En este último capítulo queremos insistir en otros aspectos negativos del uso de motos acuáticas como es la alta siniestralidad, pero también cerramos esta serie con una mano tendida para buscar negociación, consensos y acuerdo

OPINIÓN. El buen ciudadano. Por Rafael Yus Ramos
Coordinador del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía

12/01/21. Opinión. El coordinador del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía (GENA), Rafael Yus, escribe su tercer y último artículo para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el impacto del ruido de las motos de agua: “Las actividades recreativas no deben dañar el medio ambiente ni exceder su capacidad. Si las actividades recreativas que dependen del entorno natural destruyen ese recurso...

...por demasiados usuarios o saturación, entonces las actividades en efecto se destruyen a sí mismas”.

“Primavera ruidosa” (y 3). El impacto de las motos acuáticas sobre la salud de los ecosistemas marinos, la economía del turismo y la seguridad de las personas

Esta corta serie de artículo trata sobre la problemática de las motos acuáticas, inicialmente evidenciada por las numerosas quejas de otros usuarios de nuestras playas, sean residentes o turistas de estancia temporal. Son quejas legítimas que las administraciones competentes (local, regional e incluso estatal) deberían atender, no sólo porque peligra un importante sector de nuestra economía, como es el turismo, sino porque los seres humanos no somos las únicas personas que nos afectan el ruido antropogénico, sino que son muchos los seres vivos y ecosistemas marinos los que están siendo afectados. En este último capítulo queremos insistir en otros aspectos negativos del uso de motos acuáticas como es la alta siniestralidad, pero también cerramos esta serie con una mano tendida para buscar negociación, consensos y acuerdo.

La alta siniestralidad de las motos acuáticas


Otro de los aspectos controvertidos del uso generalizado de motos acuáticas ha sido la larga lista de accidentes que han provocado en el agua. Desde su popularización en los años 1970s, el sector sanitario se ha ido quejando de la relajación de las autoridades en el control de este tipo de divertimentos que se estaba saldando con un enorme gasto sanitario. Un estudio realizado por McKnight et al. (2004), promovido por la Fundación de Recursos Acuáticos de Estados Unidos, investigó el papel del error humano en los accidentes de navegación recreativa. El estudio comprendía un análisis de más de 3.000 accidentes ocurridos en un periodo de tan solo 3 años (incluyendo todos los accidentes mortales sobre los que se disponía de información suficiente) en términos de las causas de los accidentes por errores humanos involucrando cada uno de los nueve tipos de embarcaciones estándar para los cuales se dispone de datos. Elaboraron una taxonomía del error humano, comenzando con más de 300 categorías lógicamente implícitas, afinadas y limitadas a las más comunes, reexpresadas en términos particulares para diferentes tipos de embarcaciones con el fin de que fuera utilizada en posteriores informes. Entre los diferentes tipos de embarcaciones se incluyeron las motos acuáticas, que contabilizaron 612 casos en total, el 34% producidas por no guardar suficiente distancia de otras embarcaciones; el 23% por mirar por encima de otras motos cuando la siguen de cerca; el 15% por no ajustar la velocidad a los límites impuestos por la proximidad de otras motos acuáticas; el 9% por mirar a un lado o hacia atrás antes de iniciar un giro; 8% por saltar deliberadamente una ola, etc. En general todos los accidentes se producen cuando las motos están demasiado próximas entre sí. No extraña que la mayoría de los accidentes se produzan en personas con poca o ninguna experiencia con embarcaciones, con falta de destreza y familiaridad con las reglas de navegación.

Un estudio posterior, realizado por Doering y Helmer (2012) hicieron un balance de los accidentes relacionados con motos acuáticas en el año 2009 en Estados Unidos, año en el que las motos acuáticas representaron el 22% de los 6.190 accidentes relacionados con la navegación, el 26% de las 3.358 lesiones asociadas, y el 6% de las 736 muertes, un número desproporcionado en comparación con el porcentaje de todos los vehículos recreativos representados. Los productos han evolucionado significativamente en los últimos 40 años y aunque la moto acuática original estaba destinada para el uso de un solo pasajero, las embarcaciones familiares de varias personas ahora representan el 99 por ciento de ventas. Estos modelos más nuevos y más grandes requieren motores más potentes, que a su vez permiten que los vehículos alcancen velocidades superiores a 60 mph. Factores distintos del tamaño y la velocidad contribuyen a la PWC accidentes e incluyen la edad y experiencia del conductor o pasajero, deterioro del juicio, avería mecánica, distancias de frenado cada vez más largas y diseño con defectos tales como sistemas de frenos inadecuados o inexistentes, etc. Numerosas máquinas antiguas, todavía en uso, son en su mayor parte con dirección sin aceleración, impidiendo conducir la moto una vez que se suelta el acelerador. La dirección sin acelerador se ha considerado durante mucho tiempo un importante contribuyente a las tasas de accidentes y muertes de PWC. En 2009, un año en el que la colisión traumática constituía la mayoría de accidentes de motos acuáticas, se introdujo sistemas de freno de control inteligente.  La mayoría de los estudios cuantifican que las lesiones de la cabeza eran las más comunes (37%) seguida de los daños en extremidades (25%), pelvis (8%), cara (8%), tórax (4%) y columna 1%). Estos accidentes requieren cuidados intensivos, de modo que de 24 lesionados 3 requirieron UCIs (2 con respiración mecánica) durante 24 días de hospitalización y 21 en casa.

Un estudio más reciente, realizado por Donally et al.(2017) confirman esta problemática pero añade un elemento hasta ahora no contemplado: las implicaciones ortopédicas y la contribución de diversos mecanismos de daño. Para los autores, las lesiones de las motos acuáticas requerirán con frecuencia una intervención ortopédica. La presencia de una lesión ortopédica dará como resultado un aumento del índice de gravedad de la lesión (ISS), la duración del hospital y la unidad de cuidados intensivos (UCI) y la duración de la estancia hospitalaria (LOS). En su estudio contabilizaron 127 pacientes que ingresaron por lesión con motos acuáticas, de los cuales 66 (52,0%) tenían lesión ortopédica, con un total de 103 fracturas (48 [46,6%] extremidad inferior, 26 [25,2%] extremidad superior, 14 [13,6%] vertebral, 11 [10,7%] anillo pélvico y 4 [3,9%] acetábulo). La edad media de los pacientes ortopédicos tenía 29 años (rango 8-62). Las lesiones en el manillar se asociaron significativamente con fracturas abiertas (13 de 25 fracturas abiertas, 3 de las cuales se infectaron). Las lesiones ocurridas durante el invierno se asociaron con un índice de gravedad más alto, sin embargo, cuantitativamente se produjeron más lesiones en el verano. La media de duración hospitalaria fue de 12,6 días para los pacientes ortopédicos. 18 pacientes ortopédicos (27,3%) requirieron ingreso en la UCI y 36 (54,5%) pacientes requirieron cirugía ortopédica (media 2,11 operaciones). En conclusión, la mayoría de las lesiones de motos acuáticas eran fracturas de extremidades con un porcentaje moderado requiriendo cirugía ortopédica.

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