Llevamos una semana algo movidilla en las altas esferas del poder. Es como si los próceres de la Patria hubieran decidido dar un gran homenaje a Valle Inclán, en el centenario de sus Esperpentos

OPINIÓN. Tribuna Abierta. Por Antonio Somoza Barcenilla
Periodista


16/03/21. Opinión. El periodista Antonio Somoza escribe en esta Tribuna Abierta para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el espectáculo de los políticos esta última semana: “En el caso actual, si don Ramón María levantara la cabeza y se animara a seguir con su serie de retratos de una época, tendría buena parte del trabajo hecho. La dura lucha y/o cooperación entre la fértil imaginación y la terca realidad,...

...empeñada en demostrar que, en España, la realidad supera sin demasiados problemas a la imaginación más febril”.

Homenaje de España a Valle-Inclán
 
Llevamos una semana algo movidilla en las altas esferas del poder. Es como si los próceres de la Patria hubieran decidido dar un gran homenaje a Valle Inclán, en el centenario de sus Esperpentos. Como plato fuerte de los fastos conmemorativos asistimos a la escenificación, en vivo y en directo, de un nuevo episodio de esas escenas deformadas de la realidad que tan magistralmente supo plasmar Valle en la España de los años veinte del siglo pasado. ¿O eran más bien escenas de una realidad deforme? Hasta que punto lo expuesto por Valle en sus “Esperpentos” es debido a la deformación de la realidad y hasta que punto es retrato fiel de una realidad absurda.


Incluso, cuando nos toca vivir, como espectadores y “paganos”, un episodio esperpéntico, como el actual es difícil de saber hasta que punto lo vivido es deforme “per se” o cuánto es fruto del reflejo de la realidad actual en los espejos cóncavos / convexos del escaparate de la ferretería del Callejón del Gato. En el caso actual, si don Ramón María levantara la cabeza y se animara a seguir con su serie de retratos de una época, tendría buena parte del trabajo hecho. La dura lucha y/o cooperación entre la fértil imaginación y la terca realidad, empeñada en demostrar que, en España, la realidad supera sin demasiados problemas a la imaginación más febril.

El tema da tanto para una novela como para un esperpento teatral. Optemos por el camino escénico y digamos que a modo de introducción, de obertura musical, suenan en el teatro de la vida los sones de la Sinfonía nº 6 de Tchaikowski, la Patética. En algún momento barajé la posibilidad de introducir la obra con la sonata para piano nº 8 de Beethoven, que comparte el patético apodo con la sinfonía mencionada, pero finalmente me incliné por la obra Tchaikovski porque una sinfonía, interpretada por una orquesta se ajusta más a la esencia del esperpento que una sonata de piano. El esperpento nacional es, como las películas de Berlanga, una obra coral en la que participan muchos personajes, incluida la propia ciudadanía a la que se reserva el papel de espectador en esta especie de Corte de los Milagros en la que vivimos; puede que alguno de nosotros tenga reservada una frase –“¡Viva mi dueño!” o “¡Vivan las “caenas”!”- que le haga destacar entre la legión de figurantes. Además la sinfonía rusa, estrenada por el propio compositor días antes de morir contagiado en una epidemia de cólera, tiene ese plus de conexión con la realidad de una sociedad atónita y desesperada ante una nueva pandemia.


El ruedo ibérico no deja de girar y girar desde que Valle Inclán lo pusiera en marcha con la publicación de la primera novela de la trilogía dedicada al Reinado de Isabel II. El autor tenía previsto escribir otras dos trilogías –una en torno a la sociedad de la I República y otra sobre la España de la restauración Borbónica, pero solo termino las dos primeras novelas, la tercera se quedó incompleta de la serie titulada “Los amenes de un reinado”. Para completar este ruedo ibérico, además de las dos series pensadas por el autor habría que haber planificado una obra monumental para dar cabida a todos los despropósitos, las anomalías de realidades tan dispares como los reinados de los Alfonsos, la Dictadura de Primo de Rivera, la II República, la Guerra Civil, el franquismo, la transición y el retorno de la Monarquía o la re-restauración. Cuando se va a cumplir un siglo de la publicación por entregas en periódicos de la época de “Los amenes de un reinado” se podría cerrar el ciclo de este siglo esperpéntico con  “Los vaivenes de un reinado”.

Introducción (Primer Acto)

Se abre el telón y da comienzo la escena primera de la representación. Sobre el escenario, un mural con el que se rinde homenaje a  rostros de mujeres que lucharon de distinta manera en pro de la igualdad, es vandalizado, mientras de fondo se escucha una radio desde la que políticos lanzan soflamas que parecen sacadas del cuaderno de campo del Cura Merino en las que se vuelve a señalar a las mujeres como las responsables de la difusión de la pandemia. En una esquina de la escena, un televisor reproduce el momento en el que tres hombres muy hombres cuelgan una pancarta desde un puente en Murcia en el que se identifican como mujeres contrarias a la lucha del 8-M. De repente, la radio y la televisión suspenden su programación y conecta en directo con el delegado del Gobierno en la capital del reino, para explicar los motivos sanitarios que le han llevado a prohibir las manifestaciones del 8-M en la capital del Reino.


No digo yo que no hubiera motivos sanitarios para adoptar tal decisión, pero extraña mucho que haya sido la primera manifestación que se prohíbe desde que los cayetanos comenzaron a saltarse las normas en pleno confinamiento. Ha habido muchas de derechas y negacionistas y ninguna se prohibió; tampoco se prohibieron varias movilizaciones en defensa de los servicios públicos. No se prohibieron, pero el trato dispensado por la policía a unos y otros va de las sonrisas y los selfies con los manifestantes ultras a las lágrimas, las identificaciones y los solos de porra contra quienes reivindican servicios públicos de calidad para todos. Cae el telón.

Escena 2ª del acto 1º. Se sube el telón. En el escenario una sala de un tribunal ante el que comparece el ex-tesorero del PP, uno de los partidos que se han turnado en el Gobierno de la nación desde que comenzaron los vaivenes del reinado de la re-restauración. No está dejando títere con cabeza. Muchas de sus acusaciones parecen tener soporte documental, pero otras no, porque, según él, muchas pruebas le fueron robadas por una estructura policial al margen de la ley y al servicio de ese partido del que usted me habla. Pero, eso, lo del robo por parte de la policía patriótica de pruebas esenciales para la comisión de delitos gravísimos, es en si mismo un delito gravísimo y se juzgará en fechas próximas en otra instancia judicial.

Al final vamos a sacar provecho en la inversión para el decorado judicial. Podría darse el caso de qué el Rey Emérito termine con un papel protagonista en la escena final de estos vaivenes de un reinado. ¿Quién lo sabe? De momento, la figura real sobrevuela desde la distancia del Golfo Pérsico todas las escenas de la obra, como una sombra en pena que no se explica por qué sus súbditos no brindan gozosos por lo bien que le van (a él) los negocios que ha emprendido con su dinero (de ellos, de todos nosotros). Se baja el telón.

Escena 3ª del acto 1º. Se alza el telón y en el escenario se muestra una comisaría de la ciudad de Murcia. Un concejal del ayuntamiento de la capital murciana está presentando una denuncia contra compañeros de la corporación municipal por corrupción. El denunciante forma parte del partido minoritario en el gobierno de la ciudad. Es uno de los partidos que ha surgido en los últimos tiempos para romper el bipartidismo que se estableció en los primeros años del reinado de los vaivenes, y convertirse en martillo contra la corrupción. Es una escena corta que da paso, directamente, al segundo acto de la obra, al nudo del esperpento.

Nudo (Segundo Acto)

Escena 1ª del acto 2º.
Se alza el telón y en el escenario aparecen tres espacios, uno iluminado y dos en oscuro. En la zona de la luz se amontonan actores y figurantes para presentar un hecho inédito: la presentación de una moción de censura en Murcia, que afecta a la región y al Ayuntamiento de la capital. En escena están todos los promotores de la reunión, incluidos los 6 parlamentarios regionales de ese partido creado para ser martillo de la corrupción (C’s), y los representantes del partido que resultó más votado en la región (PSOE), pero que no llegó al gobierno por el pacto entre el partido martillo y el PP, con el apoyo del partido de extremo centro que suspira por la libertad de la dictadura (VOX). Todos los protagonistas de la escena han firmado la moción de censura para poner fin a las corruptelas clásicas y las nuevas surgidas al abrigo del proceso de vacunación en la región. Los representantes del partido martillo se han dado cuenta que sus socios de Gobierno son parte activa de la corrupción.


Las declaraciones de Murcia son un auténtico terremoto político. El escenario tiembla desde el epicentro murciano, situado en uno de los extremos del escenario, hasta su zona central. Murcia pierde brillo, se funde a negro, mientras los focos de la información se desplazan a Madrid, donde Isabel Díaz Ayuso, con gestos de dolorosa, entra en escena, rodeada de banderas de España y de Madrid que, según ella, son la misma cosa…, o no, todo depende de las circunstancias. Denuncia las pérfidas traiciones que ha sufrido en sus propias carnes por parte de sus socios de gobierno y compañeros de partido de los que la han liado en Murcia. Nada que envidiar a las que tuvo que soportar el general Santos Banderas en el rol de tirano que le endosó Valle.


A grandes males, grandes remedios. Isabel, como el general Banderas, no se arredra ante los desafíos a su autoridad y anuncia la disolución de la Asamblea de Madrid y la convocatoria de elecciones; algo, lo de convocar elecciones en plena pandemia, que había sido descartado por ella misma apenas unos días antes porque, según sus palabras, de hacerlo, sería tachada con razón de “tipa peligrosa” y de “insensata”.

Nuestra “Santa Banderas” particular, sustituye el lenguaje del Tirano valleinclanesco -trufado de imágenes modernistas, localismos criollos y sugerentes neologismos- por uno mucho más ca rode chulaho mologismos, lismos criollos  de Tirano Banderas, en el que se combinan las im en plena pandemia habcorruptos y anuñí, más propio de las chulaponas. En la escena de la obra actual, nuestra Dolorosa de Chamberí ya no se ve a si misma como una tipa peligrosa o insensata, sino como una heroína dispuesta a inmolarse por la libertad y contra el socialismo, en Madrid y en el conjunto de España. No deja de ser curioso que enarbole la bandera de la libertad quien acaba de censurar un acto organizado por un instituto público de un barrio pobre para que la ministra de igualdad departiera con alumnas y profesoras sobre la lucha feminista. “No voy a consentir el adoctrinamiento”, afirmó desafiante para justificar su censura. Olvidaba sin duda que unas fechas antes no había puesto ningún tipo de traba al blanqueamiento de la extrema derecha en un acto desarrollado por Ortega Smith en otro instituto de la ciudad…, ni las visitas a colegios de Madrid de miembros de su partido para levantar a profesores, padres y alumnos contra la ley Celaa.

Se apagan las luces, durante unos segundos y vuelve el brillo al espacio central. La abnegada heroína ha desaparecido de escena y en su lugar aparecen dos personajes registrando sendas mociones de censura, una en nombre de Más Madrid y la otra presentada por un personaje central de la trama, no en vano su candidatura fue la más votada en las últimas elecciones, que lleva meses desaparecido…, una vuelta de tuerca a un guión mágico en el que toman cuerpo los aparecidos, los reaparecidos y hasta la santa Compaña.

Antes de acabar la escena, se ilumina durante unos segundos el otro extremo del escenario para presentar otro rincón de la patria. Entra en escena otro procer, el líder del PSOE en Castilla León, que tras ganar las elecciones no llegó al Gobierno por los pactos de las tres derechas. No hay diálogo, en la escena, sólo un protagonista que muestra orgulloso al patio de butacas la moción de censura presentada contra el Gobierno de su región. Mientras, el espacio iluminado va apagándose gradualmente, en la radio se reproducen los discursos desde distintos puntos del Estado (Andalucía, la propia Castilla y León, y el Ayuntamiento de la capital) en los que representantes del partido martillo de corruptos y el líder en casos de corrupción en los tribunales se juran amor eterno y sin fisuras.

Escena 2ª del acto 2º: Se alza el telón y volvemos al decorado judicial en el que Bárcenas y otros protagonistas de la historia siguen cantando, dando al esperpento nacional un cierto aire de musical de Broadway. En algún momento, sale a colación la Reina de las Ranas, antecesora de Isabel de Chamberí en el Gobierno de la Comunidad, puesto al que accedió tras compra de dos tránsfugas del PSOE; en unos años en los que el dinero corría a espuertas por las cloacas de Génova 13. Unas prácticas, como la de promocionar el transfuguismo para sacar beneficio personal y partidario, que afortunadamente hoy en día no se podrían repetir porque de todos es sabido que el jefe, Pablo Casado, se ha desmarcado de este tipo de prácticas que son cosas del pasado de “ese partido del que usted me habla”.

Escena 3ª del acto 2º: Un espacio institucional en tierras murcianas y un amplio elenco de actores y figurantes llenan la escena. La mayoría son integrantes del Gobierno contra el que se había presentado la moción de censura en el cuadro del arranque del segundo acto. El primero, el líder del PP en la región, anuncia eufórico haber encontrado la piedra filosofal para transformar la moción de censura en un baño de multitudes. El pie para el esperpento lo ponen tres de los actores/figurantes que habían participado, con su firma y su presencia física, en la presentación y la defensa de la moción de censura y que, ahora, dos días después, prestaban su presencia y sus votos para salvar el escollo de su propia moción de censura a cambio, eso si, de tres sillones de consejeros en el Gobierno regional…y pelusillas y corrupciones a la mar.


No se puede comparar el Tamayazo de la Reina de las Ranas, propio de “ese partido del que usted me habla”, con esta “conversión a la fe popular”, típica escena de cine religioso dirigida por el maestro García-Egea. En tiempos de Tamayo se compró directamente la voluntad de los tránsfugas con dinero opaco…, eran años en los que los billetes caían, cual maná, sobre el solar de Génova, 13. Ahora, García Egea, lo ha solucionado de manera mucho más institucional, en forma de cargos de consejeros en el Gobierno de la región, con sus sueldos y sus prebendas asociadas. Es cierto que, al final, el pago de los traidores los seguimos subvencionando nosotros: mediante el pago de sobrecostes en obras públicas que dan margen regar campos y conciencias con el maná en forma de billetes o mediante el abono directo de unos sueldos de escándalo para los méritos demostrados.

Desenlance (Tercer Acto)

Uno de las alicientes, quizás el mayor, que tiene vivir en medio de un disparate como el actual es que uno no sabe como va a terminar la obra, siquiera tiene muchas pistas de hacia dónde puede derivar la siguiente escena. Hasta el domingo por la tarde no se sabía con certeza si en Madrid iba a haber elecciones o moción de censura…, al final parece que se sacarán las urnas, pero veremos si no hay otra decisión política, judicial o de otra índole que cambie el guión.


Muchas posibles salidas, para la trama de Madrid, y no menos en el ámbito judicial, que con la entrada en escena de los galanes y las “primas donnas”, el musical de Broadway puede mutar en una ópera bufa, “La dulzaina mágica”, con su aria de la Reina de las Ranas y todo.

Hay espacio para la creatividad a la hora de imaginar varios desenlaces de auténtico esperpento para este homenaje vivo a Valle-Inclán, pero seguro que la realidad supera todos los intentos de la imaginación de deformar la actualidad. El esperpento, quizás, sea la propia realidad.

Por cierto, ¿quién corre con el coste de tanto fasto y tanto homenaje, de tanto escenario y tanto sueldo público para acallar conciencias? No os preocupéis por la economía de los protagonistas de este disparate; la cuenta no la pagan ellos, la pagamos nosotros, con un dinero y unos esfuerzos que deberían dedicarse a otros menesteres. Estamos en mitad de una pandemia ¿recuerdan?

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