“Es inminente la llegada de un mundo en el que los ciudadanos se conectarán a internet directamente con el cerebro, mediante gorras o diademas capaces de leer el pensamiento”

OPINIÓN. Charlas con nadie

Por Manuel Camas
. Abogado

11/01/22.
Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la conexión a internet directamente con el cerebro: “No todo lo que imaginamos pasará, y pasarán otras cosas que ni imaginamos, como siempre ha ocurrido a lo largo de la Historia de la Humanidad, pero sin ningún género de dudas la interconexión...

...entre grandes avances científicos y tecnológicos: neurociencia, inteligencia artificial, genética, robótica, etc, va a modificar muchas cosas en nuestro futuro”.

La profecía de Frankenstein

Es inminente la llegada de un mundo en el que los ciudadanos se conectarán a internet directamente con el cerebro, mediante gorras o diademas capaces de leer el pensamiento. En ese hipotético porvenir, un algoritmo podrá autocompletar la imaginación, como ya hacen los programas informáticos de procesamiento de textos con las palabras. Los primeros dispositivos, todavía rudimentarios, podrían estar en 10 años a la venta en las tiendas de electrónica, según los cálculos de estos expertos.


Esta es la información que han trasladado a la Casa Blanca, al Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, el catedrático de neurociencia de la Universidad de Columbia y el director Mundial del área de investigación de IBM.

Por cierto, se trata de dos científicos de nacionalidad española, Rafael Yuste y Darío Gil. No sé si el carácter latino, a mi juicio (o prejuicio) más imaginativo, está especialmente dotado para el mundo que se avecina, quiero creerlo.

Me impactó en mi juventud una película en la que dos científicos, galardonados conjuntamente con el Nóbel de Medicina, tenían una muy mala relación entre ellos porque uno no entendía cómo el otro había concluido su investigación mucho más rápido, saltándose pasos, y sospechaba le había plagiado. La película tiene un escena en la que a una persona le da un ataque al corazón y el científico en teoría menos solvente improvisa un electro-shock con los cables de una lámpara de la mesa de noche del dormitorio (supongo que se trata licencias cinematográficas, absténganse de imitarlas). El competidor reconoce en ese instante el ingenio de su compañero, la capacidad de improvisación, como un motor poderoso de la investigación científica, junto al rigor.

Probablemente alguna distorsión haya en mis recuerdos de la película, pero desde entonces he admirado mucho más la capacidad de imaginar en improvisar.


Estos dos científicos, más o menos imaginativos, da igual la nacionalidad, entrevistados por Manuel Ansede (en la Revista Materia, el 5 de enero pasado) mantienen:

<La implicación más importante es que va a cambiar la naturaleza del ser humano. Nos vamos a convertir en híbridos. Esto es una cosa que va a ocurrir sí o sí.>

Preguntados sobre qué es ser híbrido contesta Rafael Yuste:

<Ahora dependes de tu teléfono móvil para hacer cada vez más cosas: encontrar una calle, llamar, usar el calendario, la agenda telefónica, la calculadora… En realidad, lo único que hace el teléfono es conectarte a la red. Esta conexión, en vez de estar en el teléfono en el bolsillo, la vamos a tener directamente en la cabeza, por una interfaz cerebro-computadora. Estas interfaces serán posiblemente no invasivas y serán distribuidas de manera masiva a toda la población. Y esto trasladará una parte cada vez mayor de nuestro procesamiento mental al exterior. La memoria, por ejemplo. Una memoria externa nos mandará la información de vuelta. Y eso va a ser beneficioso en el sentido de que va a dar un acelerón a las capacidades cognitivas y mentales de los humanos. Ahora hay una brecha entre la gente que tiene acceso al mundo digital y la gente que no. Si no tienes teléfono móvil, empieza a ser complicado hacer cosas tan simples como ir al médico o hacer una transferencia de dinero. Pues esto va a ser una brecha mucho mayor. Habrá gente que estará aumentada y gente que no lo estará. Y eso cambiará la especie humana.>

En otras partes de la entrevista avanzan a tan solamente cinco años muchos de estos cambios.

Ya en 2013 Yuval Noah Harari en <SAPIENS. De animales a dioses.> (Editorial Debate), nos hablaba de <La profecía de Frankenstein> defendiendo que:

<… el ritmo del desarrollo tecnológico conducirá pronto a la sustitución de Homo sapiens por seres completamente distintos que no solo poseen un físico diferente, sino mundos cognitivos y emocionales muy distintos. Esto es algo que la mayoría de los sapiens encuentran muy desconcertante. Nos gusta creer que en el futuro personas iguales que nosotros viajarán de un planeta a otro en rápidas naves espaciales, pero no nos gusta, en cambio, contemplar la posibilidad de que en el futuro seres con emociones e identidades como las nuestras ya no existirán, y que nuestro lugar lo ocuparán formas de vida extrañas cuyas capacidades empequeñecerán las nuestras (…) futuros doctores Frankensteins podrán crear algo realmente superior a nosotros, algo que nos mirará de manera condescendiente como nosotros miramos a los neandertales.>

Como el propio autor sostiene, no todo lo que imaginamos pasará, y pasarán otras cosas que ni imaginamos, como siempre ha ocurrido a lo largo de la Historia de la Humanidad, pero sin ningún género de dudas la interconexión entre grandes avances científicos y tecnológicos: neurociencia, inteligencia artificial, genética, robótica, etc, va a modificar muchas cosas en nuestro futuro.

Lo que más me asombra de este tipo de predicciones es que plantean escenarios cada vez más cercanos, todo avanza a la velocidad a la que avanzan las capacidades de procesamiento de los ordenadores, qué ocurrirá cuando, como empieza a palparse, la tecnología cuántica se extienda, cómo será entonces la velocidad del cambio.

En ese contexto no es descabellado concluir este texto con otra profecía de lo que quizás esté próximo a llegar:

Sé lo que estás pensando.

Feliz 2022.

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