“Por eso la política igualmente está llena de sutilezas y es compleja, nunca sencilla, como la vida misma, llena de matices, la felicidad probablemente dependa de ellos”

OPINIÓN. Charlas con Nadie

Por Manuel Camas
. Abogado

22/03/22.
Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los matices: “Para encontrar los matices el derecho te obliga a intentar ser sutil, es decir, agudo, perspicaz o ingenioso. Son cualidades difíciles de lograr, pero es cierto que también en derecho hay que aplicar imaginación, ser capaz de gracias a ella encontrar esos matices o...

...sutilezas de las que estamos hablando”.

Matices

Estos artículos se escriben de una manera inversa a como nadie aconsejaría hacerlo, busco una palabra, una frase que sirva como título y a partir de él me pongo a charlar.


Cuando decidí llamarlo matices no sé muy bien porqué lo hice, creo fue paseando por Doñana, pero no recuerdo el motivo. No conocía Doñana, he quedado verdaderamente impresionado por el inmenso lujo que supone disponer tan cerca de casa, entre Huelva, Sevilla y Cádiz, de 122.487 hectáreas protegidas de una riqueza natural difícil de imaginar hasta que la ves.

Lo cierto es que cuando me senté a escribir estas líneas, extrañamente ya el domingo por la tarde, antes del partido de fútbol que disputan Real Madrid y FC Barcelona (Barça para los que nos confesamos culés) me entró la duda de si el título podía haberlo utilizado anteriormente porque no es infrecuente que piense que muchas cosas se diferencian solamente en matices.

Por eso repasé la lista de artículos enviados a esta sección y gracias a ello he descubierto que este hace el articulillo número sesenta de la serie, la verdad nunca pensé que tendría el valor de enviar tantas páginas con mis ocurrencias, bueno, ni el valor ni la capacidad de escribir de manera constante en el tiempo, con tanto respeto a la periodicidad.


Así que estas líneas son en primer lugar de agradecimiento a los que leen las casi tres páginas que escribo semanalmente a la vez que de disculpas, porque sé que defraudo muchas veces ante la falta de profundización en las ocurrencias que se van sucediendo, disculpas por ello también al editor.

Lo cierto es que no se pretende en Charlas con Nadie más que un diálogo improvisado, que por tener como contertulio a un personaje imaginario, Nadie, solo dispone de los pensamientos de quien lo escribe improvisando.

Redactándolo me retrotraigo a los años de estudiante en la Universidad, cuando uno piensa que tiene las claves del mundo, que ha descubierto la pólvora y que puede explicar cualquier problema de manera más o menos simple. Hay gente que no se cura de eso, las explicaciones simples a las grandes cuestiones a las que se enfrenta la sociedad, la política, la economía, no puedo evitarlo, me molestan las simplezas. Ya lo he dicho aquí alguna vez, lo sostengo una vez más, el mundo, nuestras relaciones, también nuestras capacidades, son cada vez más complejas, más sofisticadas, cuando se escuchan o se te quieren dar soluciones simplistas sabes que estás ante quien se equivoca, intencionadamente o no.

Véanse, para tener un buen ejemplo, cómo explica la ultraderecha española y europea los problemas que nos afectan y cuáles son las soluciones que propone para resolverlos.

Se nos puede decir que de una u otra manera en todas partes cuecen habas y efectivamente, en cualquier partido pueden hacerse demagógicamente propuestas milagrosas para cuestiones que obviamente no se solucionarán con tanta facilidad, pero al menos hay que reconocer que no suele ser la regla general.

Bueno estas líneas pretendían hablar de los matices y hay que ver por dónde están discurriendo.

Un matiz es un rasgo poco perceptible que da a algo un carácter determinado, según el Diccionario de la Real Academia Española, que invoco igualmente para no perder la costumbre.

El derecho, supongo que de ahí me surgió la idea de hablar de los matices, está lleno de ellos. La interpretación, las circunstancias que rodean los hechos, las cláusulas de los contratos, las reclamaciones y demandas están llenas de matices, de sutilezas que hacen que a menudo sean difíciles de explicar las cuestiones jurídicas a los profanos en la materia, aunque casi siempre tiene que ver exclusivamente con el sentido común que es también el gran hacedor del derecho.

Para encontrar los matices el derecho te obliga a intentar ser sutil, es decir, agudo, perspicaz o ingenioso. Son cualidades difíciles de lograr, pero es cierto que también en derecho hay que aplicar imaginación, ser capaz de gracias a ella encontrar esos matices o sutilezas de las que estamos hablando.

En todo caso no son cualidades solamente aplicables a los que nos dedicamos al derecho, sin duda no es así, por ejemplo en lo que tiene que ver con el arte los matices se hacen esenciales.

Los matices del color, las variaciones en las formas, las distribuciones interiores o las formas de una edificación, la escultura, la pintura, la música, son geniales gracias a sus matices, más allá de las técnicas depuradas.

Cuando vamos a un museo, o tenemos la maravillosa suerte de poder charlar, con un entendido en pintura, o en música, o en arquitectura, de repente sus comentarios nos hacen ver los matices y una obra que simplemente nos gustaba, se abre ante nuestros ojos, oídos, olfato o gusto, para dejarnos ver cosas que antes no percibíamos.


La política es también un arte, y pese a que el genio de Maquivelo la definiese en algún momento como el arte de engañar, solo hay que leer El Príncipe para darse cuenta de lo realmente importante que es la política para la convivencia y el avance en paz de los seres humanos.

La política es el arte de lo posible, dentro de los partidos sirve para llegar al poder y una vez obtenido, probablemente ya extenuado por la dificultad de lograrlo, hacer lo que se puede para conseguir tus ideales.

La política es posibilismo frente a lo óptimo, lo que soy capaz de lograr con los medios de que dispongo, con las fuerzas que me apoyan.

Por eso la política igualmente está llena de sutilezas y es compleja, nunca sencilla, como la vida misma, llena de matices, la felicidad probablemente dependa de ellos.

Son las 20.50 h., voy a ver el fútbol, mi afición culé proviene en la parte que es hereditaria, de Luis Suárez Miramontes, único futbolista español que había ganado, en el año 1960, el Balón de Oro, hasta que también ha logrado la hazaña una mujer, Alexia Putellas. Mi padre se hizo del Barça por Luis Suárez, yo directamente por Cruyff, no sé por quién le vino la afición a mi abuelo que llegó a jugar en el Cádiz contra el Málaga, en los Baños del Carmen, aunque no sé si he pasado ya demasiados años siendo de Messi.

Espero que todas y todos disfruten del partido, sin matices, sin sutilezas, aunque ya saben con quién voy.

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