“Cuando se dice que ahora se lee menos, creo que es al contario, leemos más que nunca, con otros hábitos, de otra manera, pero leemos muchísimo, jóvenes y menos jóvenes. Otra cosa, como comentábamos, es qué leemos y cómo leemos”

OPINIÓN. Charlas con nadie

Por Manuel Camas
. Abogado

18/01/22.
Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la lectura: “Internet se ha convertido, entre otras cosas, en un enorme quiosco de prensa gratuita o a precios muy asequibles. De hecho, lo gratuito no nos sale gratis, lo pagamos en calidad, por la merma de recursos del medio y también, de forma...

...peligrosa, en la pérdida casi total de independencia frente a los anunciantes, cada vez menos y por tanto más influyentes”.

Lo importante

Hace unos días, almorzando con un amigo, empresario, transcurría la conversación tratando infinidad de asuntos y en algún momento el tema recayó sobre los libros. Creo recordar que fue con motivo de comentarle la genialidad de <Cuentos de peques masáis para peques de La Palmilla – Cuentos de peques de La Palmilla para peques masáis>, publicado gracias, entre otros, a nuestra Librería Proteo, en Málaga. Sí, ahora recuerdo que efectivamente la conversación circulaba por ahí, provocada al transmitirle lo emotivo que había resultado ver las fotos enviadas por los <peques masáis>, en la que daban las gracias a los colaboradores en la edición del libro, un simple gracias escrito en su vieja pizarra.


Lo cierto es que, de esas cuestiones verdaderamente trascendentes, las que tienen que ver con las desigualdades lacerantes en el mundo, con el hambre y la pobreza, siguió nuestra charla por cuestiones mucho más cercanas. Comentamos algunos otros libros y coincidimos en la enorme cantidad de tiempo que hoy se dedica a leer, gracias a internet.

Internet se ha convertido, entre otras cosas, en un enorme quiosco de prensa gratuita o a precios muy asequibles. De hecho, lo gratuito no nos sale gratis, lo pagamos en calidad, por la merma de recursos del medio y también, de forma peligrosa, en la pérdida casi total de independencia frente a los anunciantes, cada vez menos y por tanto más influyentes.

Lo cierto es que uno se dirige al <quiosco> y elige lo que lee; igual que cuando éramos niños solo queríamos ver deportes, las viñetas o lo que tuviera fotos, hay quien visita el enorme quiosco para simplemente distraerse aprendiéndose de memoria cuántos jugadores infectados por Covid tiene cada equipo de primera división de la Liga.


Otros devoran, como siempre se ha hecho, las meras noticias, lo sucedido, sin mayores análisis o comentarios. Pero también el quiosco nos ofrece mucha reflexión y análisis, prensa de enorme calidad, eso sí, ya en esa esfera, suele dejar de ser gratuita, aunque a un precio de unos céntimos al día.

Cuando se dice que ahora se lee menos, creo que es al contario, leemos más que nunca, con otros hábitos, de otra manera, pero leemos muchísimo, jóvenes y menos jóvenes. Otra cosa, como comentábamos, es qué leemos y cómo leemos.

La visita al quiosco muchas veces es compulsiva, porque vivimos de manera que parece que va a suceder algo trascendente en cada segundo y es imprescindible saberlo el primero, así que entramos, solo unos minutos, aunque repetidas veces al día, y buscamos noticias, impactos, tres líneas, así, informados en titulares, nos vamos.

Leemos cada vez más para tener lo mínimo que necesito para intervenir en cualquier charla, pero las propias tertulias duran poco, cuando surge la más mínima duda sobre un dato, la resolverá de inmediato quien sea más rápido en acceder a internet desde el móvil, se pone de esta manera fin a la discusión, eso sí, a veces son momentos con cierta emoción, la que da esperar a ver quién estaba más acertado de los que discutían, quien inventaba o exageraba.

Coincidimos mi amigo y yo en que para nosotros es lectura obligada la prensa económica, que te hace ver una realidad, por supuesto afectada por la política, pero menos contaminada de lo que resulta estarlo la información general, los protagonistas de estas noticias están tomando decisiones buscando sus propios intereses empresariales, financieros, económicos. Expansión, Cinco Días, y otros diarios de <páginas salmón>, aportan mucha información, muchas pistas sobre lo que está sucediendo realmente en nuestro entorno, también muchas ideas y las ideas son siempre muy importantes, otra cosa es que haya que distinguir las buenas de las malas y además saber gestionar las buenas, lo que puede ser aún más difícil.


A los más jóvenes, cuando tengo oportunidad no dejo de recomendarles se disciplinen en leer la prensa a diario, que no crean es pérdida de tiempo si no, por el contrario, una parte esencial de su formación, se dediquen a lo que se dediquen.

A mi amigo, en el tono distendido de nuestra charla, le parecía que la prensa económica era lo más importante. Muchas otras veces se nos ha dicho que la prensa local, las noticias de nuestro entorno son las imprescindibles, que no se puede estar en la ciudad sin saber qué ocurre en las propias calles o a nuestros vecinos; es cierto, pero te puede hacer muy pequeño y acabar siendo lo único que te interese, así lo importante finalmente será cuándo se han encendido las luces que apagan la Calle Larios.

Los grandes diarios de <siempre>, unos más, otros menos, dan un repaso general a todo, política, economía, sucesos, deportes, cultura, etc. Rezuman todos ellos alta contaminación política, pero también es cierto que ninguno puede ocultarla y ya está en la iniciativa de cada cual meter en la cesta variados productos para poder tener más criterio.

Siempre he escuchado decir a mi madre que <vino un barco a Málaga cargado de gustos y se fue con todos los que había traído, porque ya cada uno tenía el suyo> y es que como dice el saber popular, para gustos colores.

Lo mismo nos ocurre con las noticias, que nadie nos quite la diversión de saber el resultado de un partido que no pudimos ver o si nuestro ídolo deportivo se ha lesionado, o si un famoso tenista ha sido deportado por saltarse a la torera la normativa anti-covid de un país al que acude invitado.

Por cierto, hablando de toros, en mi infancia la lectura de periódicos taurinos era obligatoria, para mi abuelo era importante, era la prensa que compraba y yo cuando lo visitaba, en su casa y sin tebeos, acababa aburrido en un sillón, aprendiéndome la clasificación de matadores, establecida por número de orejas y rabos cortados, algo absolutamente incomprensible para las nuevas generaciones. Eso sí, mi abuelo consumía radio prácticamente todo el tiempo, fútbol en la radio, toros en la radio, y el <parte> informativo, todas las emisoras en conexión con Radio Nacional, fuese alguien a informar, que para eso ya estaba la censura.

Nuestra conversación la acabó mi amigo, mirándome con gesto socarrón me dijo: pues sí, yo leo lo importante, no esas cosas que escriben algunos.

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