Era una gran oportunidad para revertir los desmanes realizados en las playas y renaturalizar las mismas, sin embargo lamenta que el ministerio, “con una asombrosa dejación de autoridad”, delegue en los ayuntamientos costeros la decisión de adoptar las medidas propuestas, “así dice literalmente que ‘no son obligatorias’”

“Alarmismo de todos los alcaldes de la costa malagueña, que piden, al unísono, la construcción de barreras que impidan el azote del oleaje (algo imposible), cuando el problema no viene del mar, sino de la forma y la intensidad con que los ayuntamientos invaden un lugar que, por más que se quiera ignorar, no es urbano”


OPINIÓN. El buen ciudadano. Por Rafael Yus Ramos
Coordinador del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía GENA

25/04/22. Opinión. EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com. El coordinador del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía (GENA-Ecologistas en Acción), Rafael Yus, escribe sobre la Estrategia de Protección de la Costa de Málaga elaborada por el Ministerio para la Transición Ecológica. Para Yus se trataba de una gran oportunidad para revertir los desmanes realizados en las playas y renaturalizar las mismas,...

...sin embargo lamenta que el ministerio, “con una asombrosa dejación de autoridad”, delegue en los ayuntamientos costeros la decisión de adoptar las medidas propuestas, “pues literalmente dice que ‘no son obligatorias’”.

Yus explica como hasta los años sesenta, “la costa de Málaga y, en general de todo el Mediterráneo, no era un lugar atractivo para vivir, y de hecho estaba restringida casi exclusivamente a la pesca”. Entonces se empezó a promocionar “la moda de los baños de sol y playa, fenómeno que cautivó a toda la población del mundo occidental”, algo que generó “en comarcas agrícolas como la Axarquía, un nuevo núcleo de actividad económica”. Sin embargo, tal y como asegura Yus, “la costa es un espacio natural vivo, el mar no se domestica fácilmente, y los episodios de erosión y pérdida de playas han sido una tónica constante en la historia de nuestro litoral”.

En este escenario, el Ministerio para la Transición Ecológica “ha redactado la Estrategia de Protección de la Costa de Málaga como instrumento preventivo frente al cambio climático”, y según los datos aportados, “en la costa malagueña, apenas un tercio (30%) de los puntos analizados tienen una peligrosidad y una vulnerabilidad “media” a la erosión e inundación”. Algo que contrasta con “el alarmismo de todos los alcaldes de la costa malagueña, que piden, al unísono, la construcción de barreras que impidan el azote del oleaje (algo imposible), cuando el problema no viene del mar, sino de la forma y la intensidad con que los ayuntamientos invaden un lugar que, por más que se quiera ignorar, no es urbano”.


Un plan “mojado” para proteger la costa malagueña

Hasta los años 1960, la costa de Málaga y, en general de todo el Mediterráneo, no era un lugar atractivo para vivir, y de hecho estaba restringida casi exclusivamente a la pesca. La mayoría de los municipios con costa tenían su capital tierra adentro, salvo los que tenían puerto. Pero desde los años 1960 se instaló y promocionó, incluso por vía gubernamental, la moda de los baños de sol y playa, fenómeno que cautivó a toda la población del mundo occidental, generando en comarcas agrícolas como la Axarquía, un nuevo núcleo de actividad económica, que atrajo la mano de obra de gran parte de los pueblos del interior, fenómeno conocido como litoralización. Desde entonces, el turismo de sol y playa ha sido el motor de la actividad turística e inmobiliaria, divorciándose de ese mundo rural interior de actividad fundamentalmente agropecuaria que, pese a todo, se mantuvo, en muchos casos como segunda actividad, o actividad arrendada. En este nuevo escenario, la franja costera se convirtió en la tierra del oro, cosa que vino muy bien a terratenientes del litoral como los Larios.


Pero la costa es un espacio natural vivo, el mar no se domestica fácilmente, y los episodios de erosión y pérdida de playas han sido una tónica constante en la historia de nuestro litoral. Los temporales de levante, y alguno de poniente, a veces hacen desaparecer y reaparecer las playas. Cuando hay sedimentos (arena) suficiente, lo que se lleva un temporal lo trae el otro, pero desde 1982 ya no hay ríos que aporten arena al mar, simplemente porque sus aguas fueron represadas en la Viñuela. La arena se tiene que aportar de lugares con mucho sedimento como son los lechos de los ríos o playas con mucha arena, pero eso también es limitado y la arena no es tan buena, no está bien clasificada. El problema se multiplica cuando, además de no haber arena, el cambio climático está provocando que el mar se eleve poco a poco de nivel (conforme se van deshelando los polos y glaciares) y el calor lo está dilatando, lo que sumado en una borrasca, hace que el mar tenga la fuerza destructora de un maremoto o tsunami, como ha ocurrido recientemente en todo el litoral de Málaga (Fig.1).


Pero no aprendemos, todos los municipios quieren tener playas en toda su costa y cada vez construimos más en zonas con peligro de inundación. El caso es estar cerca de la playa, y eso vende bien, crea riqueza, empleo, etc. Pero la naturaleza impone sus límites y ahora nos damos cuenta de que tenemos que protegernos.

Es en este contexto que el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), que tiene las competencias en las costas, ha redactado la Estrategia de Protección de la Costa de Málaga como instrumento preventivo frente al cambio climático. Para ello, se realizó un estudio sobre los riesgos, peligrosidad y vulnerabilidad de la costa malagueña en su estado actual. Merece la pena conocer los datos resumidos de su diagnóstico, que realizaron por trozos del litoral que llamaron “unidades de gestión”.

Diagnóstico de la costa malagueña

Como en todas las amenazas naturales, se analiza el riesgo como la probabilidad de que el cambio climático provoque daños en las costas malagueñas. El riesgo tiene dos factores cuya multiplicación nos da el grado de riesgo: por una parte, la peligrosidad del fenómeno natural, como son los temporales marítimos, alude a la probabilidad de ocurrencia de una situación que puede producirnos daños, y la vulnerabilidad, como el grado de predisposición y susceptibilidad que tienen personas o bienes de ser afectados por ese fenómeno natural (por ejemplo todo lo que esté más cerca de la costa será más vulnerable). Así pues, el mencionado diagnóstico de la costa malagueña se centra en estos tres parámetros, referidos a la erosión (Fig.2) e inundación (Fig.3), provocadas por el cambio climático en cada una de las unidades de gestión delimitadas en cada municipio de la costa malagueña:


a.-En el análisis de riesgo, los expertos consideran que no existe ninguna unidad de gestión en la provincia de Málaga que presente un alto riesgo de erosión, o de erosión e inundación. El 10% de las unidades de gestión tienen un riesgo de erosión promedio, el 88% lo tienen bajo o muy bajo y hay un 2% sin riesgo. Estos porcentajes varían considerando también las inundaciones, alcanzan un valor promedio en el 29% de los casos, siendo bajo en el 70% y solo en el 1% no hay riesgo alguno.

b.-El análisis de peligrosidad se demuestra que el 12% de las unidades presentan una alta peligrosidad por erosión; este mismo porcentaje se mantiene cuando la peligrosidad por erosión e inundación se considera alta o muy alta, destacando que el 3% de estas unidades tienen una peligrosidad por erosión e inundación muy alto. El 30% de las unidades tienen una peligrosidad de valor promedio por erosión y también por erosión e inundación. Hay un 2% unidades sin peligrosidad por erosión y un 1% sin peligrosidad por erosión e inundación. Las unidades restantes unidades dan una peligrosidad por erosión y por erosión y sedimentación, entre bajo y muy bajo.

c.-El análisis de la vulnerabilidad. Todas las unidades de gestión tienen una vulnerabilidad por erosión o por erosión e inundación entre alta y muy baja. Solo el 1% da vulnerabilidad alta, pero aumentando al 2% cuando se considera conjuntamente la vulnerabilidad por erosión e inundación. El 30% de las unidades tienen una vulnerabilidad media, que aumenta al 33% cuando se considera la vulnerabilidad por erosión e inundación. Las restantes unidades presentan una vulnerabilidad por erosión o por erosión y sedimentación, entre baja y muy baja.

Analizando todos estos datos pero en cada subsistema implicado en la costa (subsistemas socioeconómico, humano, natural, infraestructural) se obtuvo que el entorno socioeconómico es el único que presenta unidades con alto riesgo de erosión, aunque es el entorno humano el que muestra el mayor porcentaje de unidades con riesgo de erosión promedio, superando con creces el porcentaje de unidades con riesgo por erosión alto y medio del entorno socioeconómico. Por el contrario, el entorno natural tiene un bajo porcentaje de unidades con riesgo de erosión medio, mientras que en el caso de las infraestructuras no hay unidades con este nivel de riesgo de erosión. En todos los subsistemas hay unidades sin riesgo de erosión, aunque en el ambiente socioeconómico representa sólo el 2% de las unidades. Al considerar el riesgo combinado de erosión e inundaciones, el porcentaje de unidades sin riesgo de erosión e inundación disminuye en todos los subsistemas, en el entorno socioeconómico solo hay un 2% de unidades sin riesgo de erosión e inundación. En este caso, es el ambiente  humano el que presenta el mayor porcentaje de unidades con alto riesgo por erosión e inundación, seguido del entorno socioeconómico. No existe ningún subsistema comunidades muestren un riesgo de erosión e inundación que sea muy alto.

En Málaga, en el 12% de las unidades, los problemas son percibidos en su conjunto como graves, mientras que sólo en el 2% de unidades ningún actor percibe problemas. Para los tipos de problemas, tanto por el número de unidades en las que se perciben y su nivel de severidad, se destaca la erosión costera, seguida de los impactos de la erosión sobre las ocupaciones del dominio público marítimo-terrestre y otros impactos no derivados de la erosión. Los impactos de la erosión también se destacan por la cantidad de unidades en las que se percibe como un problema litoral, aunque con un nivel de gravedad mayormente moderado y leve.

Además de estos problemas costeros, la Dirección General de Costas señala los siguientes problemas de gestión costera en toda la provincia de Málaga:

-Desde Manilva hasta Torremolinos, las tuberías de saneamiento discurren a lo largo de la playa, dejando al descubierto alcantarillados y pozos de visita, de tal forma que en ocasiones se han producido roturas dando lugar a vertidos directos de aguas residuales a las playas. Algunas secciones están protegidas por escolleras que se relacionan con la morfodinámica de las playas. En Marbella un se ha iniciado el programa de retirada, pero su desmantelamiento depende de las empresas que gestionan todo el sistema de saneamiento de la Costa del Sol.

-En todo el municipio de Rincón de la Victoria y parte del municipio de Vélez-Málaga, una antigua conducción de abastecimiento de agua de fibrocemento discurre por DPMT que contiene amianto, que debe ser retirado, ya habiéndose roto en algunos tramos por acciones y efectos del mar, una vez erosionada la playa bajo la que discurría (Fig.4).


-La ocupación del DPMT por establecimientos de restauración y bares es un grave problema de gestión debido a la gran cantidad de edificios existentes, agravado por una creciente presión para construir más. Hay más de 400 establecimientos en la playa con sótanos en toda la provincia (Fig.5), que concentra más de la mitad de las ocupaciones de DPMT en Andalucía.

-Además, existe una importante presión urbana en el frente costero de toda la provincia, a excepción de los municipios de Manilva y Nerja (municipios limítrofes con las provincias vecinas), aunque esto se debe a impedimentos orográficos.

-Estos problemas de ocupación de DPMT y de presión urbana en el frente costero son acentuados por la importante escasez de fuentes de material sedimentario a las playas en la provincia. Los principales reservorios de sedimentos que alimentan las playas son limitados a los siguientes: depósitos submarinos de Torre de Benagalbón y Calahonda y lechos de ríos (agregados más gruesos).

Los datos aportados por este diagnóstico nos indican que en la costa malagueña, apenas un tercio (30%) de los puntos analizados tienen una peligrosidad y una vulnerabilidad “media” a la erosión e inundación, lo que da lugar a un riesgo medio por ambos peligros y solo muy puntualmente se pueden dar valores extremos. Son datos que contrastan con el alarmismo de todos los alcaldes de la costa malagueña, que piden, al unísono, la construcción de barreras que impidan el azote del oleaje (algo imposible), cuando el problema no viene del mar, sino de la forma y la intensidad con que los ayuntamientos invaden un lugar que, por más que se quiera ignorar, no es urbano. Para muchos ayuntamientos la playa es una prolongación del núcleo urbano y la gestionan como tal. No es la erosión e inundación el peligro, sino la temeridad de los agentes sociales, con apoyo político local, los responsables de los daños que pueda producir el mar. Esto significa que, con independencia de las labores de protección que se tengan que hacer, más importante es adaptar el comportamiento mercantilista frente al recurso costero, para no exponerse al desastre y luego pedir indemnización.

Estrategia de protección

Una vez realizado este diagnóstico, el Ministerio, con la ayuda de un panel internacional de expertos y la cátedra del mar de la Universidad de Cantabria, redactaron una Estrategia de protección de la costa malagueña, no sólo para proteger a las personas y actividad económica, sino también para salvar los valores naturales.

La costa de la provincia de Málaga, como prácticamente toda la costa del Mediterráneo español, ha sufrido profundas transformaciones derivadas de su mercantilización, asociada al turismo de sol y playa, desde los años 1960 hasta la actualidad. Muchas de sus agresiones se deben a decisiones tomadas por la propia administración de Costas ante la presión político-económica de los sectores empresariales que explotan este recurso, como los numerosos espigones para una supuesta protección frente a la erosión, los continuos acarreos (a veces dos veces al año) de arena de procedencia diversa, la construcción de puertos deportivos, la invasión del arenal de todo tipo de elementos mercantiles (chiringuitos de obra, negocios de hamacas, de sombrillas, de masajes, pasarelas, etc.), operaciones de limpieza que se saldan con la eliminación de vegetación sammófila y dunas embrionarias, rastrillado que destruye la mesofauna litoral, etc. La Estrategia de Protección del MITECO se perfilaba como una gran oportunidad para revertir estos desmanes y renaturalizar las playas, pero en lugar de ejercer la autoridad que le confiere la competencia estatal, delega la decisión en los ayuntamientos.

En efecto, entre las actuaciones previstas por el MITECO en su Estrategia de Protección del Litoral de Málaga, a corto, medio y largo plazo, se contemplan medidas basadas en la naturaleza como el mantenimiento y rehabilitación ambiental del sistema dunar de playas y marismas, la defensa de acantilados y el restablecimiento del balance sedimentario. Del mismo modo, la Estrategia aboga también por realizar actuaciones de relocalización y retirada de ocupaciones en el Dominio Público Marítimo Terrestre, y la retirada controlada de estructuras costeras. El proyecto ha tenido como objetivo comprender y caracterizar los problemas de erosión costera bajo y, habida cuenta que la experiencia previa ha demostrado que cada actuación aislada tiene efectos que repercute sobre una determinada franja contera en su conjunto, se pretende abordar esta Estrategia con un enfoque integrado, que abarque todos los aspectos del litoral, aplicando la metodología de Gestión de Riesgo. De este modo, la Estrategia funcionaría como un instrumento de planificación para la protección costera que incluiría alternativas viables para todas las fases del ciclo de la gestión de riesgo y su correspondiente plan de implementación. Este enfoque integrado es lo que dotaría de solidez y coherencia a la herramienta de planificación y adaptación de la gestión del litoral frente al cambio climático.


Al final, papel mojado

Sin embargo, el hecho de que MITECO, con una asombrosa dejación de autoridad, delegue en los ayuntamientos costeros la decisión de adoptar estas medidas, pues literalmente dice que son “no son obligatorias”, e incluso de poder “adaptarlas”, a su conveniencia, lo que seguramente será atendiendo prioritariamente a sus intereses políticos y mercantiles locales, hará imposible ese pretendido “enfoque integrado”, ya que las actuaciones en un municipio, por muy respaldadas que estén técnicamente, podrían tener efectos perniciosos en el municipio vecino si éste no complementa con actuaciones en la misma dirección (ej. si un municipio pone un espigón para retener arena en sus playas, podría acentuar la erosión en el municipio vecino). Por otra parte, las presiones políticas y económicas locales primarán en cada municipio aquellas operaciones que contemplen obras de defensa de las playas, para el mantenimiento de su mercantilización, dejando en un segundo plano, o incluso sin realizar, aquellas operaciones destinadas a la renaturalización y relocalización y retirada de ocupaciones de las mismas, puesto que, en gran parte, ello podría afectar a la desastrosa gestión de playas y a la densidad de ocupaciones que domina en toda la costa malagueña desde Manilva a Nerja. Los ayuntamientos llevan décadas esforzándose en convertir un lugar natural y salvaje como son las playas, en balnearios impolutos, refrendados con condecoraciones que priman estas actuaciones, como las Banderas Azules.

¿Es que este problema no tiene solución?

La costa de la provincia de Málaga, como prácticamente toda la costa del Mediterráneo español, ha sufrido profundas transformaciones derivadas de su mercantilización, asociada al turismo de sol y playa, desde los años 1960 hasta la actualidad. Muchas de sus agresiones se deben a decisiones tomadas por la propia administración de Costas ante la presión político-económica de los sectores empresariales que explotan este recurso, como son los numerosos espigones para una supuesta protección frente a la erosión, los continuos acarreos (a veces dos veces al año) de arena de procedencia diversa, la construcción de puertos deportivos, la invasión del arenal de todo tipo de elementos mercantiles (chiringuitos de obra, negocios de hamacas, de sombrillas, de masajes, pasarelas, etc.), operaciones de limpieza que se saldan con la eliminación de vegetación sammófila y dunas embrionarias, rastrillado que destruye la mesofauna litoral, etc. La Estrategia de Protección del MITECO era una gran oportunidad para revertir estos desmanes y renaturalizar las playas, pero esto solo será posible si el Ministerio ejecuta las operaciones por razones de Estado, sin doblegarse ante las presiones locales, establece un Reglamento de Costas mucho más restrictivo, que aleje de las playas los negocios playeros, que los ayuntamientos se abstengan de rastrillar y aplanar las arenas, que no arranquen las hierbas que crecen espontáneamente, que se limiten a eliminar manualmente las basuras dejadas por los bañistas o traídas por el mar (no las algas de ribazón). Y donde la playa se pierde por los temporales, que se abstenga de regenerarla. La playa, o se forma de manera natural, o no es playa, y hay que aceptar esta realidad.

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