“También los recuerdos tienen infinidad de momentos alegres y la nostalgia reconforta, la memoria de los que se despidieron puede sacarnos una sonrisa o hacernos serenamente llorar, pero nos acercan y consuelan”

OPINIÓN. Charlas con nadie

Por Manuel Camas
. Abogado

21/12/21.
Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la Navidad: “Algunos dicen que las Navidades están hechas para los niños, pero no es cierto, las Navidades están hechas para todos, los y las más pequeñas, las jóvenes, los de mediana edad, las maduras y los más viejos, eso sí, cada uno las vive, disfruta y...

...sufre conforme a sus circunstancias, como todo en la vida y casi siempre mezclando sensaciones”.

La Navidad y sus cosas

El mes de diciembre es verdaderamente distinto, solo comparable al mes de agosto en su excepcionalidad, aunque por motivos muy diferentes.


El mes de diciembre comienza con el gran puente del año, el de la Constitución. Deberíamos concertarnos por llamarlo así, <puente de la Constitución>, pese a que se comparta con la fiesta religiosa de la Inmaculada y sea la onomástica de nuestras queridas Inmas y Conchas, la Constitución nos une absolutamente a todos, mejor pues llamar a este conjunto de fiestas, de la Constitución, que de la Inmaculada. En cualquier caso, el mes concentra de una manera u otra, entre su primera y segunda semana, al menos cinco días en los que el trabajo se interrumpe en todos los sectores que no tienen que ver con el ocio, la hostelería, los viajes o las compras navideñas. Muchos descansamos y muchos otros trabajan.

La penúltima semana con Nochebuena y Navidad nuevamente concentrarán dos días prácticamente festivos junto al fin de semana, salvo este año, que la Nochebuena cae en viernes y se acorta de alguna forma la Navidad. La última semana del año es mimética a la anterior, aunque el tipo de festejo cambie, pero nuevamente tendremos varios días feriados.

Desde el punto de vista del descanso, del reencuentro familiar, no son solamente fiestas maravillosas, sino necesarias. Desde el punto de vista de los procesos de producción de las empresas es un mes extremadamente complicado. Tampoco el mes de enero es sencillo, la primera semana de hecho es medio festiva, entre reincorporaciones, cabalgata y Día de Reyes, además termina con el pago de retenciones del Impuesto sobre la Renta de las personas Físicas y liquidaciones del Impuesto sobre el Valor Añadido, el Sistema Tributario ya se encarga de que la cuesta de enero sea verdadera para empresas y autónomos.


La ruptura de las rutinas en estas épocas del año no se produce solamente en las empresas, afecta a casi todas las personas en manera diferente, según la forma de ser de cada una, la edad, las circunstancias personales.

Tiene en general dos consecuencias aparejadas, por una parte, es un alivio, un acicate, una fuente de ánimo e ilusión; por otra una interrupción, una incomodidad, un esfuerzo añadido.

Las fiestas en general, en particular las navideñas, en el sentido más amplio, hacen nacer una obligación, la de que deben suceder conforme a las expectativas. Los jóvenes, por ejemplo, esperan que la fiesta de Nochevieja sea la gran fiesta del año, sin embargo, normalmente, acaban casi sistemáticamente defraudados porque las expectativas son, de excesivas, utópicas.

La cena de Nochebuena, tan entrañable y familiar, la gran fiesta de la confraternización corre el riesgo de saber a poco, muchas veces, conforme nos pasan los años por encima, de puro repetida (algún meme lo expresa con mucha gracia), o por la tensión generada por el simple hecho de que nadie quiere que haya ninguna tensión. A ello añadimos la nostalgia, imposible de evitar, en el mejor de los casos por la juventud perdida, en otros desgraciadamente porque faltan algunos de los que más hemos querido, más duro aún si el orden de las despedidas se alteró y no fue el que llamamos natural.


En nuestra infancia, en algún momento hemos percibido también esa nostalgia propia de los mayores en estas fiestas, una mirada triste de nuestra madre en algún momento de la cena, que ante el gesto de la cara del hijo o la hija interrogándola responde que se acuerda de abuelito.

Por eso algunos dicen que las Navidades están hechas para los niños, pero no es cierto, las Navidades están hechas para todos, los y las más pequeñas, las jóvenes, los de mediana edad, las maduras y los más viejos, eso sí, cada uno las vive, disfruta y sufre conforme a sus circunstancias, como todo en la vida y casi siempre mezclando sensaciones.

La presión del tópico navideño, de cómo tienen que ser estas fiestas, de cuáles deben ser los sentimientos que nos abracen, de cómo tiene que ser la alegría que nos inunde, son precisamente un factor que si alguien reclama en exceso las perjudica. Una pequeña presión para que lo pasemos bien nos ayuda, la gran presión, la de que es obligatorio estar alegre, nos hace rebuscar inconscientemente motivos para alejarnos.

También los recuerdos tienen infinidad de momentos alegres y la nostalgia reconforta, la memoria de los que se despidieron puede sacarnos una sonrisa o hacernos serenamente llorar, pero nos acercan y consuelan.

Estas Navidades exigen además un plus de solidaridad, abusar de las mascarillas, ir más abrigados para permitir que la ventilación constante de los espacios no nos de frío, renunciar a vernos físicamente unos pocos, para que todos estemos algo más seguros, y hacerlo de buen humor.

En todo caso, no nos olvidemos de que la felicidad existe y verla es muy fácil, basta con regalarle una pelota a un niño.

Feliz Navidad.

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