La radical importancia de la Constitución no está reñida, más de cuarenta años después, con la posibilidad de su cambio y adaptación, simplemente para hacerlo hay que seguir las propias reglas del juego, basadas en una cuestión esencial, mantener el amplísimo consenso que sirvió para aprobarla

OPINIÓN. Charlas con nadie

Por Manuel Camas
. Abogado

09/12/21.
Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la Constitución: “Fue el motor poderoso del cambio de nuestra sociedad, que la modernizó de manera incontrovertible, dejando de ser España un país que permanecía anclado en mentalidades del primer tercio del Siglo XX, dictatorial, clerical, pobre, atrasado,...

...separado de Europa, una anomalía del Mundo Occidental, solo admitida muy parcialmente por su situación geoestratégica, en función de permitir que se colocasen bases de EE UU en su territorio”.

Feliz cumpleaños Constitución

Seis de diciembre de 1978 es la fecha del referéndum en el que fue ratificada nuestra Constitución, fiesta nacional.


En el artículo de esta serie, <Transición: 40 años>, que escribí con motivo de las cuatro décadas cumplidas en 2018, básicamente sostenía que la Constitución fue el motor poderoso del cambio de nuestra sociedad, que la modernizó de manera incontrovertible, dejando de ser España un país que permanecía anclado en mentalidades del primer tercio del Siglo XX, dictatorial, clerical, pobre, atrasado, separado de Europa, una anomalía del Mundo Occidental, solo admitida muy parcialmente por su situación geoestratégica, en función de permitir que se colocasen bases de EE UU en su territorio.

Merece la pena ver el reportaje de televisión sobre las bombas atómicas caídas sobre Palomares, describe el desastre, pero también nos deja una rendija por la que observar algo de la España de la época.


Soy persona que ha hecho su vida en torno a sus estudios de Derecho y sin duda eso condiciona el valor que doy a la Constitución, pero pese a ello es un valor objetivo del que me gustaría ser capaz de transmitir su trascendencia a los que puedan pensar que tampoco es para tanto.

Cuando mis hijos eran pequeños tuvo éxito entre ellos una frase con la que les intentaba explicar las funciones de los abogados y abogadas, su madre también lo es; les decía que éramos los que nos estudiábamos las reglas del juego, a los que nos preguntaban sobre ellas cuando se quería participar, lo mismo que cuando empezaron a jugar al Monopoly alguno de ellos explicaba las reglas a los que no las sabían y otras veces, incluso se ponían de acuerdo para modificar alguna de las normas para acelerar el juego o pactaban cómo interpretarlas.

Joan Roca, presidente de RocaJunyent, me contaba que una parte del programa de responsabilidad social del despacho consiste en ir a los colegios para explicar a niños y niñas la importancia del Derecho. Para explicarlo les piden que imaginen un partido de futbol sin reglas, de manera natural coinciden los pequeños en que no sería posible jugar y a partir de ejemplos como ese les explican la necesidad de la existencia de reglas, la necesidad del Derecho para poder vivir en sociedad.


La Constitución cambió radicalmente las reglas de juego en España. Esta bien empleado el adjetivo de cambio radical porque lo fue en tres de las acepciones que da a la palabra el Diccionario de la Real Academia Española; cambio radical es un cambio de raíz, fundamental o esencial, total o completo.

Repentinamente, porque el cambio jurídico fue fulgurante, en 1978, solamente tres años después de la muerte del dictador, todos pudimos comenzar a jugar el partido, todos podíamos votar, nadie tenía el privilegio de jugar pudiendo coger el balón con las manos sin que se pitara falta.

He intentado transmitir la importancia de la Constitución siempre que he podido, con mis hijos mediante un acto bien simple, que repetimos cada año alguno de los días del <puente de la Constitución>, subir andando desde casa al Monte de San Antón y tomarnos allí una tortilla de patatas al mediodía, recordándoles que es nuestro pequeño homenaje a la Carta Magna. Este año me temo subiré sin ellos, los cuatro están lejos de Málaga, pero les mandaré las fotografías, así la informática, la inteligencia artificial, se encargará de recordarnos, en forma de álbum recopilatorio de imágenes, con el título de un <tal día como hoy>, que es un acto que repetimos.


Durante seis años, como decano del Colegio de Abogados, en las palabras de bienvenida a los compañeros que se incorporaban al Colegio invocaba la Constitución para resaltar también la importancia de la abogacía, una profesión traída hasta dos veces, al corazón de la propia Constitución, a la Sección Primera, del Capítulo II del Título I, allá donde hablamos de derechos fundamentales y libertades públicas, en el lugar en el que nuestro ordenamiento jurídico garantiza el derecho a la vida, a la integridad física y moral, donde se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto, donde se habla del derecho al honor, a la intimidad personal, a la propia imagen, a la libertad de opinión, de información, al derecho de reunión y asociación, a la educación, etc., en definitiva donde se trazan las líneas esenciales de nuestra convivencia, se recogen por dos veces la esencial importancia del abogado.

La radical importancia de la Constitución no está reñida, más de cuarenta años después, con la posibilidad de su cambio y adaptación, simplemente para hacerlo hay que seguir las propias reglas del juego, basadas en una cuestión esencial, mantener el amplísimo consenso que sirvió para aprobarla, por eso, para invocar su cambio, es obligado convencer.


Según recoge la propia página web del Congreso de los Diputados:

<El Dictamen de la Comisión Mixta sobre el Proyecto de Constitución fue sometido a votación nominal y pública de cada Cámara en sendas sesiones plenarias celebradas el 31 de octubre de 1978, resultando aprobado por ambas>.

En el Congreso los resultados de la votación fueron los siguientes: votos emitidos, 345, afirmativos, 325, en contra, 6, abstenciones, 14. Los votos negativos correspondieron a los diputados del Grupo Parlamentario de Alianza Popular, Gonzalo Fernández de la Mora y Mon, Albero Jarabo Payá, José Martínez Emperador, Pedro de Mendizábal y Uriarte y Federico Silva Muñoz y al diputado de Euskadiko Ezquerra, Francisco Letamendía Belzunce. Las abstenciones a los diputados del Partido Nacionalista Vasco, Iñigo Aguirre Querexeta, Xabier Arzallus Antía, Gerardo Bujanda Sarasola, José Angel Cuerda Montoya, José María Elorriaga Zarandona, Pedro Sodupe Corcuera y Marcos Vizcaya Retana; a los diputados de Alianza Popular Licinio de la Fuente y de la Fuente, Alvaro de Lapuerta y Quintero y Modesto Piñeiro Ceballos; a los diputados de Unión de Centro Democrático Jesús Aizpún Tuero y Pedro Morales Moya y a los diputados de la Minoría Catalana Joaquín Arana i Pelegre y Heribert Barrera Costa (Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, núm. 130).


En el Senado, de 239 asistentes, votaron a favor, 226; en contra, 5 y las abstenciones fueron 8. Los votos negativos correspondieron a los senadores de la Minoría Vasca, Ramón Bajo Fanló y Juan María Bandrés Molet; a los senadores del Grupo Mixto, Fidel Carazo Hernández y Marcial Gamboa Sánchez-Barcaiztegui y al senador del Grupo Entesa dels Catalans, Luis María Xirinacs Damians. Las abstenciones a Manuel Irujo Ollo, Gregorio Javier Monreal y Zía, Ignacio Aregui Goenaga, Juan Ignacio Uría Epelde y Federico Zabala Alcibar, del Grupo Parlamentario Senadores Vascos; Rosendo Audet Puncernau senador del Grupo Entesa dels Catalans; Luis Díez Alegría, senador del Grupo Parlamentario Independiente y Angel Salas Larrazábal senador del Grupo Parlamentario Mixto (Diario de Sesiones del Senado, núm.68).

El Referéndum para la aprobación del Proyecto de Constitución tuvo lugar el 6 de diciembre siguiente. El Proyecto fue aprobado por el 87,78 por 100 de votantes que representaba el 58,97 por 100 del censo electoral.

La victoria del sí fue abrumadora en absolutamente todas las provincias, incluida Cataluña y el País Vasco; la participación especialmente alta en Cataluña, la abstención especialmente alta en el País Vasco y Galicia.


El 20 de junio de 1978 publicaba El País:

<El pleno del Comité Central del Partido Comunista de España, reunido este fin de semana en Madrid, ha efectuado un llamamiento para «hacer del referéndum constitucional un gran acto de afirmación democrática, mediante la participación masiva de los electores con su voto afirmativo a la Constitución». (…) el Comité Central del PCE señala que, aunque el proyecto de Constitución mantiene preceptos que no son totalmente satisfactorios para los comunistas, «constituye en su. conjunto un texto plenamente aceptable por la clase obrera y demás sectores populares, por cuanto reconoce una amplia gama de derechos fundamentales, proclama sin equívocos la soberanía del pueblo, establece un sistema parlamentario, abre las puertas a las transformaciones sociales y económicas de signo progresista y crea las bases para la organización de un amplio sistema de autonomías. Según el Comité Central del PCE, «la aprobación de la Constitución significará la liquidación de la legalidad franquista y el comienzo efectivo de una nueva legalidad democrática, que luego habrá que extender a todos los aspectos de la vida social de España mediante un programa de acción legislativa, en el que se refleje el principio fundamental de la nueva Constitución: la soberanía del pueblo».>

Feliz cumpleaños, Constitución.


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