“Está por demostrar que la permacultura pueda ser capaz de asegurar una autosuficiencia a escala nacional, lo que de ningún modo podría ser a costa de asumir su filosofía”

OPINIÓN. El buen ciudadano. Por Rafael Yus Ramos
Coordinador del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía GENA

28/10/21. Opinión. El coordinador del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía (GENA), Rafael Yus, escribe sobre la permacultura, que es “el diseño consciente de paisajes que imitan los patrones y las relaciones de la naturaleza, mientras suministran alimento, fibras y energía abundantes para satisfacer las necesidades locales. Las personas, sus edificios y el modo en que se organizan a sí mismos son fundamentales...

...en permacultura. De esta manera la visión de la permacultura como agricultura permanente ha evolucionado hacia la visión de una cultura permanente o sostenible”. Informa EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com.

Luces y sombras de la permacultura

Los ecologistas estamos más o menos familiarizados con los movimientos alternativos a la agricultura convencional, y algunos llegan a practicar estos principios en diversos ámbitos, sea en parcelas agrícolas propias o arrendadas, o bien en espacios marginales, como los huertos urbanos o sus balcones. El agricultor ecologista es fácilmente reconocible, es una persona entusiasta, optimista, con cierto aire redentorista, dado su convencimiento de que sus productos son sanos, nutritivos y libres de tóxicos y que con su labor está contribuyendo al bienestar de las personas y al desarrollo sostenible.

Durante gran parte del siglo XX, la agricultura convencional, heredera de la agricultura histórica que se ha ido desarrollando desde el Neolítico, ha sido cuestionada por sus prácticas, consideradas como agresivas para el medio ambiente y la salud de las personas (principalmente por los excesos de agroquímicos, algunos de los cuales, como el DDT se hicieron famosos por actividad tóxica para los seres vivos). De este modo surgieron movimientos como la agricultura biodinámica (Steiner,1920), de fundamentos esotéricos, pseudocientíficos, o la agricultura natural (Fukuoka, 1950), que preconiza una “no intervención”, lo que constituye una anti-agricultura general. Fuera de estos movimientos tan radicales, desde mediados del siglo XX se ha ido configurando un conjunto de prácticas agrícolas alternativas con connotaciones ecologistas: la agricultura orgánica, la agricultura biológica, la agricultura sinérgica, etc., todas las cuales han ido confluyendo en la denominación genérica de agricultura ecológica, que abarca tanto las prácticas de la agricultura orgánica del Reino Unido, como la agricultura biológica de Francia, debido a la institucionalización de estas prácticas mediante directivas y reglamentos de la Unión Europea, para justificar las subvenciones que recibe este sector, y garantizar las bondades que se atribuyen a sus producciones.

Nacimiento de la permacultura

En el otro lado del Mundo, en Tasmania, el profesor Bill Mollison, junto don David Holmgren publicaron en 1974 el libro Permaculture One, donde desarrollaron el concepto de permacultura, una forma alternativa de concebir la agricultura, definiéndola de la siguiente manera:

La permacultura es el diseño consciente de paisajes que imitan los patrones y las relaciones de la naturaleza, mientras suministran alimento, fibras y energía abundantes para satisfacer las necesidades locales. Las personas, sus edificios y el modo en que se organizan a sí mismos son fundamentales en permacultura. De esta manera la visión de la permacultura como agricultura permanente ha evolucionado hacia la visión de una cultura permanente o sostenible.

La permacultura, cuyo nombre, no incluido aún en el diccionario de la lengua española, alude a “agricultura permanente” (lo que hoy llamaríamos agricultura sostenible) fue inspirada a partir de la observación de las abundantes y fértiles interconexiones en el ecosistema de una selva. La idea es amoldarse al máximo a la naturaleza, tal como lo han hecho las culturas indígenas de aquel continente con éxito durante siglos; se sostiene que así se obtendrán los sistemas más eficientes, eficaces y sostenibles. Inicialmente, la permacultura surge para dar respuesta a dos fenómenos de las sociedades urbanas industrializadas. Por un lado, a la dependencia alimentaria de las ciudades con respecto al medio rural y el alto consumo energético de fuentes no renovables que supone actualmente su abastecimiento, y por otro, a la emigración hacia el campo de los desencantados del modelo de vida urbano. Es por ello, que la permacultura va dirigida a diseñar sistemas de producción agrícola integrados tanto en las ciudades, como en zonas marginales urbanas (Fig.2), o en parajes baldíos, en los que se instalan estos grupos para vivir en comunidad. En ambos casos, se trata por tanto de colectivos culturalmente urbanos que pretenden dedicarse a la agricultura a tiempo parcial, con el objetivo de la autosuficiencia.

La permacultura se ha presentado como un conjunto de ideas que han tenido mucho éxito entre un público principalmente urbano, al que en principio iba dirigido, aplicando la premisa de utilizar áreas marginales, urbanas o periurbanas para la práctica de este enfoque agrícola. Una clave de su éxito es la mezcla de conceptos científicos, ideas recocinadas de agriculturas alternativas surgidas durante el siglo XX, ideas prácticas para aplicar los principios y, también una dosis de comunitarismo que cala mucho en las sociedades urbanas postmodernas, formadas por individuos solitarios, desvinculados entre sí, ya que un rasgo peculiar de esta corriente es el fomento de la formación de comunidades y la adopción de un modo de vivir alternativo, en el que la labor agrícola es solo una más de las actividades que preconiza.  Sin embargo, estas prácticas, no han podido evitar críticas desde diversos sectores que consideramos pertinente reflejar en las siguientes líneas.

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