Las incursiones nocturnas a la sierra deberían estar terminantemente prohibidas en un espacio natural protegido. Se podría considerar el lógico derecho de las personas de disfrutar de los espacios protegidos, pero nunca a costa de provocar impactos en los hábitats y biodiversidad

OPINIÓN. El buen ciudadano. Por Rafael Yus Ramos
Coordinador del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía

18/03/24. Opinión. El coordinador del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía (GENA), Rafael Yus, escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los impactos del senderismo en la Maroma: “Se ha consolidado la costumbre de construir unas corraletas circulares con lajas de piedra de los alrededores, apilándolas hasta alcanzar un altura suficiente para cortar...

...las rachas de viento. Luego montan una tienda en el interior o bien lo cubren con una lona de plástico, y allí pasa la noche la cuadrilla, hacen su fiesta y su botellón, felices de hacer algo parecido, pero más estimulante por aquello del afán de emociones fuertes, que lo viene haciendo en el bar o la plaza de sus ciudades de procedencia”.

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La moda del senderismo y los impactos en la Maroma (Sierra Tejeda)

La Maroma, la máxima cota de la Sierra de Tejeda, con sus 2064 m de altitud (aunque no es su máxima cota) es una de las metas más apreciadas por los senderistas que visitan esta sierra, sea tomando el camino desde Canillas de Aceituno (vertiente sur) o desde Sedella y sus Llanadas (vertiente este), o bien desde El Robleda (vertiente norte) o incluso desde El Alcázar (vertiente oeste). Estas excursiones, antes muy raras, reservadas a senderistas experimentados, ahora son muy frecuentes, no siendo raro que en un fin de semana se congregue medio centenar de personas en estas alturas. Esta frecuencia es debido al crecimiento de la afición por el senderismo, especialmente el de altura, como éste, pero también ha sido incentivado por la propia Junta de Andalucía que ha ido organizando este tipo de actividades organizando sus “Encuentros en las alturas”, consistente en crear un grupo de un centenar de personas para subir por la cara norte y otro centenar para subir por la cara sur, para “encontrarse” en las alturas los dos grupos, es decir, doscientas personas, que no sé todavía dónde está la gracia, concentrar en esta altitud tantísima cantidad de gente. Tal vez sea porque los senderistas de ahora ya no aprecian la soledad en las alturas, el sonido de la naturaleza, la paz de la lejanía respecto al bullicio callejero de nuestras ciudades, y tantas otras virtudes, que obviamente con doscientas personas dudo mucho que se llegue a apreciar. Todavía no me han explicado qué sentido tiene esto, tal vez algún político considere que “hay que vender el producto” (los parques naturales) y pasar luego el cepillo electoral. Se les olvida que la Maroma es un lugar de protección de grado A según el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales, donde se restringe severamente las actividades que puedan ocasionar impacto en la fauna y flora, especialmente si están protegidas. Cuando comento esto con las autoridades del Parque Natural me contestan que qué daño puede hacer esto. A continuación doy cuatro muestras del daño que están haciendo:

1.-Corrales para el vivaqueo. Pernoctar en el parque natural está prohibido, pero aún así, nadie impide que lo haga quien quiera. Pero en lugar de buscar un refugio, un covacho o una cueva para pasar la noche, lo que se acostumbra en hacerlo directamente en el lapiaz de la Maroma y como aquello es llano, sin ningún tipo de protección, se ha consolidado la costumbre de construir unas corraletas circulares con lajas de piedra de los alrededores, apilándolas hasta alcanzar un altura suficiente para cortar las rachas de viento (Fig.2a). Luego montan una tienda en el interior o bien lo cubren con una lona de plástico (Fig.2b), y allí pasa la noche la cuadrilla, hacen su fiesta y su botellón, felices de hacer algo parecido, pero más estimulante por aquello del afán de emociones fuertes, que lo viene haciendo en el bar o la plaza de sus ciudades de procedencia.


Una imagen satelital de la superficie de la Maroma tomada en el año 2014, nos permite apreciar la profusión de este tipo de estructuras, En este año se contaba 16 corraletas en una superficie no superior a 1,5 hectáreas (Fig.3). Tal profusión nos está indicando también la existencia de una alta población de visitantes y una alta frecuencia de pernoctaciones, ya que lo normal es reutilizar un corral ya hecho, o repararlo levemente, antes que ponerse a construir otro, de modo que si la población de pernoctantes es alta están obligados a hacer nuevos corrales. Si tenemos en cuenta que en cada corral pueden dormir como mínimo 4-5 personas, se puede llegar a la conclusión de que en determinadas ocasiones han debido pernoctar allí hasta medio centenar de personas, lo que no sorprende teniendo en cuenta que algunas excursiones organizadas son masivas, utilizando cualquier pretexto, como un reto, ver lluvia de estrellas, una despedida de soltero, o simplemente acudiendo a la estúpida llamada de la Junta de Andalucía para ese “encuentro” en las alturas, como hemos comentado anteriormente.

2.-Montículos o mojones de piedras. Hace aproximadamente dos décadas que estamos observando la consolidación de una costumbre, antes no observada, de señalar el camino hacia la Maroma mediante montículos, pilas o mojones de piedra en intervalos regulares de 10-20 m, para señalar el camino que hay que seguir para llegar al pico de la Maroma (Fig.4). Dada la diversidad de visitantes en este lugar, procedentes de diversas culturas, la motivación es variable, pues para unos…

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