“Esto ocurre en el ámbito de la Justicia: no se mueve; pese al mayúsculo problema constitucional generado por la falta de renovación del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Constitucional, del Tribunal de Cuentas, del Defensor del Pueblo

OPINIÓN. Charlas con nadie

Por Manuel Camas
. Abogado

21/09/21.
Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la alianza Europa-Estados Unidos y sobre la situación de la Justicia en España: “El distanciamiento de Estados Unidos respecto de Europa, cuando los intereses económicos han encontrado en la zona Asia Pacífico una dimensión no equiparable a la del...

...Atlántico Norte, no es una cosa de Trump, aunque éste lo anunció conforme a sus formas brutales”.

Y sin embargo no se mueve

Sometido a juicio por la Iglesia Católica, en Roma, Galileo Galilei adjuró de la verdad científica por el mismo enunciada, la Tierra gira en torno al Sol, para no ser ingresado de por vida en prisión. Para que la pena se limitase a un confinamiento vitalicio, aceptó como cierta la verdad religiosa, es el Sol el que gira alrededor de la Tierra. Cuenta la leyenda que entre dientes murmuró al salir de la Sala del Tribunal “eppur si muove”, y sin embrago se mueve. El pobre Galileo acabó comulgando con ruedas de molino.


La frase ha quedado como expresión de que no puede negarse la evidencia, con enorme gracia le dieron la vuelta los hermanos Marx “¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?” (dicha por Chico Marx disfrazado de Groucho en Sopa de ganso).

La evidencia de que todo se mueve rápido, que ese movimiento se ha acelerado aún más tras la pandemia, es aceptada de manera prácticamente unánime, aunque supongo que alguien lo negará.

Sin embargo, pese a ese convencimiento, debe preocuparnos no ser capaces de ver movimientos inmensos o simplemente, aún viéndolos, empeñemos en negar la realidad.

Entre las noticias del fin de semana me remueve, por lo que significa para Europa, la anunciada alianza militar entre EE. UU., Gran Bretaña y Australia para frenar a China en el Índico y Pacífico.

La afrenta a Francia, que pierde un contrato de 45.000 millones para la compra de submarinos por Australia, sustituidos por submarinos nucleares de fabricación americana, es en realidad a toda Europa.

El distanciamiento de Estados Unidos respecto de Europa, cuando los intereses económicos han encontrado en la zona Asia Pacífico una dimensión no equiparable a la del Atlántico Norte, no es una cosa de Trump, aunque éste lo anunció conforme a sus formas brutales.

Con sutileza y mucha diplomacia ya lo advirtió Barack Obama y es obvio que Biden sigue esa misma línea, que ya no es la de una determinada Presidencia, sino la estrategia de Estados Unidos.

Frente a ello la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, o Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, han expresado la necesidad de una Europa de la defensa. Estamos en un continente que decidió, tras la Segunda Guerra Mundial, depender del ejército de los Estados Unidos, a bajo precio, pero eso era posible porque los intereses americanos confrontaban aquí con la URRS, dueña de Europa del Este. Ahora sus intereses están en el Pacífico y sus posibles enfrentamientos o su necesidad de disuasión, también allí.

A Europa le queda en la frontera, apenas separados por Ucrania, un vecino belicoso, Rusia, aunque ya no sea más que un actor regional; más tarde o temprano tendremos que hacerle frente solos y deberíamos ser fuertes para que los problemas puedan resolverse por medios diplomáticos y pacíficos.

Un ejemplo lo tenemos en el precio del gas, que tanto nos afecta en nuestra factura eléctrica; en Cinco Días, este fin de semana, mencionando al consejero delegado de Met Energía, Carlos Losada escribe: “Abre una ventana de esperanza sobre los precios para los europeos, si entra en funcionamiento el gasoducto NordStream2 –va de Rusia hasta Alemania– el próximo mes de octubre”. “El precio empezará a bajar a partir de diciembre de este año gracias a este gasoducto. A Putin le interesa estar tres o cuatro años alimentando con gas a Europa a buenos precios y una vez que exista una fuerte dependencia de este gas, poder hacer lo que quiera. Esto supone mucho control sobre Europa, al que se ha opuesto Estados Unidos”, explica.

Este es el tipo de cosas que se nos vienen encima, aunque no es solamente Rusia la responsable del precio del gas, también lo es el consumo asiático, la logística, las mermas de producción por la pandemia, el invierno especialmente frío de 2021 y otras.

Además, Europa debe aspirar a tener un papel global que le permita en el futuro ser protagonista de la gobernanza del mundo y no una actriz de reparto.

El modo de vida europeo, el estado del bienestar creado en Europa a lo largo de la segunda mitad del siglo XX merece el esfuerzo de consolidar una Unión con capacidad de mantenerlo, desarrollarlo y defenderlo, pero Europa va tarde y, como se mueve lenta, cada vez se retrasa más en la carrera.

Junto a la preocupación de que no nos demos cuenta de lo que está pasando, surge otra enorme, cuando pese a darnos cuenta de la evidencia, de la necesidad de movimiento en una institución, “sin embargo no se mueve”.

Esto ocurre en el ámbito de la Justicia: no se mueve; pese al mayúsculo problema constitucional generado por la falta de renovación del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Constitucional, del Tribunal de Cuentas, del Defensor del Pueblo.

Como muestra un botón, según informa El País: “El magistrado del Tribunal Constitucional Alfredo Montoya, de 84 años, sufrió a finales de agosto un ictus del que se recupera en su domicilio. Por tal motivo no acudió al pleno que el tribunal ha celebrado esta semana, en el que se debatía la posible anulación de los límites impuestos al Congreso de los Diputados durante la primera fase del estado de alarma, en marzo de 2020. La baja temporal de Montoya supone que el Constitucional —que tiene pendiente la renovación de cuatro de sus miembros desde hace casi un año— seguirá trabajando con diez magistrados.”

Pero al margen del problemón del cumplimiento de los mandatos constitucionales y la debilidad institucional que implica para un poder del Estado, lo cierto es que tampoco se mueve pese a otras evidencias mayúsculas de necesidad de cambio. Valgan dos ejemplos:

El lamentable estado de la investigación penal, basado en un sistema impropio de una democracia, con jueces, con todo el poder del ejercicio de la magistratura, que realmente lo que tienen encomendado es el papel de fiscales. En el proceso penal de hecho, nadie es garante de los derechos constitucionales de los investigados, porque el juez de garantías es el propio instructor.

Y, en segundo lugar, sin que haya orden de importancia, el decimonónico, sin ninguna exageración, sistema de organización por juzgados. Al final cualquier debate acaba en que todos pedimos más juzgados, pero realmente a nuestra justicia le sobran los juzgados, necesita un sistema de organización que ponga los medios materiales y humanos -con muchísima más tecnología-, al servicio de más juezas y jueces.

El buen funcionamiento de la justicia es esencial para la democracia y también fundamental para nuestra economía. Una justicia ineficaz, la falta de seguridad jurídica por falta de previsibilidad de plazos y soluciones, genera desconfianza; la falta de confianza es un factor que incide directamente en la inversión, especialmente en la inversión extranjera. No es cierto que la justicia no sea rentable electoralmente, lo que no debemos permitir es aislarla y considerarla como algo separado o separable dentro del complejo entramado de una democracia.

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