“Los que hoy gritan “libertad” por las calles para exigir su “derecho a la diversión” sin tener en cuenta las repercusiones de sus actos entre los más débiles de la sociedad son de esa misma estirpe que no tiene problemas en eliminar ancianos y personas con problemas de salud, para lograr sus objetivos”

OPINIÓN. Tribuna Abierta. Por Antonio Somoza Barcenilla
Periodista


03/11/20. Opinión. El periodista Antonio Somoza escribe en esta Tribuna Abierta para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre las manifestaciones pidiendo libertad que se suceden en las ciudades de España: “En las protestas actuales, el término libertad tiene otras connotaciones. Los que la gritan piensan en si mismos, en el derecho que tienen (ellos y ellas) a divertirse, a hacer lo que les de la gana,...

...aunque para lograrlo pongan en riesgo las vidas del resto, sobre todo, de los miembros más frágiles de la comunidad. El interés común, la lucha por los derechos de toda la ciudadanía, ha desaparecido y ha sido sustituido por la exigencia del disfrute egoísta de derechos personales”.

¡¡¡¡Libertad!!!!

¡Libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!... un grito recorre muchas calles de nuestras ciudades en estos tiempos de pandemia. En Sevilla, Bilbao, Barcelona, Zaragoza, Burgos, Santander…, también en Málaga, en el barrio de Huelin, se han sucedido las manifestaciones más o menos espontáneas que en muchos casos han derivado en duros enfrentamientos con la policía. La reivindicación de libertad y las cargas policiales nos retrotraen a un escenario parecido al de los últimos años de la dictadura, pero ahí, en el decorado y en el texto de las reivindicaciones de las protestas, se terminan las coincidencias entre unas y otras.

De entrada, la palabra Libertad, como casi todos los vocablos, tiene un carácter polisémico, que nos conducen a realidades distintas, incluso contradictorias en algunos casos. La libertad enarbolada en las calles de España en los años 60 y 70 tenía un sentido colectivo, una aspiración de la comunidad que muchos ciudadanos pagaron con su vida en aquella lucha desigual para lograr que un día “al levantar la vista, veremos (todos y todas) una tierra que ponga libertad”, que cantaba Labordeta.

En las protestas actuales, el término libertad tiene otras connotaciones. Los que la gritan piensan en si mismos, en el derecho que tienen (ellos y ellas) a divertirse, a hacer lo que les de la gana, aunque para lograrlo pongan en riesgo las vidas del resto, sobre todo, de los miembros más frágiles de la comunidad. El interés común, la lucha por los derechos de toda la ciudadanía, ha desaparecido y ha sido sustituido por la exigencia del disfrute egoísta de derechos personales.

No es raro, si tenemos en cuenta que desde que se acabó la dictadura de Franco, todos los poderes económicos, políticos y mediáticos se han empleado a fondo en crear una sociedad competitiva, consumista, profundamente individualista; por más que algunos discursos mantengan enarbolada, como falsa bandera, la palabra solidaridad, totalmente vaciada de contenido y mucho más próxima a la caridad que al apoyo mutuo, a la verdadera colaboración solidaria entre iguales.

La ley del más fuerte, del sálvese quien pueda, impera en este modelo de capitalismo global. Le llaman neoliberalismo, pero tiene poco de nuevo y menos de liberalismo, al menos del liberalismo que surgió en el siglo XIX como oposición al absolutismo. En realidad es la actualización de las doctrinas del darwinismo social bañadas por toneladas de márquetin para apropiarse de conceptos como la libertad y aplicarlas contra la mayoría de la población. El neodarwinismo social es una construcción ideológica que aplicó directamente las teorías de Darwin a las relaciones sociales y que fue la base teórica y la escusa “científica” del Imperialismo en el siglo XIX, del nazismo en el siglo XX y de todas las teorías eugenésicas que justificaban la eliminación de los más débiles para mejorar la “pureza de la raza”.

Los que hoy gritan “libertad” por las calles para exigir su “derecho a la diversión” sin tener en cuenta las repercusiones de sus actos entre los más débiles de la sociedad son de esa misma estirpe que no tiene problemas en eliminar ancianos y personas con problemas de salud, para lograr sus objetivos. Sólo que en esta ocasión sus objetivos -su derecho a tomar copas o a no llevar una mascarilla- son más peregrinos, mas pedestres que el discurso racial del nazismo.

¿Quién se moviliza y quién promueve los disturbios?

No creo que ninguno de los que nos movilizamos contra el Franquismo en los últimos años de la dictadura en reivindicación de un horizonte de libertad, hayamos participado en estas algaradas en plena pandemia. Tampoco hemos participado en ellas, ninguno de los miles de compatriotas que en los últimos años hemos exigido en las calles en defensa de la Sanidad y la Educación públicas o en apoyo de las miles de familias desahuciadas como consecuencia de la crisis inmobiliaria y financiera de la década pasada.

El perfil de los nuevos “luchadores por la libertad” es otro y creo que se repite en otros países desarrollados, desde Estados Unidos a Europa tanto en el grito que les une, “libertad”, como en los métodos que utilizan y, sobre todo, en los objetivos que persiguen tras esa falsa bandera de la libertad. Son grupos más o menos heterogéneos en los que se mezclan la extrema derecha, con los negacionistas de diverso pelaje (desde los antivacunas hasta los terraplanistas), seguidores ultras de equipos de fútbol, jóvenes mal criados y poco o nada dispuestos a renunciar a su libertad de consumo, es posible que haya algún ciudadano (pocos) afectado por los cierres; puede que también algún policía fuera de servicio de los muchos que muestran sin tapujos en redes sociales su adhesión inquebrantable a los discursos xenófobos y patrioteros de VOX. Puede, incluso, que algunos que se consideren de izquierdas, con síndrome de abstinencia alcohólica, hayan picado el anzuelo de la falsa bandera y hayan participado en movilizaciones promovidas por la extrema derecha (1). Los medios y VOX les buscan con denuedo para hilvanar un discurso equidistante y quitar el foco de los desmanes entre los cachorros de los promotores de la algarada.

Una masa heterogénea pero que, en todos los casos, en todos los países parece seguir un mismo esquema de pensamiento y funcionamiento: la patria, la libertad individual y la defensa de un sistema que antepone la economía a la salud y el derecho individual al consumo compulsivo al derecho a la supervivencia de los estamentos más débiles de la sociedad y que enfrentan a cualquiera que plantee restringir lo que ellos consideran sus derechos inalienables. Dentro de ese catálogo de enemigos se encuentran los científicos que recomiendan medidas más estrictas para combatir la pandemia; los políticos que (aunque sea tímidamente) tratan de desarrollar políticas próximas a las recomendaciones científicas; el personal sanitario porque pone en evidencia la cruda y dolorosa realidad de los hospitales, porque pone en evidencia el reguero de muertes que dejan a su paso actitudes insolidarias como las que reivindican y, por su puesto, esa parte más frágil de la sociedad que enferma y muere, como si la enfermedad y la muerte fuera una especie de conspiración para justificar el recorte de su derecho a la borrachera.

Que una explosión como la vivida este pasado fin de semana se haya reproducido en tantas ciudades españolas de manera coordinada y que el caso de España sea prácticamente el mismo que se produce en Italia, Alemania, Francia, Holanda o Estados Unidos no puede ser una casualidad, ni pueden ser fruto de respuestas espontáneas de ciudadanos cabreados. Grupos de extrema derecha y de derecha a extrema (en España, de Vox a Falange, Democracia Nacional y otros pequeños partidos fascistas o nazis) han inundado las redes con llamamientos a un alzamiento nacional contra una especie de “dictadura constitucional” que amenaza sus derechos. No todos los que se han manifestado estos días y los que no han salido a las calles, pero comparten, al menos parcialmente, su discurso, se pueden calificar, todavía como nazis o fascistas, pero coquetean peligrosamente con un esquema de pensamiento en unos momentos de crisis económica y social que se parece demasiado a la Alemania de entreguerras y a la Italia prefascista de los mismos años.

Los políticos, los medios y las redes sociales

El papel de la mayoría de los políticos y de los medios de comunicación convencionales fomentando la polarización y difundiendo mensajes contradictorios sobre la pandemia tienen mucha parte de culpa en la situación que enfrentamos en estos momentos. La gestión de una pandemia generada por una enfermedad desconocida es un campo bien preparado para que arraigue el miedo y la desesperanza entre la población. Siempre ha sido así y ahora más que nunca porque la ciudadanía ansia tener certezas y soluciones rápidas a todos los problemas que se presente, por complejos que sean.

La desesperanza que genera la incertidumbre sobre las soluciones médicas entre la población se desarrolla y crece al constatar las medidas, en muchas ocasiones contradictorias, que se dictan desde el Gobierno (desde todos los gobiernos de estados democráticos); pero el problema se dispara cuando ese sustrato se abona a diario desde los partidos de oposición y los medios de derechas (casi todos los de este país, desde los medios tradicionales, como Sur y todo el grupo Vocento encabezado por ABC, hasta los medios digitales como OK Diario, El Español y todos los medios audiovisuales). La ciudadanía recibe, a diario, una cascada de mensajes contradictorios y cambiantes que finalmente logran que cada persona se quede con aquellos mensajes que les son más acordes con sus prejuicios o con sus intereses personales. Da lo mismo que la opinión de los expertos en epidemiología vaya por caminos opuestos a los mensajes que los ciudadanos terminan aceptando como verdades absolutas. Al fin y al cabo, los expertos también se equivocan y mudan sus recomendaciones en función de la evolución de la pandemia. Algo normal al enfrentar una situación desconocida y cambiante, como la actual, pero que va en contra de esa necesidad imperiosa que tiene la población de contar con soluciones milagrosa…y que se ajusten lo máximo posible a sus prejuicios y a sus intereses individuales.

Los ejemplos sobre la tormenta de datos, ideas, medidas, contramedidas y ocurrencias que han salido de la boca de nuestros políticos y han sido difundidas por los medios daría para escribir varios ensayos de muchas páginas (quizás habría que hacerlo en breve). Y todo eso sin contar con el papel multiplicador del desconcierto que aportan las redes sociales, cargadas de falsedades que, en muchos casos, son adoptadas por la ciudadanía como verdades absolutas; sobre todo (repito) si se ajustan a sus prejuicios y a sus intereses.

Por centrarme un poco en un hecho concreto, muy relacionado con estas algaradas promovidas por la extrema derecha, no hay más que ver los tuits y los discursos de dirigentes de VOX (2). Por una parte alentaban y justificaban las protestas de unos ciudadanos españoles que se rebelan contra la ruina y el encarcelamiento al que le quieren someter los partidos con responsabilidades de gobierno (en Madrid Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso compartieron el odio de los que se manifestaban). Pero, por otra parte, responsabilizan a la extrema izquierda y a los Menas (¿?) de todos los desmanes, de los asaltos a tiendas y de los enfrentamientos con la policía.

Los calificativos usados por todos los medios antes citados para identificar a los participantes en estas protestas van en la misma línea: “personas de estética radical”, “extremistas violentos”, “antisistema” y otros similares que remiten a jóvenes de izquierda son los calificativos elegidos. Los términos neonazi, fascista o patriotas de pacotilla parecen no existir en los libros de estilo de la prensa de derechas de este país (casi toda) para definir con más exactitud a estos autoproclamados defensores de la libertad. 

Muchos de los que participan en estas protestas se ven a sí mismos como una suerte de librepensadores que no se tragan las mentiras de los políticos con las que, supuestamente, tratan de conducirnos a un redil, seguro y bien vigilado, pare meternos dentro y luego tirar la llave al mar. Yo nunca me he fiado de los mensajes de los políticos profesionales, siempre he tratado de buscar fuentes alternativas de información de muchos manantiales distintos y distantes. El problema de estos nuevos librepensadores es que renuncian a las fuentes de información de los políticos tradicionales y de la ciencia, para beber sin ningún tipo de control en fuentes más oscuras aún que tratan de imponer un mundo al servicio de los muy ricos y de charlatanes alejados de la ciencia y la ética.

Piensan que ya no son un rebaño de ovejas y no se dan cuenta de que forman parte de un rebaño de carneros, pastoreados por personas sin escrúpulos y dispuestos a embestir con sus cuernos retorcidos contra todo obstáculo que se interponga a los intereses de sus pastores. Ahí tenemos el ejemplo de los carneros antivacunas, de los terraplanistas, de los negacionistas del cambio climático y de los que son capaces de romperte la crisma o condenar a muerte a su propio padre por “defender su derecho” a tomarse un gin-tonic en rebaño y sin mascarilla.

Pequeño homenaje a/de Miguel Hernández

El pasado sábado se cumplió el 110 aniversario del nacimiento de Miguel Hernández. Pocos como él han sabido cantar al pueblo y a su deseos de una libertad comunitaria, de todas las personas y para todas las personas. Un lucha por la que muchos compatriotas dieron su vida y que es ignorada, despreciada por los adalides de estas protestas en plena pandemia. No en vano el Ayuntamiento de Madrid, por iniciativa de VOX, y con el respaldo de PP y C’s decidió eliminar unos poemas de Miguel Hernández y los nombres de los miles de ciudadanos asesinados por el franquismo y enterrados en el Cementerio de la Almudena. Su objetivo, borrar sus nombres de los lugares públicos para así tratar de borrarlos de la memoria del pueblo.

Los versos del poeta eliminados de La Almudena son un fragmento de este poema en el que Hernández da voz a un herido anónimo para rendir su poético homenaje a todos los combatientes heridos de la guerra civil española, que dieron su vida o su salud en defensa de la libertad del pueblo. Si los políticos de VOX y los que les bailan el caldo eliminaron un fragmento del poema, yo lo reproduzco aquí entero para que no les olvidemos a ellos, a los que dieron su vida por la libertad, y para que recordemos el verdadero significado de la palabra LIBERTAD.

Para la libertad

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad, siento más corazones
que arenas en mi pecho dan espuma a mis venas;
y entro en los hospitales, y entro en los algodones,
como en las azucenas.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada,
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñaran aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida;
porque soy como el árbol talado que retoño:
aún tengo la vida.

(1) https://www.eldiario.es/tecnologia/grupos-neonazis-conspiranoicos-violentos-alientan-protesta-negacionista-redes-tierra-hay-defenderla_1_6379138.html
(2) https://www.publico.es/politica/vox-alimenta-tension-manifestaciones-terminan-disturbios-heridos-culpa-izquierda-ocurrido-vox-alimenta-tension-protestas-restricciones-culpa-izquierda-disturbios.html


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