Proyecto de urbanización municipal de los antiguos terrenos de Repsol

Mañana, 10 de septiembre, acaba el plazo para que particulares y asociaciones presenten en Urbanismo alegaciones a un proyecto muy distinto a lo que se planteó cuando se recuperaron para la ciudad los terrenos de Repsol. No hay Bosque Urbano. Solo rascacielos y delante un jardín particular que les construye el Ayuntamiento de Málaga

OPINIÓN. Tribuna Abierta. Por Antonio Somoza Barcenilla
Periodista


09/09/20. Opinión. El periodista Antonio Somoza escribe en esta Tribuna Abierta para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los terrenos de Repsol y el Bosque Urbano: “El Bosque Urbano, que iba a cumplir la función de pulmón verde de la ciudad, apenas se puede vislumbrar entre el hormigón del gran centro comercial y las torres de viviendas proyectadas por la Junta de Gobierno Local”...

Cuando las torres no dejan ver el bosque

El pasado 24 de julio, la Junta de Gobierno Local (JGL) del Ayuntamiento de Málaga, en sesión ordinaria, procedió a la aprobación inicial del Proyecto de Urbanización de los antiguos terrenos de ‘Repsol’. El acuerdo se publicó en el BOP el día 12 de agosto y, al día siguiente, en pleno mes de vacaciones, comenzó a correr el plazo de 20 días para poder presentar alegaciones contra el mismo. Mañana, día 10 de septiembre, se cierra el ventanuco abierto por el Ayuntamiento para que particulares y asociaciones pudieran plantear sus alegaciones a un proyecto que se ha convertido en algo muy distinto a lo que se planteó cuando se recuperaron para la ciudad los terrenos de los antiguos bidones de Repsol. El Bosque Urbano, que iba a cumplir la función de pulmón verde de la ciudad, apenas se puede vislumbrar entre el hormigón del gran centro comercial y las torres de viviendas proyectadas por la Junta de Gobierno Local.

A pesar del corto espacio establecido para alegar, muchos ciudadanas y ciudadanos,  a título particular y bastantes asociaciones han ejercido su derecho y han presentado alegaciones, tanto en el registro de la Gerencia Municipal de Urbanismo como por vía telemática. Una vez finalice el plazo de presentación se podrá concretar el número; pero seguro que son muchas más de las que esperaba quien decidió abrir el plazo a mediados de agosto y muchas menos que las se hubieran formulado de haberse abierto el plazo este mes de septiembre.

Motivos para alegar hay muchos y de muy diversa índole. El primero y más grave, desde el punto de vista legal y administrativo, es que el acuerdo de la JGL contradice lo aprobado el 28 de marzo de 2019 por el Pleno ordinario del Excmo. Ayuntamiento de Málaga. Según se puede comprobar en la certificación de acuerdos (AQUÍ), firmada por el alcalde, Francisco de la Torre, y el secretario general del ayuntamiento, Venancio Gutiérrez, el citado Pleno acordó en el punto cuarto: «Instar al equipo de gobierno a la redacción y ejecución de un proyecto para la creación de un Bosque Urbano mediterráneo de 177.000 metros cuadrados en los antiguos terrenos de Repsol, que sirva de pulmón verde para la ciudad».

El proyecto presentado por la empresa promotora -Árqura Homes, Fondo de Activos Bancarios (FAB)- y aprobado por la Junta de Gobierno Local en julio se aleja del acuerdo del pleno, tanto por la superficie como por las especies que se pretenden plantar. El futuro parque tendría una superficie de 65.000 metros cuadrados, el 45 por ciento del total de la parcela, y una masa arbórea con especies no mediterráneas e insuficiente para cumplir con el objetivo marcado por el acuerdo plenario: que dicha infraestructura «sirva de pulmón verde para la ciudad».

Densidad de población

El recorte de superficie verde y la disminución de masa arbórea ha ido acompañada de un crecimiento desmesurado de grandes volúmenes edificados, de uso privado: cuatro rascacielos de más de 30 plantas de altura, 400 viviendas distribuidas en varios bloques y la construcción de un gran centro comercial con una superficie de 40.000 metros cuadrados. Todo un canto al cemento y al hormigón que amenazan seriamente al pulmón verde de la capital. Un auténtico despropósito, ya antes de la pandemia, para una zona con una densidad de población desmesurada y una burla a la inteligencia y a la salud de los vecinos en medio de una pandemia que sigue planteando muchas incógnitas, pero que debería habernos enseñado, al menos, que el hacinamiento es el mejor caldo de cultivo para la expansión del virus.


No deberíamos olvidar que en los distritos de Cruz de Humilladero y Carretera de Cádiz -con más de 200.000 habitantes- se registra uno de los índices más altos de la Unión Europea en cuanto a densidad de población, volumen edificado y emisiones de CO2, además de una ratio de zonas verdes que apenas supera los 2 metros cuadrados por habitante. No hacen falta más viviendas en el distrito que solo aumentarán la densidad de población; ni más parkings para incentivar el uso de vehículos privados que incremente las emisiones; ni más zonas comerciales que beneficien a grandes cadenas en detrimento del pequeño comercio de proximidad. Lo que hacen falta son zonas arboladas que ayuden acercar la ratio de zonas verde por habitante de los raquíticos 2 m2  a los 10-15 m2 por habitante que recomienda la OMS para garantizar una óptima condición física y mental del vecindario.

Según datos del portal Idealista a fecha 1 de septiembre de este año, en la provincia de Málaga hay 56.924 viviendas en venta y 10.299 en alquiler; además de 86 promociones de obra en nueva ya en marcha. En la capital el parque de viviendas no ocupadas, según la misma fuente, supera las 10.000, 7.173 en venta y 3.415 en alquiler. Y si reducimos el foco a los barrios más próximos a los terrenos de Repsol (Cruz de Humilladero y Carretera de Cádiz) las viviendas no ocupadas son más de 2.000; 1.590 en venta y 623 en alquiler. Todo ello sin contar la cantidad de solares de titularidad pública (municipal o de la Junta) que llevan años o décadas a la espera que se edifiquen viviendas públicas.

Si lo que se pretende es ofrecer puestos de trabajo dignos, el desarrollo de un bosque urbano genera empleos tanto en su comienzo como en su mantenimiento a largo plazo, además las viviendas ya construidas y deshabitadas (en venta o alquiler) como el resto de viviendas de Málaga necesitan ser adaptadas para mejorar su eficiencia energética algo muy necesario en estos días y que también proporcionará muchos puestos de trabajo dignos, así como todas las tareas necesarias para luchar contra el cambio climático.

La salud pública, en juego

Como algunas de las actividades humanas son ineludibles, aunque intentemos que cada vez sean menos las emisiones que produzcan dichas actividades, siempre habrá una cantidad de gases de efecto invernadero que será imposible evitar su emisión a la atmósfera lo que implica disponer de sumideros que permitan absorber dichos gases de la atmósfera y ese sería uno de los objetivos del bosque urbano, de no ser así contribuiríamos al aumento de las emisiones tanto en la construcción de los edificios como luego en su mantenimiento dada la imposibilidad de ser estos autosuficientes en consumo de energía.

Al margen del problema para la salud que supone el recorte de las zonas verdes, hay un problema específico derivado del diseño de la obra que se pretende construir. Cuatro torres de  90 o 100 metros de altura (más de 30 plantas) supone un riesgo grave para la vida de las personas. En este sentido hay que recordar que para actuar con eficacia en caso de emergencia, el Cuerpo de Bomberos de la ciudad sólo dispone de una escala (siempre que no esté averiada) que solo alcanza 42 metros de altura (unas 13 plantas), poco más de un tercio de la altura prevista para las cuatro torres planificadas en el proyecto aprobada inicialmente por la JGL.

Por si no fuera suficiente, “los terrenos objeto del proyecto de urbanización fueron ocupados durante décadas por unas instalaciones de almacenamiento de hidrocarburos de la empresa Repsol. Este uso industrial de la parcela ha generado una importante presencia de hidrocarburos tanto en el suelo como en los acuíferos de la misma. Así lo constatan informes recientes realizados sobre estos terrenos. Según el informe elaborado por la consultora Ramboll en 2018 estas afecciones por contaminación comportan «riesgos inaceptables» para la salud”, según se recoge en las alegaciones presentadas por la Plataforma ciudadana Bosque Urbano Málaga (AQUÍ), en las que se detallan los riesgos derivados de esta contaminación química del subsuelo.

Antes hacíamos referencia de pasada al impacto que puede tener el proyecto aprobado inicialmente por la JGL en el pequeño comercio de proximidad. El proyecto contempla una superficie de más de 40.000 metros cuadrados para uso terciario y comercial, divididos en un zócalo de cuatro plantas que unirá los cuatro rascacielos previstos. Con toda probabilidad, esta enorme área comercial absorbería gran parte de la clientela que diariamente frecuenta las tiendas de proximidad que durante décadas han dotado a Carretera de Cádiz y Cruz de Humilladero de su particular idiosincrasia y que ha sido un buen salvavidas para muchos vecinos y vecinas durante los duros meses de confinamiento. Los beneficios derivados del centro comercial, sin embargo, no revertirían en la población de los distritos afectados, ni en sus comerciantes, ni en los trabajadores de esos comercios, sino fundamentalmente en grandes empresas ajenas a la realidad de Cruz de Humilladero y Carretera de Cádiz.

Las prioridades del Ayuntamiento

La declaración de intenciones del proyecto de urbanización aprobado por la JGL asegura que «Se proyecta el parque con una imagen lo más natural posible acercándose así al concepto de bosque. Se deja el máximo terreno de manera natural y se utiliza el aporte de tierras provenientes del parking para crear colinas». Teniendo en cuenta el historial de la parcela, no parece adecuado crear colinas artificiales con tierra que proviene de un subsuelo que ha podido estar expuesto, como el resto de la parcela, a elementos contaminantes y que no va a ser sometido a acciones de descontaminación.

Por otra parte, las previsiones presupuestarias y los plazos de ejecución del proyecto aprobado por la JGL dejan en evidencia las prioridades municipales ya que de los 30 millones previstos, la creación del parque sólo dispondrá de 8,3 millones y 24 meses para su ejecución. La parte más importante del presupuesto se reserva para las obras de urbanización (10,1 millones y 12 meses de trabajo) y, sobre todo, la construcción del parking subterráneo (11,23 millones y 18 meses).


Entendemos que las obras de urbanización son necesarias, pero serían mucho mas baratas si se tratara de urbanizar una zona verde que un espacio residencial, comercial y de parking como pretende el Ayuntamiento. En cuanto a las necesidades de construir un aparcamiento subterráneo solo se sostienen por el proyecto de construcción de zonas residenciales, comerciales y de oficinas. Una medida que incentiva el uso del transporte privado convencional, y que va en contra del espíritu del Nuevo Pacto Verde europeo y de las recomendaciones de la OMS para mejorar la calidad del aire del espacio urbano.

No es de recibo la aprobación inicial por parte de la JGL de un proyecto que supone poner en manos privadas la explotación de espacios públicos y mucho menos cuando el proyecto va en contra de los deseos de los vecinos, contradice el acuerdo del pleno municipal, pone en riesgo la salud pública, amenaza la viabilidad del pequeño comercio local y los puestos de trabajo que dependen directamente del tejido comercial tradicional y contradice los principios del Nuevo Pacto Verde, que, aparentemente serán las directrices que deben marcar la recuperación en Europa. Buena parte de los fondos europeos que necesita nuestro país para retomar el pulso irán destinados a financiar proyectos que se ajusten a principios opuestos a este proyecto.

Torpeza o avaricia

¿Cómo es posible que la JGL no haya tenido en cuenta todas estas cuestiones antes de aprobar este despropósito? ¿Será una torpeza supina o será que para los integrantes de la JGL las únicas zonas verdes de interés son las cubiertas de billetes de 100 euros? Podría ser cualquiera de las dos alternativas; no en vano la torpeza y la avaricia son una defectos/virtudes demasiado comunes en el quehacer diario de nuestra clase política en general y de los partidos de derechas, en particular. A pesar de la pandemia, no son capaces de imaginarse un futuro alejado de la construcción y del turismo de masas, ni de sobrevivir sin las mordidas que se generan en los procesos de recalificación y construcción.

Tras leer la información facilitada por el Área de Comunicación del Ayuntamiento (AQUÍ) y ver los bonitos gráficos (AQUÍ) que han preparado para “vender” su proyecto a la ciudadanía se nos despejan algunas dudas, más por lo que callan y/o ocultan que por lo que cuentan. El texto remitido pasa de puntillas sobre las obras de espacios residenciales, comerciales y del parking (de hecho las torres ni siquiera las nombran). Y en los gráficos no aparecen más que elementos verdes, ni una sola torre, ni parking, ni siquiera las zonas deportivas, de juego y supuestas zonas verdes situadas en la zona norte del solar, donde apenas hay árboles, quizás porque está previsto construirlas sobre el aparcamiento de 4 plantas. Una zona verde similar a la de la plaza de Camas. A cualquier cosa le llaman zona verde en este Ayuntamiento. Pero saben, y por eso lo ocultan, que ni los vecinos, ni Europa, aprobarían un proyecto de este tipo en tiempos del Nuevo Pacto Verde.

Es preciso, por último, recordar que la promotora del proyecto aprobado inicialmente por la JGL es Árqura Homes, Fondo de Activos Bancarios (FAB). Esta empresa es una marca inmobiliaria creada en 2019 por la SAREB (el banco malo creado para dar salida a buena parte de los activos inmobiliarios que se quedaron colgados tras la anterior crisis) y gestionada por Värde Partners, fondo de inversión de capital riesgo radicado en Minneapolis (EE.UU.).

“El funcionamiento del banco malo –en palabras de Ana Rubio, de BBVA research- se asemeja a una bola de nieve, el activo deteriorado, que va cayendo por una ladera y va creciendo. Lo que hace el banco malo es tomarlo de la ladera, separarlo y ponerlo al sol para que se vaya derritiendo con el tiempo”.

Siguiendo con la metáfora, en lugar de crear nuevas bolas de nieve, o de engordar la que ya tenemos en Málaga añadiendo nieve a una bola con casi 70.000 viviendas en venta o alquiler, sin contar las promociones en curso, la Sareb debería dedicarse a que ese agua de la nieve que se derrite permita regar la naturaleza que necesitamos las personas para vivir. Y el PP y C’s, partidos que sustentan el Gobierno municipal, debería dedicarse más a asegurar la salud y el bienestar de la ciudadanía malagueña y dedicarse, de una vez por todas, a planificar un bosque urbano de verdad en lugar de promover un bosque de billetes para sus amiguetes.

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