náuticas. Y en el apartado 3-6 estipula que: “La realización de prácticas deportivas y de actividades de uso público, turismo en el medio rural, turismo activo y ecoturismo en el Paraje Natural no podrá implicar transformación o impacto sobre el suelo, la fauna, la flora, los fondos marinos o los recursos culturales”.

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