“Los distritos sanitarios Huelva-Costa y Condado-Campiña, pertenecientes al Servicio Andaluz de Salud, se mofan de los pacientes que tienen que irse a las siete de la mañana a los centros de salud de Atención Primaria que están colapsados por densidad poblacional o por mala gestión”

27/11/23. Redacción. EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com. El gerente de los distritos Huelva-Costa y Condado-Campiña del SAS ha generado indignación al permitir la publicación de un polémico cartel en la página oficial de Facebook de dichos distritos, tal y como denuncia Paco Núñez, redactor jefe de El Libre (AQUÍ). En el cartel se puede leer "todo lo bueno...

...trae cola", acompañado de fotografías de colas a la entrada de comercios. Como era de esperar el cartel ha causado mucho revuelo, especialmente entre aquellos que han padecido largas esperas a las puertas de centros de salud colapsados. La falta de empatía y el mal gusto exhibido en el cartel, sumado a la crítica situación de la sanidad pública en Huelva, despiertan un llamado a la dimisión de responsables y a la defensa de la dignidad de los usuarios afectados.

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«Todo lo bueno trae cola», la ignominia del SAS llevada al límite

En su página oficial de Facebook, los distritos sanitarios Huelva-Costa y Condado-Campiña, pertenecientes al Servicio Andaluz de Salud, se mofan de los pacientes que tienen que irse a las siete de la mañana a los centros de salud de Atención Primaria que están colapsados por densidad poblacional o por mala gestión. La pretendida sorna viene dada por la comparación con las colas que se forman en algunos establecimientos «para comprar tortilla o pasteles»

El caos imperante en el SAS ha vivido hoy un nuevo y triste capítulo. El gerente de los distritos Huelva-Costa y Condado-Campiña, Antonio Ortega, ha permitido que se cuelgue un cartel, con el membrete de estas dos áreas sanitarias de la provincia onubense, en la página oficial de Facebook de estos dos distritos, en el que la frase, a modo de eslogan, es «todo lo bueno trae cola». Se trata de un juego de palabras facilón y de muy mal gusto, sobre todo para las personas, muchas de ellas mayores de 65 años, que llevan años pasando calor o frío haciendo cola a las puertas de los centros de salud colapsados del SAS desde las siete de la mañana (o antes).


Cuando se habla de los límites del humor, se hace en el contexto de profesionales del mundo del espectáculo cuyo trabajo es hacer reír a la gente. Ahí todo tiene cabida, salvo los chistes de muy mal gusto. Cuando son los propios profesionales del SAS los que se mofan de un problema endémico, denunciado por este periódico y por otros muchos hasta la saciedad, la cosa se pone seria.

¿Realmente hay que explicar por qué no es comparable ir a comprar pasteles con ir al médico por una dolencia física o psíquica? ¿El zote que ha hecho ese cartel no ha pensado que la persona que espera para comprarse una ensaimada puede optar por irse a otra pastelería (o cumplir su capricho otro día, porque nadie le obliga a esperar una cola), mientras que el enfermo que se pone en plena calle a esperar una cita a las siete de la mañana (o a la hora que sea) es por necesidad imperiosa?

El mal gusto llevado al límite

El mal gusto llevado al límite. Eso es lo que exuda este lamentable cartel, del que sólo se pueden reír personas nada empáticas que nunca hayan sufrido el azote de la sanidad pública. Mientras los problemas sanitarios crecen, sobre todo en Huelva (hay que recordar que es la provincia con peor tiempo de demora media de espera para una intervención quirúrgica de toda Andalucía, con 196 días), Antonio Ortega permite (o quizá lo haya hecho él mismo) otro cartel de la vergüenza. Hay que recordar que el centro de salud de Punta Umbría, adscrito a uno de los dos distritos que dirige este hombre, se convierte en verano en uno de los más saturados de toda Andalucía.

¿Puede ser objeto de mofa que 30 o 40 personas se agolpen cada mañana, antes de las siete en la puerta de este consultorio puntaumbrieño para pedir cita en el periodo estival? ¿Tiene algún sentido utilizar la ironía cuando eres el responsable de que eso esté pasando y no pones medios para solucionarlo? ¿Qué clase de miserable compara las colas sanitarias, producidas por la falta de personal y la mala gestión de una consejera sobrepasada, con las colas bancarias? ¿Tiene gracia comparar las colas soportadas por enfermos bajo la lluvia a temperaturas gélidas con las de las tortillas o los pasteles? ¿Colas en Correos? La cabeza me da vueltas… Puestos a reírse de la población andaluza, que hubieran sacado también las colas de los asadores de pollos y las que se producen a las puertas de un estadio días antes de que cante Taylor Swift, Alejandro Sanz, Shakira, Rosalía o Rauw Alejandro. Y no, no voy a reírme por no llorar. Realmente es para llorar de indignación.

También hay que recordar que el famoso hospital fantasma de Lepe, ése que lleva más de una década construido sin dotación de personal, está bajo la jurisdicción de Antonio Ortega. ¿Hacemos un chascarrillo también sobre las manifestaciones que ha habido en Huelva pidiendo que se ponga ese Chare en funcionamiento para dejar de engordar la cuenta corriente de Hospitales Pascual?

Un cartel indignante

Da verdadera vergüenza ajena contemplar este cartel, que va acompañado de un texto, insisto, en el Facebook oficial de los distritos Huelva-Costa y Condado-Campiña: «Los centros de Atención Primaria del Distrito dan diariamente respuesta asistencial a miles y miles de usuarios de Huelva. Creemos en la sanidad pública y defendemos el acceso a la misma de todos los usuarios que necesitan nuestro trabajo. No hacemos política, damos buen servicio». El buen servicio sería que la gente pudiera pedir cita telemática y no verse obligados a ir presencialmente, agolpándose en la puerta de un consultorio, porque en ClicSalud+ no deja de salir el mensaje de que los médicos tienen sus agendas completas y, por lo tanto, no hay cita. Pero, milagrosamente, si vas en persona, te dan enseguida una cita de Urgencias y te encuentras semivacío el centro de salud. ¿Surrealismo o pésima gestión? ¿Fenómenos paranormales o estrategia bien trazada para dejar morir a la sanidad pública y enriquecer a los magnates de la privada?

Mientras trato de recomponerme después de contemplar este atentado contra el buen gusto, pienso en cómo hemos podido llegar a esto. Y sólo deseo que haya una cascada de dimisiones, empezando por Antonio Ortega, Catalina García y Diego Vargas, gerente del SAS. Se acabó la paciencia. Los andaluces no consentiremos que se sigan riendo de nosotros. Hay que decir basta ya y tapar la calle para recuperar nuestra dignidad como usuarios de una sanidad pública que se desangra por momentos, con muchos judas, muchos imbéciles y muchos estómagos agradecidos echando kilos de sal en la herida abierta.