“Hay que esperar a otro 23 de enero, pero ya de 2002, para ver que una mujer llega al Tribunal Supremo, lo hizo Milagros Calvo, elegida magistrada de la Sala de lo Social del alto tribunal

OPINIÓN. Charlas con nadie

Por Manuel Camas
. Abogado

19/10/21.
Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre recuerdos y sobre paridad: “No hay, ni ha habido, ninguna decana de un colegio de abogados en Andalucía. Pese a que las abogadas son en número tantas como los abogados, nos queda mucho para conseguir que las oportunidades sean las mismas,...

...su éxito profesional siempre tiene mayor valor, lo vivo muy cerca”.

Intimista

Ha sido una semana muy dura en la que la muerte de un amigo me conmueve y devuelve a la conciencia de lo que somos, de que todo acaba y finalmente solo queda, momentáneamente, los recuerdos intensos y deformados, los que permanecen en la mente de los que nos conocieron, hasta que estos a su vez sean recuerdos y más tarde, los que de ellos se acordaban, serán recuerdos a su vez, hasta que la conciencia misma de nuestra existencia desaparece.


Luchamos por recordar y ser recordados.

No borro de la agenda de mi teléfono móvil los números de teléfono de los amigos que se me van, no sé si es un gesto dramático, pero no quiero dar a la parte de la pantalla que me ofrece eliminar, es algo simbólico, para mí de alguna forma así permanecen.

Conforme pasan los años la agenda guarda más números de teléfono asociados a personas que nunca me llamarán.

Conservo ahí, también en esa memoria a los grandes amigos a los que me unió la abogacía, algunos desaparecieron incluso antes de que tuviera móvil, mi adorado Alberto Peláez Domínguez, quien me abrió su despacho para que empezara a ejercer y compartió así conmigo su sabiduría, en el derecho y en su forma de estar en la vida para los demás, pendiente siempre de la lucha consigo mismo para estar tan alto como lo estaban su valentía y sus ideales.

Tampoco tengo el de Antonio González Sainz, recuerdo una vez que quedé con él para recogerlo en la Alameda, como aún no teníamos móviles no podía avisarlo de que llegaba tarde. Allí estaba él, plantado, buena estampa, alto y delgado, y yo deshaciéndome en disculpas por mi retraso, pero por Dios, me dijo, que obsesión con la puntualidad, no pasa nada, así he podido admirar estos inmensos árboles.

La puntualidad de hecho es una exigencia relativamente reciente, dicen que nació con el tren, era necesaria para no perderlo, pero obviamente la exactitud medida en minutos que hoy nos exigimos, muestra la complejidad cada vez mayor de nuestra organización y relaciones sociales. Es difícil imaginar en la Edad Media o en la Antigua Roma semejantes ejercicios de puntualidad.

Volviendo a los teléfonos móviles, realmente son ordenadores de bolsillo, conectados a internet, que además sirven de teléfono, instrumentos absolutamente personales. Ahora un número de teléfono identifica a una persona, antes no identificaban a personas, sino lugares, no eran móviles, estaban fijos, amarrados por el cable a un lugar concreto.

Así llamábamos a casa de quien fuese, a la oficina, al colegio, y allí se preguntaba por alguien. Cuando salíamos, estábamos ilocalizables por eso decíamos cuál era nuestro itinerario, una precaución para el caso de que alguna urgencia hiciese perentorio el poder comunicarse con nosotros; advertíamos: voy al despacho de Alberto, paso por el juzgado, la notaría y regresaré sobre la una. Hoy, un escueto salgo, estoy en el móvil. Incluso la manera de referirse a las horas ha cambiado, va haciendo inusual decir la una de la tarde, sobre todo por escrito, decimos regreso a las 13 h.

De los teléfonos que quedan en mi agenda para siempre están los de mis inolvidables José Antonio Peláez, gran abogado, capaz de desbrozar cualquier cuestión jurídica hasta dejar inmediatamente a la vista, con una facilidad que sólo él poseía, solamente lo esencial del problema. El amigo que me hizo apreciar y disfrutar de un Colegio de Abogados ideado para servir a los compañeros y a la sociedad haciendo mejor a la abogacía.

Igualmente, el de mi querido Carlos Álvarez, abogado enciclopédico, buscador de sutilezas, jurídicas en su profesión y de lo importante en todo en la vida, estudioso y admirador de la sabiduría de los grandes personajes.

Desde el pasado día 11, a esa lista de teléfonos que no sonarán se une el de mi querido amigo Javier Such. El dolor de que no esté el compañero con el que he andado desde 1987 no acaba de ser creíble para mí, no tengo verdadera conciencia de que no pueda consultarle, pedirle opinión, el consejo que me daba, siempre fundado y certero, con la inocultable expresión de modestia y timidez que lo distinguía.

En estos días se celebran las festividades del Colegio de Abogados de Málaga, se hacen coincidir con el día del aniversario del fallecimiento de Santa Teresa de Jesús (Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada), que figura en el Estatuto del Colegio como Patrona. En su día ese patronazgo estaba unido a la religión y a su reconocimiento como doctora de la Iglesia por su erudición. Hoy se justifica en la tradición y, a mi juicio especialmente en su erudición y en el liderazgo de una mujer en un mundo exclusivamente de hombres, como ha sido la Justicia, y la abogacía hasta hace muy pocas décadas.

Según la publicación Confilegal, no fue hasta el 12 de enero de 1922, en el Colegio de Abogados de Valencia donde se produjo la primera incorporación de una mujer como abogada en España, María de la Ascensión Chirivella Marín (1893 – 1980). La siguió la malagueña Victoria Kent, primera en colegiarse en el Colegio de Abogados de Madrid, en 1925. Ambas acabaron en el exilio tras la Guerra Civil.

Hasta 1966 se mantuvo la prohibición de que las mujeres pudieran acceder a la carrera judicial.

El 23 de mayo de 1972, María Jóver Carrión se convirtió en la primera mujer juez de distrito en España, pero la primera que aprobó las oposiciones a juez de primera instancia fue Josefina Triguero Agudo que el 23 de enero de 1978 tomó posesión de su plaza en el Juzgado.

Hay que esperar a otro 23 de enero, pero ya de 2002, para ver que una mujer llega al Tribunal Supremo, lo hizo Milagros Calvo, elegida magistrada de la Sala de lo Social del alto tribunal.

Según publicaba el Consejo General de la Abogacía Española en marzo de 2020: “La paridad en el seno de la abogacía es cuestión de tiempo. Así lo apunta el hecho de que entre los menores de 45 años ya sean mayoría las mujeres (54%) frente a los hombres (46%) que ejercen la profesión. A pesar de que el porcentaje de abogadas se mantiene por debajo del de letrados en el censo general de la abogacía, la pirámide poblacional demuestra una mayor presencia de mujeres en la banda más joven. Frente el 56% de hombres y el 44% de mujeres que ejercen la abogacía actualmente, este avance generacional femenino posibilitará que en unos años la situación actual se invierta, y las abogadas serán mayoría en la profesión”-

Será una paridad en número, pero no ocurre en el Pleno del propio Consejo General, eso sí, presidido por una mujer, Victoria Ortega; son escasas las juntas de gobierno de los colegios con paridad (en Málaga sin embargo superan las mujeres en número a los hombres). No hay, ni ha habido, ninguna decana de un colegio de abogados en Andalucía. Pese a que las abogadas son en número tantas como los abogados, nos queda mucho para conseguir que las oportunidades sean las mismas, su éxito profesional siempre tiene mayor valor, lo vivo muy cerca.

Puede ver aquí anteriores artículos de Manuel Camas.