Para Fernando Ramos los dos rascacielos de 30 pisos podrían haber sido un hito de relevancia en Málaga, pero van a ser “como un muro blanco de unos 100 metros de altura” que van a condicionar la imagen de la ciudad durante generaciones

“Un edificio de una vulgaridad absoluta que podría estar en cualquier desarrollo periférico de Madrid o de donde sea, sin la más mínima relación con el entorno, ni aporta calidad arquitectónica, ni es una propuesta de interés, y sin embargo va a tener una presencia urbana totalmente determinante”

Para Francisco Montesino el principal problema es “que desde la alcaldía, o desde la Gerencia de Urbanismo, creo que en general no hay idea de ciudad”, se limitan a que en cuanto “hay un solar libre se hacen torres”. “Conseguir dinero, pero no tener una idea de ciudad, solo pelotazo y conseguir el máximo con cada promoción”


30/05/22. Opinión. EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com. Málaga es la reina de la banalidad arquitectónica a juzgar por las opiniones de profesionales de la arquitectura. Arquitectos denuncian que crece sin proyecto de ciudad y sin calidad en sus edificios, que se resume en que son altos. La nueva polémica viene servida por los dos rascacielos que se construyen en Martiricos, junto a la Rosaleda, de unos...

...100 metros de altura, que ya empiezan a modificar y ocultar la vista de Málaga hacia el norte como un gran y alto muro blanco sin que los dos edificios que se levantan tengan la calidad arquitectónica necesaria para ubicarse en un lugar tan emblemático y determinante para la ciudad. Los arquitectos consultados por esta revista denuncian y alertan que en Málaga se construye por el impulso especulativo de los promotores y sin orden ni concierto. Si hay un solar, se ponen torres. Las que sean y como sean. Da igual y da dinero, que al parecer es lo único importante.

Foto de Alex Zea para
La Opinión de Málaga


En Martiricos, junto al Parque de Bomberos, la promotora AQ Acentor está levantando dos torres de 30 pisos y unos 100 metros de altura cada una que van a poder verse desde numerosos puntos de Málaga. Pese a la importancia de estas construcciones, ya que van a estar muy presentes para los malagueños durante generaciones, la realidad es que no ha existido un control por parte de las autoridades para garantizar que se trataran de unos edificios con suficiente calidad arquitectónica. EL OBSERVADOR ha preguntado a los arquitectos Fernando Ramos y Francisco Montesino su opinión acerca del proyecto.

Fernando Ramos

Para Fernando Ramos lo primero es aclarar que “no son torres, son rascacielos, porque sorprendentemente también ha colado eso, y como tipología arquitectónica son rascacielos”.

Respecto a la evidente modificación que van a ocasionar sobre la imagen de la ciudad, Ramos entiende que “no tendría por qué ser específicamente negativa, podría haber sido una buena intervención, pero de un lado su volumetría, su altura, su morfología, y de otro la propuesta arquitectónica, pues han tirado por tierra la oportunidad”.

Y es que cuando se presentó por primera vez el proyecto, como ocurre con otros de los proyectos de rascacielos que se están promoviendo en Málaga, “venía con una exigencia de calidad arquitectónica que era necesaria teniendo en cuenta el impacto que iba a tener ese elemento arquitectónico. Eso se fue cayendo por el camino, y nunca más se supo, y de repente llegó de la mano de un estudio de Madrid, como otro cualquiera”, explica Ramos.

Y aunque, para Ramos, “la firma no es una condición necesaria para ninguna intervención urbana, salvo que, en principio, hay que suponerle una mínima calidad, lo que aportaría cierta tranquilidad a la propuesta”, si no que “lo que hay que valorar realmente es la propuesta concreta, no la firma que hay detrás”, lamentablemente en este caso “no trae ni la firma ni la propuesta, porque es una banalidad absoluta”.


Así, para el arquirtecto es evidente que “la importancia del impacto que tiene esa construcción sobre la imagen urbana durante generaciones no está a la altura de la propuesta arquitectónica, un edificio de una vulgaridad absoluta que podría estar en cualquier desarrollo periférico de Madrid o de donde sea, no tiene la más mínima relación con el entorno, ni aporta calidad arquitectónica, ni es una propuesta de interés, y sin embargo va a tener una presencia urbana totalmente determinante”.

A Ramos le sorprende que el proyecto “está pasando con cierta discreción, quizá porque no está estrictamente en el centro histórico, pero está condicionando al río Guadalmedina, que va a quedar dominado por la perspectiva del hotel Moneo al sur y esos dos rascacielos al norte”.

Ramos reitera que en Martiricos “añadir un hito de cierta relevancia no tenía porque haber sido una mala propuesta, se podría haber hecho creo que bastante razonablemente, pero ¿dónde ha estado el control de la calidad arquitectónica?, ¿dónde ha estado el concurso internacional?, ¿dónde que la ciudad pueda buscar con consenso y con el asesoramiento del Colegio de Arquitectos?, ¿dónde ha estado la ocasión de buscar la mejor propuesta posible?”.


Aquí en Málaga resulta que “la promotora de turno trae debajo del brazo su arquitecto de bolsillo y condiciona la imagen urbana durante generaciones sin que nadie pueda decir nada, no ya sobre la propuesta urbana, tampoco sobre la propuesta arquitectónica”, lamenta Ramos. Y es que, para el arquitecto, “esa no es una manera de hacer una ciudad democrática y sostenible, es una manera de que quién controla los desarrollos urbanos en función del capital controla absolutamente todo, los desarrollos, las propuestas urbanas y las propuestas arquitectónicas”.

Además recuerda que “la propiedad privada constitucionalmente tiene sus limitaciones en función de la utilidad social. En el momento que alguien construye en su propiedad privada algo que causa un perjuicio al resto de la ciudad, en ese momento la administración tiene que intervenir y solucionar ese problema”.

Ramos asegura que “en esta operación urbanística la calidad arquitectónica era determinante, porque si no es un edificio que tiene suficiente capacidad arquitectónica para aguantar la interacción con la ciudad a ese nivel, entonces se convierte en un problema”, por lo que, a su juicio, se trata de “desarrollismo del siglo XXI. Ese edificio no tiene ninguna capacidad arquitectónica de soportar el papel que se le está pidiendo, y ahí lo tenemos por desgracia”.

Para finalizar, Ramos cree que la imagen que van a dar los “dos rascacielos prácticamente unidos y en ese punto concreto, eso va a ser un muro blanco de unos 100 metros de altura”.


Francisco Montesino

Por su parte, el también arquitecto Francisco Montesino, entiende que el principal problema es “que desde la alcaldía, o desde la Gerencia de Urbanismo, creo que en general no hay idea de ciudad”, sino que se limita a que en cuanto “hay un solar libre se hacen torres”.

Para Montesino “la edificación en altura no puede ser la solución para el nuevo morro en el puerto, para el final de la ciudad en el oeste al lado de un río, al norte de la ciudad al lado también del río, para en medio de la ciudad donde queda un solar grande en los terrenos de Repsol. No puede ser la solución para todo hacer torres”, si no que “tendría que estar adecuada al entorno, y tener una idea de ciudad”.

Por eso Montesino entiende que “lo de Martiricos es otra forma de pelotazo, no es que sea ilegal, que eso no lo sé, si no pelotazo en el sentido de vamos a intentar coger dinero de donde podamos, aumentar la edificabilidad lo que podamos, sin tener idea de ciudad. Así las torres de Martiricos creo que se engloban en esa no idea de ciudad”.

Montesino recuerda que “también se intentó utilizar un estudio de arquitectura de prestigio entre comillas, para intentar suavizar la opinión pública, lo mismo que con Moneo, pero al final lo ha hecho un estudio de Madrid, un estudio normal digamos”.


En cuanto a las torres, “pues aparte de la altura, si las ves en planta, son dos torres como gemelas, o simétricas, y crea un pantallazo enorme. Es como si fuese casi sólo una torre, y muy ancha. Y claro, se va a ver desde muchos puntos de la ciudad”, asegura. “A nivel de diseño te puede gustar más o menos, pero para mi el error es que en cualquier solar medio grande que quede en la ciudad hay que hacer un edificio con altura para que el Ayuntamiento cobre”, lamenta.

Para el arquitecto “la edificación en altura no tiene en si nada de malo, pero hay que saber dónde, por qué, qué uso se le da a esa edificación en altura”. Y es que “se intenta vender muchas veces a la opinión pública que la edificación en altura es hacer Manhattan, y no es así, las torres de Martiricos son viviendas, a la gente se le intenta vender Manhattan cuando va a ser Carretera de Cádiz, y no es que la Carretera de Cádiz sea mala, pero es simplemente edificar viviendas. Se vende que es otra cosa, y no es así ni por uso, ni por calidad arquitectónica, ni por la inversión que se va a hacer en esas torres”.

Por último, Montesino recuerda que “el Ayuntamiento lo ha dicho explícitamente, si hacemos el Bosque Urbano la ciudad pierde no se cuantos millones de euros que ya tienen apalabrados”, por lo que el arquitecto entiende que “solo piensan en eso, en el ahora, supongo que cuadrar presupuestos, conseguir dinero, pero no tener una idea de ciudad, solo pelotazo y conseguir el máximo con cada promoción”.