“El fin de los Imperios es alargado en el tiempo, España no pierde Cuba hasta 1898, Francia aún cree en la grandeur y llama a consultas a sus embajadores en EE UU y Australia por el acuerdo militar en el Pacífico que la excluye

OPINIÓN. Charlas con nadie

Por Manuel Camas. Abogado


05/10/21. Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre política internacional: “El Brexit es un hito más de las malas decisiones que se suceden en el tiempo, mientras dura la caída del imperio, estos son los estertores del británico. Sin embargo, la costumbre de lo que fue y ya no es hace que resulte habitual...

...oír el comentario de lo listos que son estos ingleses, sacarán ventaja. Del Brexit no se saca nada, como decía el propio Barnier, el Brexit carece de valor añadido”.

Sin títulos

La socialdemocracia gana en Alemania, verdes y liberales se citan para hablar de cómo pueden ponerse de acuerdo para apoyar al SPD o a la perdedora, la CDU post Merkel.


Cuando los líderes se van hay una etapa de duelo inevitable, que se lo digan al Barça. De la gestión posterior depende la duración del duelo, la llegada de futuros títulos.

En Francia a las presidenciales se apuntan todo tipo de candidatos, uno de los probables, Michel Barnier, negociador de la Unión Europea para el Brexit, dice en una entrevista que “Está en duda que podamos fiarnos de los británicos… las consecuencias del Brexit son innumerables: sociales, económicas, técnicas, financieras, políticas, jurídicas y humanas. Y que teníamos que prepararnos. Durante cuatro años, en el lado europeo, hemos producido un centenar de documentos para informar a las empresas. Me he reunido en cada país con los sindicatos y la patronal, para que todo el mundo estuviera preparado. No creo que el lado británico haya trabajado de la misma manera. Estaba la idea de que el Brexit era lo importante y había que ejecutarlo. Y que las consecuencias eran menos importantes”.

El líder laborista británico, Keir Starmer decía, apuntando lo mismo en definitiva que Barnier, pero de forma más acertada: “Lo que más me ofende de Boris Johnson es esa actitud de estar por encima de las reglas”; quizás no debamos fiarnos de Johnson y sí de los británicos. Starmer aclaró sobre Johnson “Es un 'showman' que se ha quedado sin nada que mostrar. No basta con hacer el Brexit, hay que tener un plan para el Brexit”, según recogía El Mundo el pasado 29 de septiembre.

El fin de los Imperios es alargado en el tiempo, España no pierde Cuba hasta 1898, Francia aún cree en la grandeur y llama a consultas a sus embajadores en EE UU y Australia por el acuerdo militar en el Pacífico que la excluye.

El Brexit es un hito más de las malas decisiones que se suceden en el tiempo, mientras dura la caída del imperio, estos son los estertores del británico. Sin embargo, la costumbre de lo que fue y ya no es hace que resulte habitual oír el comentario de lo listos que son estos ingleses, sacarán ventaja. Del Brexit no se saca nada, como decía el propio Barnier, el Brexit carece de valor añadido.

El esfuerzo en el que se hayan inmersos los británicos para recomponer la logística de abastecimientos, transporte, alianzas comerciales y su propio mercado de trabajo, les requerirá un esfuerzo que no dedicarán a otras cosas y, en todo caso, acabará encareciendo sus necesidades, generando trabas burocráticas y aduaneras, aranceles, un mercado mucho más pequeño y con economías de escala menores.

Entretanto Biden se enfrenta a la división dentro del propio Partido Demócrata que le impide, al menos de momento, sacar adelante sus grandes planes de infraestructuras y postpandemia, con la cercanía amenazante de las elecciones de mitad de mandato.

La situación de EE UU es preocupante, con la sombra siniestra de Trump, por lo que significa para los propios norteamericanos y para el resto del Mundo (véanse nuevamente las imágenes del asalto al Capitolio). Lo explica con claridad el artículo de Lluís Bassets en El País: La democracia agonizante, donde cita al expresidente George W. Bush cuando dijo en la celebración del 20 aniversario del 11-S: “Nuestra vida política se ha convertido en un crudo llamamiento al odio, al miedo y al resentimiento, hasta el punto de que estamos preocupados por nuestra nación y nuestro futuro juntos”.

Y es que la parte conservadora no trumpista del Partido Republicano empieza a ser la más preocupada. Robert Kagan, analista político, columnista del Washington Post, asesor de John McCain en las elecciones a la presidencia, promotor de la segunda guerra de Irak, en fin nada sospechoso de ser un izquierdista peligroso, en su último artículo, bajo el título Nuestra crisis constitucional ya está aquí (The Washington Post), citado también por Lluís Bassets, sostiene que Estados Unidos está al borde de la mayor crisis política e institucional desde la guerra civil, “con razonables probabilidades de incidentes de violencia de masas en los próximos tres o cuatro años, una ruptura de la autoridad federal y la división del país entre enclaves combatientes rojos (republicanos) y azules (demócratas)”. Cree además que “la destrucción de la democracia puede ser que no llegue hasta noviembre de 2024 (fecha de la elección presidencial), pero los pasos decisivos en esta dirección ya se están tomando ahora”.

Pues esto son los debates en EE UU, si alguien quiere asistir a ellos, pero de una manera mucho más amena, recomiendo que vea la fantástica serie The good fight en la que los guionistas nos hacen seguir, con sorprendente cercanía temporal, la realidad política y social de los Estados Unidos. La serie, sobre la base de un despacho de abogados negros, pero dirigido por dos mujeres, una de ellas blanca, analiza las cuestiones políticas, raciales, de género y la propia crisis de la justicia, como síntoma de todas las crisis institucionales.

El drama del racismo no deja de llamarnos poderosamente la atención cuando lo vemos en Norteamérica, se nos antoja lejano, pero Europa, por su localización geográfica, el envejecimiento de su población y el propio signo de unos tiempos de globalización, está irrevocablemente llamada a ser un espacio donde convivamos con personas de otros orígenes, culturas y religiones, debemos ir preparándonos, aunque un sector social prefiere resistirse a lo inevitable y en lugar de preparar una sociedad mejor formada, más flexible y tolerante, dotada de sistemas que permitan una inmigración controlada, opta por levantar barreras de sufrimiento que solo pueden ser más tarde o temprano desbordadas.

Todos son retos, en todas las partes del mundo, retos apasionantes, más aún si los unimos a las revoluciones tecnológicas, genéticas, de inteligencia artificial, energéticas, etc.

Pero mi reto ahora es preparar la paella (en un sentido mediterráneo y no solamente levantino, así que con perdón de mis amigos valencianos), hoy de conejo, aunque también las hago vegetales para compensar a mis hijos vegetarianos o veganos, que ambas opciones tengo en la familia, vienen amigos vascos, catalanes y también de El Palo, me enriquecen, disfruto con las mezclas, al fin y al cabo Málaga es mucho de eso, no me gusta nada cuando, viéndola única, como nos gusta, corremos el riesgo de querer cerrarla y hacerla pequeña.

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