El docente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación y columnista de Vocento publicó una columna ayer sobre la endogamia del periodismo

24/04/14. Opinión. El profesor y columnista Teodoro León Gross publicó ayer una columna en el diario Sur titulada ‘El fin justifica a los medios’. EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com la comparte con sus lectores por lo sorprendente del hecho: León Gross carga, consciente o inconscientemente, contra su propio grupo editorial y su propia cabecera (el grupo Vocento, el diario Abc y el propio diario Sur).

“EL periodismo debería mirarse a sí mismo ante el lector. Algunos comportamientos de sumisión al poder resultan delirantes. En la Marcha de la Dignidad ¿la noticia era el puñado de alborotadores retratados como el frente de Siria? Hacer favores de agenda al Gobierno de turno no es una excepción. Y después está el espectáculo”. Este es un extracto de la columna del profesor León Gross, que fue publicada ayer en su habitual sección de Sur. Lo paradójico es que esas líneas retratan muy bien las actuaciones del grupo Vocento y su cabecera madre, el diario Abc, como las del resto de sus diarios (incluyendo el periódico malagueño). Teodoro León se cuestiona si la noticia sobre las Marchas de la Dignidad fueron los alborotadores o los miles de manifestantes. El periódico en el que escribe apenas se cuestionó nada puesto que ignoró por completo tanto la preparación como la marcha desde Andalucía a Madrid para unirse al resto de columnas en la macromanifestación del pasado 22 de marzo.

LEÓN Gross lamenta en su texto el poco interés de los periódicos en mirar más allá de sí mismos a los ciudadanos. Sur realiza una crónica social escasa de crítica, al igual que el resto de medios locales y muchos de los medios nacionales. De la misma forma, el columnista también habla sobre el factor ‘medio de comunicación’ que poco se ha debatido en las circunstancias actuales, donde los políticos caen en el descrédito por culpa del insoportable peso de la corrupción, que salpica a todos sin distinciones de signos. Habla de un cierto periodismo que precisamente practica el diario Abc con el Gobierno y la monarquía.

SIN embargo, también ayer, a media mañana, León Gross quiso manifestar en Twitter que “el artículo incómodo bien podría ir dedicado a Manolo Castillo (director de Sur): nada como un director con fe que defiende a sus firmas incómodas”.

LA de León Gross ha sido, sin lugar a dudas, una firma incómoda con su artículo (que prosigue a continuación). Desde la redacción de EL OBSERVADOR esperamos que sus palabras no le supongan consecuencias mayores y no den lugar a obligadas rectificaciones in situ, como ya ha ocurrido públicamente en al menos una ocasión.

El fin justifica a los medios

ANTES o después, en el debate sobre la corrupción en España habrá que introducir la variable de los medios. Cuánto y cómo ha contribuido el periodismo al estado de la corrupción. De momento eso ha quedado en debate nonato, como tantos otros. La corrupción, a fuerza de costumbre, se ha integrado en el paisaje, 'Gürtel', ERE, financiación de los partidos, cursos de formación, Bárcenas, Pallerols, con toda naturalidad. Y no es que pasen cosas que no sucedan en otros lugares; pero aquí el sistema lo tolera, desde la política, donde apenas se dimite incluso por casos bárbaros, apostando todo al ruido; o la justicia, una lentísima maquinaría politizada de recursos herrumbrosos. Hasta la ciudadanía, que vuelve a votar a los corruptos sin que le tiemble la mano. En esos puntos suspensivos de un mal ya estructural, ¿qué hace el periodismo?

ESTEtal vez es el mejor oficio del mundo, como proclamaba Gabo, pero no bajo el plomo de una crisis. ERE tras ERE, las redacciones han perdido músculo, nervio, pulso, cerebro. En definitiva se hace peor periodismo. Y la falta de recursos es el tumor por donde siempre se extiende la metástasis. Como sintetiza un viejo axioma periodístico, la independencia editorial es directamente proporcional a la independencia económica. Un medio dependiente no puede ser independiente. El último baile de directores a la medida del poder no cuela en las leyes del azar. Y muchos medios, aunque desde luego no todos sean iguales, están atrapados en trampas. Las portadas diarias de alguna cabecera sumisa al Gobierno ya ni siquiera provoca indignación en los debates universitarios, sólo carcajadas. Pero, con la lógica del náufrago, se impone la idea de sobrevivir sea como sea. O sea, el fin justifica a los Medios.

ESTE es un asunto incómodo; y, como en la política o los negocios, silenciarlo es una tentación, pero no una buena opción. El periodismo debería mirarse a sí mismo ante el lector. Algunos comportamientos de sumisión al poder resultan delirantes. En la Marcha de la Dignidad ¿la noticia era el puñado de alborotadores retratados como el frente de Siria? Hacer favores de agenda al Gobierno de turno no es una excepción. Y después está el espectáculo. Postman, en su brillante ensayo 'Divertirse hasta morir', alertaba de que el periodismo, como la política, cada vez ha mimetizado más la lógica del 'show business'. La corrupción parece un circo en ciertos medios, y no lo es. Estos días el caso andaluz de los cursos se ha vuelto a vender como 'el mayor escándalo de la democracia' y se cifraba en 2.000 millones. Ya se verá, pero de momento se investiga 1,5, y solo hay un informe policial sin judicializar filtrado por una fuente sospechosa. El periodismo naufraga bajo el peso del partidismo y el espectáculo. Y eso es también parte del clima de corrupción.

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