Han tratado de exprimir al máximo los miedos de la población, la necesidad que tenemos muchos de tener certezas en unos momentos en los que ni la ciencia ni la política están capacitadas para ello..., salvo que el objetivo sea engañar a la población para lograr objetivos inconfesos e inconfesables

OPINIÓN. Tribuna Abierta. Por Antonio Somoza
Periodista


13/01/21. Opinión. El periodista Antonio Somoza escribe en esta Tribuna Abierta para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la estrategia política de mentir que algo queda: “La estrategia de estos nuevos neocoms, o neofascistas, se basa en la difusión de mentiras a través de redes sociales y medios de comunicación afines. No importa que la mentira sea manifiesta; el bombardeo incesante de la misma falsedad...

...termina por germinar en la mente de muchos ciudadanos cuando se enfrentan a situaciones de crisis y mucho más cuando esa siembra se produce en momentos de crisis económica, social o sanitaria”.

Estampas navideñas en tiempos oscuros

Ha sido una Navidad rara. Se podría decir que no la conoce ni Dios. Bueno, no se si Dios la habrá reconocido, pero este humilde mortal se encuentra desorientado, cabreado y muy preocupado por lo que viene tras estas épocas de celebración. Y no lo digo sólo por las consecuencias que tendrá en la salud pública la campaña de “Salvar la Navidad”, que también. La pandemia de la Covid19 es realmente peligrosa, pero, probablemente, sus efectos pasen antes que los de otras dos pandemias más silenciosas, menos reconocibles, pero que pueden tener efectos demoledores para la especie humana: el egoísmo y el odio. Dos enfermedades del alma que se retroalimentan y que, además, aportan oxígeno para la propagación del coronavirus y que, si no se combaten, harán imposible conseguir una salida digna y humana a la crisis sanitaria.


Para tratar de explicar estas afirmaciones voy a compartir tres estampas navideñas que he vivido estas pasadas fiestas, en fechas muy señaladas las tres y que me han dejado el cuerpo como cortado y el ánimo por los suelos. Dos de ellas tienen como escenario Málaga y las viví en directo y la tercera se produjo a muchos kilómetros de distancia, pero todos la hemos podido ver.

Estampa nº1: Día 22 de diciembre, el día de la Lotería, a media mañana, en mi barrio, en la zona de Calle Lagunillas. Una televisión local ha montado un set portátil frente al estanco/administración de lotería para la retransmisión del sorteo. A esas horas los premios gordos ya habían salido y habían pasado de largo. No había colas ante el estanco, ni nadie celebrando nada. A escasos 100 metros, en la calle Poeta Concha Méndez (¿no sería más correcto poetisa?), si que había colas, aunque tampoco celebraban nada, simplemente iban a recoger alimentos que reparte la Asociación Lagunillas. Son las colas del hambre y, como en todas las colas de este tipo que se multiplican en nuestro país, está formada por personas de distintos credos y razas, nativos e inmigrantes, unidos por el yugo de la pobreza. A medio camino entre el Boquerón de Oro (nombre del estanco lotero) y el dispensario de alimentos, dos vecinos y una vecina del barrio charlan a la puerta de la tienda de ultramarinos Casa Ceferina (el último comercio del barrio que ha bajado las persianas de forma definitiva). Conozco a los tres contertulios desde hace años, son gente humilde y eran trabajadores... Hoy en día uno está o ha estado en un Erte, el otro está directamente en el paro y, al parecer, ha pedido el Ingreso Mínimo Vital y la vecina, con dos o tres hijos, venía de recoger comida de la asociación. El tema de conversación: la injusticia que suponía para los tres el hecho de que los inmigrantes también reciban comida en las colas del hambre y que tengan más fácil que los españoles el cobro de ayudas y que la culpa de todo esto la tiene el Gobierno porque con su política está facilitando la invasión de España por parte de “sudacas y moros”.

Estampa nº2: Día 31 de diciembre, el día de Nochevieja, sobre las seis de la tarde en calle Comedias. Íbamos mi mujer y yo de paseo hacia la zona de Pozos Dulces, donde suele pasear muy poca gente y durante unos segundos circulamos en paralelo a dos muchachos jóvenes, seguidos unos pasos detrás por sus parejas. Aparentaban ser de clase media o media alta y, en los pocos segundos en los que caminamos junto a ellos pude escuchar como uno le explicaba al otro, las últimas noticias políticas. “No se si te has enterado -dijo- que el Gobierno ha impuesto una dictadura social comunista”. “Desde que el coletas está en el Gobierno -concluyó- nos han robado la libertad y tu verás como nos terminan robando la Semana Santa..., odian nuestras tradiciones”.

Estampa nº 3: Día 6 de enero, el día de Reyes, durante todo el día entre la Casa Blanca y el Capitolio del Distrito de Columbia. Donald Trump arenga a un multitud de seguidores que se han desplazado a la capital federal de Estados Unidos para defender la democracia e impedir “que se consume el robo” de unas elecciones que, según Trump, o las ganaba él o eran fraudulentas. Todos los allí presentes lo tenían claro, meridiano, que el fraude electoral era una verdad incuestionable, a pesar de que todos los estados (muchos de ellos republicanos) y todos los jueces (la mayoría también conservadores) hayan rechazado todas las reclamaciones presentadas por el presidente “loser”, por el perdedor que odia a los perdedores del mundo. Ya sabéis como terminó la cosa, con 5 muertos y un friky con cuernos en la presidencia del Congreso... Bueno, en las próximas semanas sabremos realmente si la cosa terminó con aquellas imágenes de ópera bufa o hay un segundo acto y un desenlace aún más trágico.

Hasta aquí las estampas navideñas que, desde mi punto de vista, están mucho más relacionadas entre si que lo que pudiera parecer. Creo que mis tres vecinos (en este caso estoy seguro porque les conozco), los dos jóvenes de calle Comedias y la inmensa mayoría de los asaltantes al Capitolio son buena gente, que creen firmemente en que los inmigrantes son nuestro problema, que en España se ha proclamado una dictadura o que ha habido fraude electoral en Estados Unidos..., o que las vacunas van cargadas con ‘microchís’ para controlarnos, o que la tierra es plana. Es más, me parece que la mayoría de los que pensamos que la tierra es redonda, que las vacunas son mucho más beneficiosas que perjudiciales, que no se necesitan “microchís” para tenernos controlados, que no ha habido fraude electoral en Estados Unidos, que no hay una dictadura en España, y mucho menos socialcomunista, o que los inmigrantes no son nuestros enemigos... Los que pensamos de esta manera somos, en el mejor de los casos, pobres personas manipuladas cuando no directamente unos rojos antipatriotas que queremos destruir España o Estados Unidos.

Esta situación no es casual, es una estrategia pensada y desarrollada por Steve Banon, el principal asesor de Donald Trump en su campaña triunfal de hace cuatro años, y en los primeros años de su presidencia en Estados Unidos, puesto en el que se mantuvo hasta que tuvo que dimitir por quedarse con un millón de euros de los fondos recaudados para la construcción del muro en la frontera con México. Antes de caer en desgracia, Banon asesoró a otros líderes de la extrema derecha mundial como Bolsonaro en Brasil, Salvini en Italia y a destacados dirigentes de VOX en España. Esos contactos se multiplicaron tras su destitución por ladrón. La estrategia de estos nuevos neocoms, o neofascistas, se basa en la difusión de mentiras a través de redes sociales y medios de comunicación afines. No importa que la mentira sea manifiesta; el bombardeo incesante de la misma falsedad termina por germinar en la mente de muchos ciudadanos cuando se enfrentan a situaciones de crisis y mucho más cuando esa siembra se produce en momentos de crisis económica, social o sanitaria.

La acción de gobierno de los partidos progresistas o socialdemócratas en Estados Unidos y en España no ha ayudado mucho. Demasiado timorata y, en ocasiones, más pendiente de los intereses de las grandes empresas y de las críticas de los medios de derechas que de las necesidades de las capas más desfavorecidas de la sociedad. La subida del salario mínimo o la puesta en marcha de los Ertes fueron buenas soluciones para afrontar los efectos laborales de la pandemia y ambas fueron duramente criticadas por los partidos de derechas y sus voceros mediáticos. Lo mismo ocurrió cuando se planteó la posibilidad de instaurar la Renta Básica Universal, una propuesta que, finalmente, fue edulcorada y se tradujo en el Ingreso Mínimo Vital que ha solucionado algunos problemas, pero que ha generado mucha mayor frustración entre ciudadanos como mis vecinos de la primera estampa navideña. En otros campos como el tratamiento de la inmigración, vergonzoso y vergonzante o la pobreza energética, con efectos terribles para las capas más frágiles, las políticas de gobierno han sido escasas o nulas y muy frustrantes para quienes se encuentran en situaciones límite.

En este escenario, que se comenzó a dibujar a raíz de la crisis económica de la pasada década y adquirió tintes sombríos con la pandemia, las estrategias de Banon, aplicadas en Estados Unidos por Trump y el Partido Republicano y replicadas en España por Vox y de alguna manera también por el PP están teniendo un efecto demoledor que nos pone ante un futuro de un color muy oscuro, casi negro. Han tratado de exprimir al máximo los miedos de la población, la necesidad que tenemos muchos de tener certezas en unos momentos en los que ni la ciencia ni la política están capacitadas para ello..., salvo que el objetivo sea engañar a la población para lograr objetivos inconfesos e inconfesables. Hay un dicho en mi tierra que asegura que el ser humano es muy difícil de convencer y muy fácil de engañar. Esa dificultad de convencer y facilidad para engañar se agrava en momentos críticos como este y algunos, desalmados, lo están utilizando a conciencia para lograr objetivos.

En una situación de emergencia y de grandes dudas como la que estamos atravesando lo lógico, lo patriótico,  lo humano hubiera sido que todos los políticos hubieran sumado esfuerzos con quien estaba en el gobierno y haber ayudado a serenar los ánimos de la población. O al menos, no haber añadido incertidumbre. Eso es lo lógico, en cualquier situación de crisis y es lo que hicieron, sin ir más lejos, en Portugal, en Uruguay o en otros países en los que los partidos de esta nueva ultraderecha no tienen espacio político ni en el Gobierno, ni en la oposición. En otros, como Brasil, Estados Unidos, España, Francia e Italia, en los que la ultraderecha se ha dedicado a crear un realidad paralela a base de mentiras masivas, el azote de la pandemia y la fractura social se ha incrementado de manera trágica.

La mentira como arma política

El uso y abuso de la mentira como arma política ha sido una constante en Estados Unidos, hasta el punto que, finalmente las principales redes sociales han bloqueado las cuentas del mismo presidente estadounidense para evitar la propagación del odio. Porque es el odio uno de los ingredientes comunes de esta estrategia sociópata que han seguido los políticos de extrema derecha allí y aquí. Odio a los migrantes (magrebíes, aquí; mexicanos, allá), odio a los rivales políticos, odio a todos y todas las que reivindicamos el feminismo como camino a una sociedad más igualitaria, odio a los homosexuales, odio a los que no nos gustan las corridas de toros, odio a quienes no se emocionan con marchas militares o de Semana Santa... En España, el odio abarca a unos 26 millones de compatriotas, esos que el general retirado Francisco Beca pretendía que fuéramos fusilados para solucionar los problemas de la España que añora el general, un país de pesadilla.

Las redes sociales son perfectas aventadoras de mentiras, de noticias falsas, de auténticas simientes de odio. Pero para que germine la mentira en el corazón humano no es despreciable el papel que están desempeñando algunos medios de comunicación convencionales que, de manera totalmente irresponsable, no dudan en dar pábulo a mentiras manifiestas sin detenerse a pensar en los efectos demoledores que puede tener para la convivencia pacífica entre compatriotas. No voy a detenerme en todos y cada uno de los bulos que han corrido por redes y medios en los últimos meses. Si alguien está interesado recomiendo la lectura del artículo Manipulación en redes: Bulos sobre la acción de gobierno, publicado por Jorge Galán en EL OBSERVADOR el pasado 7 de enero.

Las campañas contra UP, iniciadas antes de la pandemia, difundiendo a bombo y platillo cualquier denuncia sobre supuesta irregularidades en su actuación y silenciado o minimizando los sucesivos archivos de esas denuncias dirigidas a un partido contra el que no se ahorran calificativos o, para ser más exactos, descalificativos: el más suave quizás sea el de populistas. Y este mismo adjetivo fue el que utilizaron en TVE para definir a los supremacistas blancos de extrema derecha que asaltaron el Capitolio. Una elección de adjetivo nada inocente ya que buena parte de los españoles identificaron a los asaltantes con UP, el partido al que han adjudicado casi en exclusiva el término de populista en nuestro país. Les faltó tiempo a nuestros partidos de extrema derecha y derecha extrema para tratar de responsabilizar del asalto a los ‘antifas’ y para tratar de trazar similitudes imposibles con protestas pacificas desarrolladas en España por colectivos sociales que pueden considerarse próximos a UP.

Por centrarnos en nuestra provincia, es deleznable el papel que han desempeñado el diario Sur y su director; Manuel Castillo en redes sociales, para la difusión de mentiras de odio. La línea editorial de Sur y las mentiras difundidas por su director en redes sociales, tienen mucha responsabilidad en la visión distorsionada de la realidad que tienen mis vecinos y los jóvenes que protagonizaban las dos primeras escenas navideñas con las que comenzaba este artículo. Y, en un alarde de cinismo, Sur pretende dar lecciones de imparcialidad, de objetividad y de buen periodismo. Para mi, que vine a Málaga a vivir y a trabajar en Sur hace casi 40 años,  es especialmente dolorosa la constatación de la deriva de Sur y de su director que lleva a este periódico a sus orígenes como portavoz del autodenominado ‘movimiento nacional’, vocero y defensor de la dictadura franquista. Una auténtica pena para los buenos profesionales que trabajan en Sur y una desgracia para los malagueños.

España-USA, similitudes y diferencias

Las prácticas de desinformación que se han desarrollado en nuestro país son copia de las desplegadas por la administración Trump, pero hay algunas excepciones. Una de las mentiras más peligrosas y manifiestas -las acusaciones de fraude y de falta de legitimidad del Gobierno- ha seguido el camino contrario. Fue Abascal el primero que habló de esos conceptos y luego ha sido el principal caballo de batalla de Trump para animar el asalto del Capitolio de la tercera estampa navideña.

Pero hay más similitudes. En Estados Unidos, Trump marcó el paso de todo, o casi todo, el Partido Republicano. Los que se desmarcaron de esta línea han sido señalados, acosados y acusados de traidores. Y en España los delirios de Abascal han sido seguidos por la mayoría del Partido Popular en una carrera enloquecida para demostrar quién es más patriota, más xenófobo, más canalla. Espero que la derecha de este país sea capaz de recuperar la cordura y que acepte una derrota en las urnas y deje de tensionar la convivencia, antes de que sea demasiado tarde.

Durante muchos meses también ha sido prácticamente igual el papel de las redes sociales y los medios; pero últimamente en Estados Unidos parecen que han visto las orejas al lobo y las principales redes sociales han bloqueado los mensajes de odio de Donald Trump e incluso los medios más afines al presidente, como la cadena Fox, han comenzado a poner coto a los delirios autoritarios de su presidente. En España las redes siguen abiertas a la cizaña y la mayoría de los medios y los periodistas estrellas siguen dando espacio a las mentiras del odio.

Finalmente hay dos campos en el que las diferencias entre ambos países son notables: la posesión de armas y la cultura de la violencia, por un lado, y el papel de las Fuerzas Armadas, por otro. Afortunadamente, en España la posesión de armas está muy restringida y a día de hoy no parecen posibles levantamientos armados como el que está siendo convocado en estos mismos momentos en Estados Unidos para la próxima semana. Pero es muy preocupante el interés que ha desplegado Vox en captar a los colectivos que tienen armas de manera legal en nuestro país: militares, guardias civiles, policías, cazadores y toreros. Y, en función de la respuesta de algunos de estos colectivos parece que las campañas de odio de Vox han tenido notable éxito en importante capas de esos colectivos.

El Ejército norteamericano, por los datos que tenemos, se ha mantenido al margen de la disputa política, incluso sus más altos dirigentes se desmarcaron del presidente de su país cuando éste planteó sacar al ejercito a las calles para parar las movilizaciones antirracistas de Black Lives Matter. En España, altos militares retirados, en la reserva o en activo no tienen problemas en exigir un golpe de timón en el gobierno legítimo o en desear directamente el fusilamiento de más de la mitad de la población española para construir una España a su gusto. Nuestro Ejército parece que sigue anclado en las directrices del general Mola cuando diseñó el golpe de estado contra la República y marcó la línea genocida de aquellos militares golpistas: “Hay que eliminar, sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”. Y lo peor, el general Francisco Baca, sigue cobrando una pensión gracias a los impuestos que pagamos, entre otros, los 26 millones de españoles que desearía fusilar y no he visto ninguna condena explícita por parte del Rey, del Gobierno o de otros altos mandos militares.

Realmente, esta pasada Navidad he sido testigo de tres escenas navideñas que presagian tiempos oscuros. Espero que el Gobierno, los políticos, especialmente los de los partidos de derechas, los ciudadanos, los periodistas y los propietarios de los medios se den cuenta del peligro que corremos y entre todos pongamos un poco de sensatez en el país.

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