“Tanto Casado como Díaz Ayuso llevan meses instalados en la descalificación de cualquier medida que tome el Gobierno… y en lo contrario”

OPINIÓN. Tribuna Abierta. Por Antonio Somoza Barcenilla
Periodista


06/10/20. Opinión. El periodista Antonio Somoza escribe en esta Tribuna Abierta para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la actitud política del PP durante la pandemia: “La actitud del PP, como principal partido de la oposición, ha sido deleznable desde el primer momento. Toda una operación de acoso y derribo contra el gobierno, apoyándose en ocasiones en los elementos más reaccionarios de la policía y la judicatura...

...y siempre alentados por los voceros de la caverna mediática. Sería interminable enumerar las actuaciones desleales que ha protagonizado, no ya hacía el Gobierno sino hacia el conjunto de la ciudadanía”.

¡Basta!

Esta semana pensaba escribir un artículo sobre la preocupante deriva de la Justicia española, pero las declaraciones del Gobierno de la Comunidad de Madrid a raíz de la Orden del Ministerio de Sanidad para extender las medidas de restricción de la movilidad a toda la capital y a otros 9 municipios madrileños me han obligado a cambiar de asunto. Ya habrá tiempo de hablar sobre el ruido de togas en altas instancias de nuestra judicatura que se parece demasiado a otros procesos acaecidos en países como Brasil y Bolivia en los que el murmullo togado parece haber sustituido al tradicional ruido de sables con el que se definían los procesos golpistas durante los siglos XIX y XX. Quizás en la próxima entrega.

He cambiado de tema porque, Isabel Díaz Ayuso me ha confirmado que mi hijo, Unai, lleva quince días privado de sus derechos fundamentales y sólo ahora, cuando el Gobierno ha decidido ampliar las limitaciones de movimiento a toda la ciudad de Madrid y a otros nueve municipios de la Comunidad más por sus insoportables datos de incidencia de la pandemia, la presidenta ha descubierto que esa limitación va en contra de los derechos fundamentales de las personas.

Mi hijo trabaja en la zona noble de Madrid, pero esa nobleza del barrio en el que está su empresa no le reporta un sueldo a juego con la alcurnia nobiliaria de su oficina. Tampoco tiene ningún amigo que le haya ofrecido un apartamento de lujo en la Plaza de España a precio de amiguete y, por eso se ha tenido que instalar en el barrio de Puente de Vallecas, del que se siente muy orgulloso. Afortunadamente, su salario le ha permitido alquilar un piso de unos cincuenta metros cuadrados, con dos ventanas a la calle; todo un privilegio en un barrio popular en el que la mayoría de sus vecinos viven hacinados, no porque esa sea su manera de vivir, sino porque sus ingresos no les da para más.

Es de un cinismo insoportable que la señora Ayuso argumente que su propia normativa va en contra de los derechos fundamentales de las personas, cuando el Gobierno ha decidido aplicarla a toda la ciudad. ¿Es que mi hijo y sus vecinos, mucho más pobres, pero mejores seres humanos que la presidenta, no tienen siquiera la categoría de personas?

Y ya que hablamos de las condiciones de vida en los barrios obreros de Madrid y de la preocupación que ha manifestado la señora Ayuso por la “proliferación” de los okupas y su incidencia en la propagación de la pandemia será necesario recordar un par de temas. En primer lugar que la pandemia se controla (o se hubiera controlado) mejor con más rastreadores y más sanitarios en los centros de salud que con policías en los desahucios. En segundo lugar, muchos de los desalojos de familias en pisos ocupados se realizan a iniciativa de los fondos buitres a los que su compañera de partido, Ana Botella, vendió a precio de ganga buena parte del parque inmobiliario público del Ayuntamiento o como ocurrió hace unos días en Lavapiés por exigencia de la familia Franco. Y ya que hablamos de desalojos de okupas y de la familia Franco ¿para cuando el desalojo de los herederos del dictador del Pazo de Meirás?

Pero por volver a Madrid y al problema de la vivienda, o mejor a la escasez de ella, y su incidencia en la propagación de la enfermedad, estoy seguro que si la alcaldesa Botella, en lugar del malvender las viviendas públicas a sus amiguetes hubiera continuado las políticas de construcción de edificios en los barrios populares con políticas sociales de venta o alquiler de los mismo no habría tantas ocupaciones, ni las familias de los barrios pobres tendrían que vivir en condiciones infrahumanas y el virus no habría encontrado tantas facilidades para su expansión. Por no hablar del ataque iniciado por Esperanza Aguirre contra la sanidad pública y culminado con los contratos de miseria y de corto recorrido con los que Isabel Díaz Ayuso “recompensó” a los sanitarios que reforzaron su sistema sanitario en los meses más duros de la pandemia. Para luego culpar a las universidades de la falta de médicos para contratar. Si que hay médicos, señora Ayuso, lo que pasa es que hay muchos que no están dispuestos a dejarse humillar nuevamente con unos contratos de miseria, mientras el dinero que reciben lo dedican a otros menesteres.

Moción de censura, intervención o pacto

Entiendo las dificultades que afronta el Gobierno y el propio Pedro Sánchez para revertir la situación en plena pandemia. Soy de los que piensan que el desgobierno de la Comunidad de Madrid bien se merecería una moción de censura o una intervención del Estado en la Comunidad Autónoma, pero hacerlo en medio de la pandemia es sumamente peligroso Sobre todo si tenemos en cuenta la falta de escrúpulos y de vergüenza que ha demostrado Isabel Díaz Ayuso y los medios de Comunicación que le jalean todas sus ocurrencias. Eso sin contar con las dificultades que tendría que superar para aplicar cualquier medida para contener la expansión del virus con una administración trufada y controlada por elementos que han prosperado alimentados por el humus esparcido por Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes e Isabel Díaz Ayuso. Por no hablar del sesgo de la policía que confraternizaba alegremente con los manifestantes de Núñez de Balboa o con los negacionistas de Colón con tanta intensidad como reprimía a los vecinos de Vallecas y otros barrios populares cuando se han manifestado para exigir más rastreadores y sanitarios en los centros de salud de la periferia.

Entiendo que Pedro Sánchez hiciera todos los esfuerzos para evitar esta situación explosiva, que intentara llegar a un acuerdo y que tratara de atender las exigencias de la presidenta de Madrid. No me parece de recibo, sin embargo, que no le pidiera cuentas sobre el destino que ha dado a los 1.600 millones de euros llegados de Europa para reforzar el sistema sanitario y educativo. El gobierno de Madrid lleva semanas ignorando una pregunta de la portavoz de Más Madrid en el parlamento regional para conocer el destino que se ha dado a esos fondos y que, desde luego, no se han destinado ni para contratar rastreadores, ni para reforzar la atención primaria.

Y me parece aún más imperdonable que pocos días después de la foto de las banderas con la que se escenificó el pacto, unidades de la policía nacional sin el número de identificación visible (¿premeditación?) reprimieran con suma violencia una manifestación de vecinos en Vallecas. Las imágenes de esa actuación policial duelen, y mucho, sobre todo si la comparamos con el comportamiento de esa misma policía en las manifestaciones que se desarrollaron en pleno confinamiento en muchos barrios ricos de Madrid y otras ciudades, convocadas por la extrema derecha y alentadas por la propia Isabel Díaz Ayuso desde el parlamento de Madrid. Hay que recordar que la actuación de la Policía Nacional depende directamente del delegado del Gobierno en la comunidad y del ministro del Interior. Alguien debería explicar quién es el responsable de esta obscena, por desigual, actuación de la Policía Nacional y, en este caso, si que le corresponde al Gobierno de la nación dar explicaciones.

Dos maneras de ejercer la función policial; a la izquierda en Vallecas y a la derecha en el Barrio de Salamanca

Ya digo que es muy complicado, tomar un decisión drástica vía moción de censura o vía de intervención directa del estado; pero el problema estriba en que plegarse a todo lo que plantea el PP, tampoco sirve para nada; porque tanto Casado como Díaz Ayuso llevan meses instalados en la descalificación de cualquier medida que tome el Gobierno… y en lo contrario. La entrevista que concedió Pablo Casado a Carlos Alsina en Onda Cero (AQUÍ), deja en evidencia la táctica miserable del principal partido de la oposición durante la pandemia. Javier Gallego, integrante del programa de radio Carne Cruda, lo explica muy bien en un tuit: “Primero dijeron que Sánchez tardaba en confinar, luego que confinaba demasiado. Después que desescalaba lento, luego que rápido. Más tarde que intervenía mucho, luego que les había abandonado, hoy que vuelve a intervenir de más”. El tuit y algunos de los comentarios que ha generado se puede consultar AQUÍ.

El objetivo principal es hacer caer al Gobierno y, ya de paso, evitar que nadie más que ellos tenga la posibilidad de decidir el destino de los fondos económicos que van a llegar desde Europa.

La actitud del PP, como principal partido de la oposición, ha sido deleznable desde el primer momento. Toda una operación de acoso y derribo contra el gobierno, apoyándose en ocasiones en los elementos más reaccionarios de la policía y la judicatura y siempre alentados por los voceros de la caverna mediática. Sería interminable enumerar las actuaciones desleales que ha protagonizado, no ya hacía el Gobierno sino hacia el conjunto de la ciudadanía. Un ejemplo lamentable y que, en buena parte, es causante del desconcierto de la ciudadanía sobre las medidas que había que seguir frente al virus.

Acusaciones de grueso calibre, descalificaciones, judicialización de la pandemia…, no han dejado un solo palo por tocar, incluido su vergonzante comportamiento en Europa, difundiendo dudas sobre la solvencia de nuestro país para evitar que las ayudas europeas lleguen a España en las mejores condiciones posibles para la ciudadanía. Una actuación propia de los lacayos de los llamados países frugales de la UE y muy alejada del patriotismo que pretenden arrogarse en exclusiva. Justo en las antípodas del comportamiento que han tenido los grupos de oposición en el resto de países de la UE. El ejemplo de Portugal es paradigmático.

El caos

Todos los indicadores señalan que la unidad de acción política es una condición indispensable para hacer frente a la pandemia, pero al PP de Casado-Ayuso los informes técnicos y científicos se la traen al pairo. Ellos se manejan mejor en el caos y en acusar a los demás de lo que ellos mismos practican. La palabra caos ha sido la más repetida por Isabel Díaz Ayuso y sus consejeros de Justicia y Sanidad para descalificar la decisión del Gobierno de ampliar sus propias decisiones a todas las zonas con altos índices de contagio. Todos los expertos científicos consideran que esas medidas son escasas para los niveles de incidencia de la pandemia en Madrid. Y todos los países europeos están aplicando medidas mucho más estrictas con datos mucho más suaves de incidencia de la enfermedad.

La verdad es que a mi me cuesta mucho apreciar donde ven los políticos del PP de Madrid ese caos. Para mi hijo, por ejemplo, la decisión del gobierno le permite acceder a su puesto de trabajo sin tener que pasar cada día el control policial instalado bajo la M-30 para justificar los motivos por los que se desplazaba de una zona “apestada” a la zona “noble” de la capital y al contrario. Sin olvidar que otros muchos vecinos de mi hijo, contratados en negro por los señoritos de los barrios ricos no han podido contar con el justificante de trabajo y se han enfrentado a sanciones o directamente a la pérdida de su puesto de trabajo. Eso si que es un caos para esas familias que dependen directamente de los escuálidos ingresos que reciben por servir cañas o por limpiar las casas de los ricos.

A mi, me da miedo de Ayuso, sus consejeros y quien ha escrito el argumentario del caos. Tiene toda la pinta de ser la clásica profecía autocumplida. Al anunciar el caos y llevar la decisión a la Justicia ya están abonando que la población no cumpla las restricciones que ellos mismos instauraron y que el Gobierno simplemente amplió a todas las zonas con una afectación descontrolada y mucho me temo que las autoridades madrileñas no van a hacer nada por evitar ese caos. Y estoy a un tris de pasar del miedo al pánico desde que leí el pasado viernes en ABC que para Isabel Díaz Ayuso No se trata de confinar al 100% de los ciudadanos para que el 1% contagiado se cure”. Hay que recordar que la población de la Comunidad de Madrid es algo más que 6.600.000 personas y el 1 %, del que parece que se puede prescindir, son más de 66.000 personas y mucho me temo que la mayoría ellas vivirán en lugares como Puente de Vallecas, barrio de residencia de mi hijo.

La equidistancia de Antonio Muñoz Molina

La deslealtad de la oposición en la gestión de la pandemia ha generado en buena parte de la ciudadanía una sensación de impotencia y de desconcierto ante la cantidad de mensajes contradictorios. Como resultado, muchos de ellos culpan por igual a todos los políticos, los del Gobierno y los de la oposición.

Es entendible que el ciudadano de a pie se encuentre un tanto sobrepasado por la cantidad de mensajes confusos y contradictorios y que muchos de ellos se aferren a aquellos que les son más útiles y/o cómodos. Lo que si es más preocupante es que un persona tan ilustre y con acceso privilegiado a la información como Antonio Muñoz Molina publicara el día 27 de septiembre en el diario El País una columna titulada “La otra pandemia” que abundaba en esa idea de que “todos” los políticos, al menos todos los que tienen responsabilidades de gobierno en la nación o en las comunidades autónomas son iguales.

De toda su reflexión sólo comparto la última frase “Si no hacemos algo más –la ciudadanía- esta gente va a hundirnos a todos”. Pero Muñoz Molina incluye en “esta gente” a todos los políticos, mientras que, desde mi punto de vista, no hay más responsable que el PP, que se ha negado a cumplir el papel de la oposición en una pandemia y ha pretendido sacar beneficio político de ella. Estoy de acuerdo con la necesidad, la urgencia de que las clases populares no se dejen engañar y participen en el diseño de su futuro sino quieren que los poderosos, los que se han enriquecido con la pandemia, vuelvan a hacer caja, mientras desmantelan la sanidad y la educación pública, con la inestimable ayuda de los partidos de la derecha y de sus medios de comunicación.

La intervención de Muñoz Molina en El País, como la actuación de la policía en Vallecas, no ayuda a esa toma de conciencia de la ciudadanía. Antes al contrario, ese tipo de soflamas sólo redunda en beneficio de la extrema derecha. Vox es el único partido que no tiene en estos momentos puestos de decisión directa en ningún gobierno del país y descalificaciones genéricas como las de Muñoz Molina o actuaciones discriminatorias de la policía en función de la clase social de los manifestantes, alimentan el desencanto de la población con los partidos con responsabilidades de gobierno y alimentan las expectativas de VOX.

Homenaje a Quino y Mafalda

Voy a terminar esta columna, con un humilde homenaje al recientemente fallecido dibujante argentino Quino y a su personaje más emblemático, Mafalda; una niña que encarna una juventud progresista, preocupada por el lugar que ocupa la mujer en la sociedad actual y que aspira a una sociedad más humana. Empática con los más débiles, Mafaldita sueña y nos hace soñar con un mundo mejor que avance en dirección a la justicia social y en el que la lógica de la paz se imponga a la confrontación y la guerra …, más o menos en las antípodas de Isabel Díaz Ayuso, trasunto perfecto de Susanita, la repija amiga de Mafalda, enamorada de si misma, “odiadora” de sus vecinos pobres y con menos empatía que una ameba. Como cierre circular  de esta reflexión escrita en defensa propia, me permito utilizar esta viñeta en la que la protagonista de tantas lecturas de infancia y juventud manifiesta en un solo grito los sentimientos que me asaltan en estos momentos.


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