“El ayuntamiento más rico de la Costa del Sol, es a la vez, el que atesora a gala las mayores desigualdades sociales. Cada vez más paro, más negocios cerrados, más autónomos arruinados, más colas del hambre y gente durmiendo en las calles”

OPINIÓN. Bajo las alcantarillas
Por Manuel Fernández Valdivia. Empresario de San Pedro Alcántara

15/03/21. Opinión. El empresario Manuel Fernández Valdivia, en su habitual colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com, escribe sobre la corrupción en el Ayuntamiento de Marbella: “El pueblo, acostumbrado a que concejales, otrora ferreteros o electricistas, se hicieran de dinero de un día para otro, optaron por el discurso fácil de culpabilizar a terceros, en vez de mirarse en un espejo y señalar al cómplice de...

...este tipo de situaciones. Nosotros mismos que, a pesar de todo, seguimos premiando con nuestra papeleta a quienes nos engañan y roban repetidamente”.

Marbella: Deriva peligrosa

El problema de que los partidos políticos defrauden repetidamente y al unísono a la gente, no es que las instituciones se llenen de vividores, palmeros, mercenarios y corruptos. Que también. El asunto trasciende más allá de estas, ya de por sí, perversas formas de vida. Por culpa de una alcaldesa incompetente, solo útil para cubrir intereses propios unas veces, otras para resarcir amistades peligrosas, unida a una subvencionada oposición que, cuando estuvo en el gobierno, siguió al pie de la letra el guión dictado por el Partido Popular de Marbella desde 2007, las políticas solo llegan a unos cuantos, mientras el pueblo llano y realmente productivo, es alejado de los beneficios que disfrutan un puñado de espectros cercanos al poder. Da igual de qué color sea.


Y aquí viene la cita de George Santayana: “Aquellos que no pueden recordar el pasado, están condenados a repetirlo”. El municipio de Marbella, de seguir con este gobierno y oposición, puede acabar como aquel mandato 1987-1991, de alcaldía compartida a la limón por los socialistas Alfonso Cañas y Francisco Parra. El olor a corrupción, maletines y robos en sede municipal, unido a la incapacidad absoluta de Parra y los suyos, hicieron que los votos, por izquierda y derecha, se marcharan en tromba a los brazos del populista Jesús Gil. El pueblo, acostumbrado a que concejales, otrora ferreteros o electricistas, se hicieran de dinero de un día para otro, optaron por el discurso fácil de culpabilizar a terceros, en vez de mirarse en un espejo y señalar al cómplice de este tipo de situaciones. Nosotros mismos que, a pesar de todo, seguimos premiando con nuestra papeleta a quienes nos engañan y roban repetidamente.

En aquella época, se firmaban facturas de tabaco cargados al ayuntamiento en servilletas de papel e, incluso, se recibían maletines de constructoras, simplemente para asegurarse del voto favorable de un puñado de concejales, para dar vía libre a la construcción de una u otra urbanización. ¿Recuerdan a la empresa constructora Ávila Rojas? Les aseguro que sus andanzas comenzaron en Marbella antes del Caso Malaya.


Encima, los socialistas, tenían la desfachatez de llamar batasunos a quienes a finales de los 80 y principios de los 90 pedían democracia y oportunidades para los ciudadanos más desprotegidos, los que pedían un urbanismo de calidad y asequible, los que deseaban que se actuara con mano firme contra la suciedad, las drogas, la prostitución y las mafias que, por entontes, asomaban la cabeza, imparables hasta hoy, en la Marbella del oropel.

Por desgracia, seguimos en la misma situación. El ayuntamiento más rico de la Costa del Sol, es a la vez, el que atesora a gala las mayores desigualdades sociales. Cada vez más paro, más negocios cerrados, más autónomos arruinados, más colas del hambre y gente durmiendo en las calles. Incluso los locales de Puerto Banús sellados a cal y canto, junto a El Corte Inglés que avisa próximos despidos. Eso sí, obras que nadie ha pedido, realizadas por empresas de Málaga, Sevilla o el quinto pino, las que quieran. Mientras, los concejales con la actitud de siempre, de completa indolencia, como si de la Orquesta del Titanic se tratara. Ellos a lo suyo mientras el resto nos hundimos.

Así las cosas, no se extrañen que la futura gobernabilidad de Marbella, a poco que apriete el acelerador, y por mucho que me pese, pase por un notario de San Pedro Alcántara, reciente fichaje de VOX (AQUÍ), según adelantó el digital Marbella Confidencial. Conocidos los mimbres del municipio y vista la fulgurante subida de este nuevo o viejo populismo de ultraderecha, pueden ganar las elecciones locales de 2023 o, de continuar la eterna presunta (AQUÍ), no tendrá más remedio que pactar con ellos como hiciera en 2017 con Opción Sampedreña. ¿Quizás un nuevo Tripartito de derechas?

Espero equivocarme, pero la historia es cíclica. Como ocurría en una película de juicios americana, lo ideal sería cambiar a todo el jurado y empezar de cero con gente limpia. En nuestro caso a todos y cada uno de los partidos y políticos en activo. Incluidos los de la desaparecida y bien pagada oposición. Pero, como saben, eso no va a ocurrir. El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y Marbella, junto a San Pedro Alcántara, no va a ser la excepción.

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