Elena V., temporera: “Me han traído desde Zaragoza y me han dejado en la calle por exigir mi contrato y que se cumplan el convenio y las medidas  de seguridad”

Arima Siap, una empresa privada sevillana del sector sociosanitario, media “de forma no lucrativa” para proporcionar empleo en las empresas de frutos rojos a “mujeres españolas en riego de exclusión social” y “trabajadores migrantes sin empleo”


Por Perico Echevarría
Editor de la revista La Mar de Onuba


11/01/21. Opinión. Sociedad. Huelva. Alina Elena V, una joven trabajadora rumana de 26 años, sin empleo y con muchos sueños, decidió probar suerte en el mundo agrícola y respondió a una oferta publicada en la revista milanuncios.com. Llamó al número de teléfono y cuando colgó ya había sido contratada. Viajó desde Zaragoza hasta Huelva. A los seis días fue despedida. Elena asegura que nada de lo que...

...acordó por teléfono se compadece con lo que ha vivido en la provincia onubense. Que la empresa pagaba por debajo de lo establecido en el convenio colectivo, Y que incumple de forma grave y flagrante las medidas de seguridad ante la pandemia de COVID. «Me dijeron que nos harían pruebas, pero yo he trabajado seis días sin que me las hayan hecho y sin disponer siquiera de mascarillas», relata en una conversación mantenida con La Mar de Onuba.


Ya en la oferta de empleo publicada en milanuncios.com y otros digitales de anuncios por palabras, se observa una voluntad manifiesta de no dar al trabajador lo que en derecho le pertenece. Si además, como denuncia Alina Elena V., la realidad ni siquiera alcanza lo contenido en la oferta, estamos ante un conflicto que enfrenta los derechos sociolaborales y salariales de esta trabajadora con la empresa que, según el testimonio ofrecido el pasado miércoles a La Mar de Onuba, la ha traído desde Zaragoza y la ha despedido tras seis días de trabajo, dejándola en la calle y con apenas cien euros en el bolsillo. Desde el día 5, permanece acogida en el Albergue de Transeúntes Sagrado Corazón de Jesús de Huelva capital.


El anuncio en cuestión, publicado también en medios digitales y redes sociales de ciudadanos de Rumanía, urge trabajadoras para la recogida de fresas en Huelva. La persona o entidad que gestiona la oferta atiende a través del teléfono 687015331, y actúa como mediadora para la sociedad Arima Siap, una empresa sevillana que ofrece servicios integrales a personas con problemas de salud mental y a sus familiares. Así lo ha confirmado a esta revista Fernando García, Administrador Único de la mercantil, quien admite haber realizado las labores de intermediación para la empresa onubense Emusa Fruit SL que trajeron a Elena V. a Huelva. García sostiene que su empresa realiza estas mediaciones para la empresa onubense «sin ánimo de lucro», y que su objetivo es facilitar acceso a empleos en el sector agrícola a «mujeres españolas en riesgo de exclusión social», y a «personas migrantes sin empleo en general». A efectos prácticos, y según se infiere de las palabras de su administrador, Arima Siap actúa como una suerte de ETT de carácter humanitario, que no recibe contraprestaciones por nutrir la plantilla de Emusa Fruit SL con mano de obra migrante y mujeres vulnerables.

Fernando García, administrador único de Arima Siap

“El contrato”, especifica el anuncio, “se hace en cuanto se llega a Huelva”. La oferta contempla un salario de 40 euros diarios para jornadas laborales de 7 horas. El salario de peón agrícola, tras una reciente Sentencia de Tribunal Supremo no puede ser inferior a 44,99 euros, el equivalente al Salario Mínimo Interprofesional; la jornada laboral establecida por el Convenio Colectivo del Campo de la Provincia de Huelva es de 6,5 horas diarias (39 horas semanales distribuidas a lo largo de seis jornadas, siendo el séptimo día de la semana de descanso remunerado). Volviendo al anuncio, a cargo de la empresa serán también el transporte desde Madrid a Huelva y, una vez en la provincia, el alojamiento, agua y luz. Y, en pleno estado de alarma por la pandemia de COVID19, la realización de una prueba PCR para descartar la presencia del coronavirus antes de incorporarse a la empresa.

Alojamiento de Trabajadoras de la Finca Los Pilones

“Ni me han hecho ni me han dado instrucciones para realizar la prueba PCR. Ni antes de viajar a Huelva, ni antes de empezar a trabajar. Tampoco me han facilitado mascarillas o guantes, ni un gorro cuyo uso es obligatorio y que nadie me había advertido que tuviera que comprar yo. Tampoco me han facilitado la nómina por los dos días trabajados en diciembre, por los que me han pagado menos de lo que me corresponde», asegura Elena durante la conversación mantenida en Huelva con La Mar de Onuba.

Alina Elena V, es una joven mujer rumana de 26 años que leyó el anuncio citado en Zaragoza y vio una oportunidad laboral acorde a sus necesidades actuales. Se puso en contacto, e inmediatamente la citaron en Huelva para incorporarse a la empresa Emusa Fruit SL. El 29 de diciembre arribó a la estación de autobuses de Huelva, donde la esperaba una mujer que “no me dio tiempo ni para hacer una compra de alimentos», que, lógicamente, Elena no había hecho ni en Zaragoza ni en Madrid. Pero Alicia, la mediadora de Arima Siap, tenía mucha prisa. «Me dijo que no me preocupara, que en la finca había otras chicas que tenían coche y que me acercarían al pueblo más cercano, que está a 9 kilómetros, para hacer mi compra”, relata Elena.

Alojamiento de Trabajadoras de la Finca Los Pilones

“Llegamos a la finca en torno a las ocho y media de la noche y no había nadie de la empresa esperándome. Un hombre abrió la reja de la finca, que estaba cerrada, y accedimos con el coche. Alicia me llevó directamente al alojamiento y me dijo que allí me informarían las compañeras. Y se fue”. El alojamiento, detalla la trabajadora, está ubicado en una nave prefabricada de dos alturas, en cuya planta superior se alinean filas de literas con escaso espacio vital. La normativa establece como «espacio vital» un mínimo de 4 metros cuadrados, incluyendo la cama. Se le asignó un armario taquilla sin llave. Algunos electrodomésticos no funcionaban. Estos extremos han sido ratificados por Fernando García. “Estuvimos visitando las instalaciones y vimos esas deficiencias, sobre las que informamos a la empresa para que las solvente”, aseveró ayer a esta revista el responsable de Arima Siap.

Alojamiento de Trabajadoras de la Finca Los Pilones

Cuando Elena quiso desplazarse al pueblo para poder hacer sus compras, descubrió que ninguna de las chica tenía coche. Las trabajadoras de Emusa Fruit alojadas en la finca Los Pilones cuentan con la “ayuda” de dos empleados de la propia empresa, uno de origen rumano y otro marroquí, que cobran cinco euros por cada viaje de ida a vuelta. Hay que llamarlos con antelación, y no siempre están disponibles; sobre todo, si no son varias las mujeres que desean acercarse al pueblo. La oferta y la demanda. Un negocio extra a costa de las necesidades de las temporeras. “Además», se queja Elena, la puerta de acceso a la finca «está cerrada con llave», Fuera del horario de oficina, para salir del recinto «nos tuvimos que arrastrar por el suelo para salir por un agujero hecho bajo la valla por las compañeras”.

En el tajo sin haber visto ni firmado el contrato

Emusa Fruit SL es una gran empresa agrícola del sector de los frutos rojos onubenses asociada a la gran patronal Asaja. Emplea cada año a más de 700 trabajadores durante la campaña de recolecta de berries. Tiene su sede social en Mazagón, y plantaciones e instalaciones en diversas localidades de la comarca.

En la finca Los Pilones de Niebla. la jornada laboral comenzó el miércoles 30 de diciembre a las 08.00 horas. Era el primer día de trabajo para Elena. Cuando llegó al tajo le indicaron que la encargada era Marcela, una mujer rumana. Elena se dirigió a ella para presentarse y pedirle tanto el contrato de trabajo como información sobre sus condiciones de trabajo.

Pulsera dotada de chip para el control de producción de las trabajadoras en la Finca Los Pilones

Antes de llegar a hablar, cuenta Elena, «Marcela comenzó a gritarme porque no llevaba la cabeza cubierta. No entiendo por qué tuvo que hablarme en ese tono, muy agresivo y con insultos”, lamenta la joven. La encargada le negó el permiso para ir a la oficina y ver lo de su contrato. Sí le entregó una ficha dotada con un chip con el que la empresa contabiliza las cajas recogidas. Le advirtió de que tendría que pagar 30 euros si la perdía.

“Nadie me explicó cómo recoger las frambuesas, solo me gritaban para que fuera más rápido y tuviera cuidado con la fruta”. Ese día trabajó, como apuntó en su libreta, cinco horas y media. Sin mascarilla y sin guardar distancias de seguridad. “La compañeras se reían cuando pregunté por eso”, relata Elena en la entrevista mantenida con La Mar de Onuba. El día siguiente, 31 de diciembre, la jornada se extendió hasta mediodía, apenas cuatro horas. El 1 de enero, Emusa Fruit SL liquidó a Elena mediante transferencia el salario de los dos días de diciembre. En total, 52,65 €, se los que se descontaron 40 euros entregados en metálico a la llegada a Huelva. Faltaban 37,34 para alcanzar, al menos, el mínimo establecido por el TS. Ese día, Año Nuevo, no trabajaron.

Cuaderno de notas de Elena V.

El 2 de enero, sábado, la jornada fue de cinco horas. El domingo 3 se extendió desde las 8,30 hasta las 15,30 horas. Elena ha ido anotando las horas en su libreta, junto a sus propias cuentas de cuánto debía percibir según la información facilitada por sus compañeras de tajo y alojamiento. “Olvídate de lo que pusiera en el anuncio, porque todo es mentira”, le había dicho una encargada. “Aquí se pagan 42 euros a partir de enero, y 2 se los queda la empresa por el alojamiento», dice Elena que le explicó una compañera, también de origen rumano y con cierta antigüedad en la empresa. «En diciembre el salario es de 37 euros si se echa la jornada completa. Si no te pagan sólo las horas realizadas. Cuando hay que echar horas extras se pagan a siete euros”. El Convenio Colectivo establece que las horas extras deben abonarse con un incremento del 75 % sobre el valor de la hora habitual. Algo más de 12 euros.

El martes, Elena logró personarse en las oficinas de Emusa Fruit para reclamar su contrato y conocer de primera mano las condiciones reales. Una mujer llamada Mari («o Meri») le dijo que en ese momento no tenía su contrato a mano, pero que la llamarían pronto para firmarlo y darle su copia. Ese día había trabajado hasta las 13:15 horas. Algo menos de cinco horas. A las 17,30 h., Mari (o Meri) se personó con otra persona en los alojamientos. Le comunicó que no iba a seguir trabajando en la empresa y que debía abandonar el alojamiento a la mañana siguiente. Que su actitud generaba rechazo en las compañeras y que su productividad era baja. Le entregó un sobre con 95,71 euros en metálico, la liquidación calculada por la empresa una vez practicadas las correspondientes retenciones. Unas horas más tarde le envió la nómina de los cuatro días de enero. Le habían cotizado sólo dos días, no tres.  Por cada uno de esos dos días, la empresa le abonó el Salario Mínimo Inteprofesional: 44.99 euros. Elena reclama el día que asegura no le han pagado.


«Bueno, ve a la oficina pero no digas que yo te he mandado»

Según ha podido confirmar La Mar de Onuba, la empresa va a ser denunciada ante la Inspección de Trabajo y Seguridad Social por la Cooperativa de Abogadas Andaluzas, cuya asistencia jurídica para Elena V. ha sido solicitada por Jornaleras de Huelva en Lucha. No será la primera que este colectivo interpone contra Emusa Fruit SL ante la ITSS. El año pasado, la empresa fue incluida en una reclamación colectiva junto a otras ocho grandes del sector. Se denunciaba que ninguna de ellas había tomado las medidas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud y el Ministerio de Trabajo del Gobierno de España para evitar la propagación de este virus [SARS CoV-2] y esta enfermedad [COVID19] entre las personas que allí prestan nuestros servicios. Respecto de Emusa Fruit SL, la denuncia concretaba que “no pone a disposición de los trabajadores ningún medio de seguridad homologado, siendo los guantes y mascarillas que usan los trabajadores de su propiedad”.

«Creo que esperaban otro tipo de rumana», dice con pesar la joven, que el próximo mes cumplirá veintisiete años, y que reside en España desde los once

Alina Elena V. vino a Huelva con la intención de trabajar varios meses en Emusa Fruit SL. Está convencida de que le ofrecieron el empleo por ser rumana, y que ha sido despedida por «hacer preguntas» y reclamar su contrato. «Creo que esperaban otro tipo de rumana», dice con pesar la joven, que el próximo mes cumplirá veintisiete años, y que reside en España desde los once. Asegura que sus propias compañeras de tajo le dijeron que su productividad estaba bien, y que había recogido cada día las mismas cajas que el resto de trabajadoras. Que la fruta se agotaba en pocas horas. De hecho, y según anotó en su libreta, sólo uno de los seis días trabajados se alcanzaron las «siete horas» de la jornada laboral.

Desde el 5 enero, está alojada en un albergue para transeúntes de Huelva capital, en el que puede permanecer un máximo de siete días. Espera encontrar otro empleo en alguna empresa del sector agrícola. Ya ha visto más anuncios. «Seguro que habrá alguna empresa que cumpla las normas, pague lo establecido, y en la que las encargadas no me falten al respeto”.

La empresa: 'Todo es mentira'

La Mar de Onuba se puso en contacto el miércoles con Emusa Fruit SL para contrastar el relato ofrecido por Elena V. a esta revista.

Un portavoz de la empresa asegura que ninguno de los hechos denunciados por la trabajadora es cierto. «Es todo mentira, y estamos muy cansados ya de este tipo de historias que pretenden hacer daño a este sector. En nuestra empresa se cumplen todas las normativas y se paga a cada trabajadora hasta el último céntimo que le corresponde. Muchas repiten con nosotros cada año. Si lo que quiere la chica que me dice es el contrato, dígame una dirección de correo y se lo mando ahora mismo. No vamos a responder a más preguntas. Usted publique lo que considere oportuno y nosotros tomaremos las medidas que también consideremos oportunas».


La conversación tuvo lugar a las 11.00 horas del jueves; duró algo menos de diez minutos. A las 12.05, Mari (o Meri) envió a través de WhatsApp el siguiente mensaje a Elena: «Me ha devuelto mis compañeras tu contrato sin firmar» (sic). Dos minutos después, Meri (o Meri) le hizo llegar por la misma vía una copia, firmada por la empresa y en formato PDF.

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